viernes, 30 de noviembre de 2007

Silencio

Marchitas, marmóreas, Martinis, historias.

Sabéis dónde estáis, en este momento,

¿Sabéis dónde ha quedado el mundo de vuestro filamento catártico?

Moras, resquicios de un repliegue tensado,

lloreras de más de tres minutos y medio,

sol, platino, porcino, insuficiencia en positos.

Turbiedadcitas, remanentecitos,

vestigiecitos y estampitas que han quedado

pegadas a la suela del zapato.

Me muerdo la lengua cada vez que me recuerdas.

Frescor, roquefort, lluvia de simpleza que me ablanda la cabeza.

Qué más da, qué sé yo, si de lo poco que he hablado

te has llevado lo mejor.

Lunática, psicosem´antica, otra palabra que se parte a la mitad.

Miradas, silencio,

y me muerdo la lengua...

Cada vez que te recuerdo.

Pizcándome en las entrañas con pinzas como patas de araña,

punzante oscuridad que recorre mi espina dorsal.

Otro cuento, otra promesa, y me muerdo la lengua

si me recuerdas.

Me quiero sacar los ojos para no ver imágenes,

casi incompletas,

pero llenas de humo, magenta exenta

de paciencia, inquieta.

¿Cuándo vuelves, o te vas?

Las briznas de mis dedos hoy no quieren testificar,

que te recuerdo,

que me matas,

que, si ahora no me llamas,

mañana han de fundirse mis palabras.

Mañana, silencio.


*Publicado en el número 7 de la revista Fedra.

jueves, 29 de noviembre de 2007

#Chechus 1. Iniciación.

¿Por qué se llaman Chechus?
Creo recordar que un vodka con lima me dio la libertad
de nombar a aquellos jóvenes de tamañana singularidad
con un palabro poco ortodoxo, cariño y humildad,
pues tal era mi incapacidad, en aquella noche recordar, más de cinco nombres seguidos, lugar de residencia y edad.

A tomar por culo.

Invierno, 2004 ¿o principios de 2005? Mucho alcohol, Marta, Elena, Letty y yo, un parque y de repente...
Chechus.

¿Pero qué queréis que os cuente? ¿Movidas escabrosas?


-->Votad por vuestra entrada favorita, que la quiero "recolgar".

martes, 27 de noviembre de 2007

300 entradas como 300 espartanos

Es imposible. Es imposible. ES IMPOSIBLE.

Imposible, impune, impactante, impresionante. Es creíble, a la vez, quién lo diría; y de todo lo demás no queda nada, y del todo algo viene hacia aquí y me roba la voz. Oh... Oh, no.

De un cielo, de un limbo, el sueño y tus manos; otra cosa, nada más, y a la vez es todo. Han venido... Y me han robado la voz. Oh... Oh, no.

En un año, en un segundo, apenas distinto es el ritmo del viento, de un día... y otro... Y han venido, y me han robado la voz. Oh... Oh, no.

Me senté, esperé, dije: No volveré; y para cuando me di cuenta ya estaba dentro, y desde ahí es dificl salir.
A veces... Y entonces vinieron y me robaron la voz. Oh..

De todos modos no iba a poder moverme, ¿qué más da? De todas las opciones eligió volar, y de ahí al cielo, y derechita al suelo. A darme de hostias, a romperme la boca.
Y luego vinieron...
Y, mira tú por dónde, que me robaron la voz. Y de un sitio a otro, y siempre lo mismo...

Ya no sé escribir, porque me han robado la voz. No sé leer, porque me han sacado los ojos, ¿no lo ves? ¿NO ME VES?

Cómo estás, muy bien, todo bien, la vida es finita, pero se lleva bien. Bien.

300 entradas, sacadas de mí, del youtube, de algún tiempo, alguna clase, 300 entradasque atacan como 300 espartanos. Un año, un segundo, un mes, ¿qué es? ¿Dónde está la diferencia?

Un mes, da la vuelta, otro mes, vuelve a empezar, pero distinto. Es necesario, me dijiste, que de una vuelta entera alrededor del sol para que las cosas puedan ponerse en su sitio. Recuperarse.
Pues vaya por dios, igual hubiera sido mejor no girar... Para que algunas cosas no hubieran cambiado de lugar. Pero qué pena, qué cosita, que linda, una montañita.

Un granito, una duna, dos, tres, el desierto y todo del revés. ¿Qué ha pasado? No lo sé, es así, la rueda...

En un segundo late algo, se para, y vuelve a girar.

Hubiera querido estar borracha para escribir algo merecedor de ocupar el número 300, y no estar metida en el aula de informática de mi facultad escribiendo chorradas.

Porque no me sale nada, porque estoy jodidamente feliz. Maldita sea, puta inspiración.

(No, no tengo conexión)

jueves, 22 de noviembre de 2007

deberían condenarme por esto:






De mi piel tú insensibilizaste

Helándolos con cubitos de hielo

Lunares que una vez quizá por miedo

De todo mi cuerpo arrebataste.

Quisieron aferrarse a la vida aún sabiendo que la muerte ya no era mera inexistencia, y no pude comprender...

“Más vale malo conocido que bueno por conocer”, me dijeron, y yo pregunté “¿Pero no veis lo que está ocurriendo aquí?”

“Cobarde”, me dije; me sentí cobarde, y recordé el bienestar en la locura. Tampoco está tan mal la esquizofrenia, y en lugar de bajar el sueño a la realidad, subir yo hacia él y no bajar a este mundo jamás.

No entendí a esos valientes, que aún habiéndose demostrado que la muerte no era mera inexistencia seguían aborreciendo la finitud de la vida.

Me duelen los recuerdos. ¿Podrías ayudarme a insensibilizar esa maldita neurona sensible en lugar de entretenerte con mis pecas?

Dentro de este frío cortante

Mis manos lloran sangre.

De mi piel insensibilizaste

helándolos con cubitos de hielo

lunares que una vez quizá por miedo

de todo mi cuerpo arrebataste

***

Sólo con aquello experimentaste

mis lunares identidad no me dieron

que continúo aun sin ellos siendo

ojos verdes y mutis detestable

***

De las pecas del rostro una se salvó

avanzó esa insensible hija de puta

y hacia el suelo por gilipollas cayó

* * *

Deduzco por tanto de esta locura

Que no es poesía lo que mejor hago.

Bendito quien soportó esta tortura

martes, 20 de noviembre de 2007

#298

Son las 2:12h, y mi vecino bidios me dice que mañana tiene que entregar un soneto en clase de creación literaria.
Ya que, últimamente, soy una trasnochadora, empiezo a escribir gilipolleces como la que sigue:



Lágrimas que entorpecen un silencio

aquí donde mi abrigo sólo es brisa

y el agua fluye al compás de tu risa

No seré capaz de seguir creyendo

***

en un pasado que abrazaba noches

noches de lluvia y monotonía gris

nada queda ya de aquel tiempo feliz

cuando sólo importaba vivir, correr
Por alguna razón que desconozco, ha optado por desechar mi ayuda bienintencionada.
Sigh.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Cuestión de Humildad... (y Honestidad)




#296

La abrazó muy fuerte, lo más que pudo... que no era tanto, porque ya era muy mayor y la debilidad era más fuerte que el cariño.

No soy un animal solitario, no puedo dejar que te vayas. ¿Quién, si no estás tú, me tranquilizará por las noches?

Como el árbol que está en el bosque y nadie le ve, ¿existe? Yo, que estoy sola y nadie me ve, ¿existo?

La nevera hace ruido, y el tic tac del despertador... Y tú, intuyo, duermes allí, a una distancia de tres horas y media de tren de aquí.

jueves, 15 de noviembre de 2007

Ondina



I was dreaming of the past.
And my heart was beating fast,
I began to lose control,
I began to lose control,

I didn't mean to hurt you,
I'm sorry that I mad you cry,
I didn't want to hurt you,
I'm just a jealous guy,

I was feeling insecure,
You might not love me any more,

I was shivering inside,
I was shivering inside,

I was trying to catch your eyes,
Thought that you were trying to hide,
I was swallowing my pain,
I was swallowing my pain.



John Lennon, Jealous Guy.





A ella le han dicho cosas, a ella le han mentido, le han contado secretos falsos, que no son secretos ni verdades... Y piensa que vive en un lugar que en realidad no es lugar ni es cierto, ni es bonito ni es feo.



Ha estado corriendo toda la noche, buscando un cajón de metal donde meterse y helarse de frío; y ahora está cansada y no consigue articular palabra, porque no le salen, porque no las siente.



Sigue poniéndose nerviosa, al tacto de su piel contra el bordillo de la piscina, porque no quiere salir, porque le da miedo la superficie.



Porque nadie miente, nadie quiere ocultarse, y la transparencia es menos segura que la opacidad de su océano interno de fantasías inconexas.



Su lugar no es lugar, porque ni siquiera es real, pero dentro de su pequeña caja de metal logrará la felicidad.



Pero aún no la ha encontrado, pese a haberla buscado fervientemente toda la noche, y ahora se oculta en el agua, como una ondina desesperada.



Desterrada del océano de la fantasía, ondina de papel, arrugada y triste; mojada y despechada.



Que los príncipes prefieren a la Cenicienta, porque antes de princesa fue chacha, y las ondinas ante todo son unas calienta****** que arden de celos cuando se enamoran.



miércoles, 14 de noviembre de 2007

aga´chate que se nos vienen los argentinos...

A raíz de toda esta movida del “¿Por qué no te callas?” del Rey, un amigo me dijo:

- ¿Y qué te esperabas? ¿No ves que era el hermano tonto?

A lo que vuestra fiel servidora exclamó:

- ¿Cómo?

- Tenía que haber heredado su hermano, el listo... al que mató.

Absorta me quedé, qué menos que anonada... Dios mío, ¡y la infanta se nos separa! ¡La monarquía se desmorona...!

- a ver,el sucesor no era él: era el hermano, al que le llamaban... ahora no me acuerdo, pero algo así como “cerebrito” (porque era muy inteligente), y a éste le decían que era el tontito. Y con dieciocho años, estando ellos dos solos, no sé muy bien cómo, en un accidente (o a saber qué), le disparó con la escopeta y le mató.

Al no fiarme de tal información - ¿Cómo osa injuriar al Rey, a nuestro Juan Carlos guapo, nuestro Juan Carlos bueno? – decidí escribir en el Google que todo lo puede, el Google que todo lo sabe:

“¿Mató el Rey de España a su hermano?”

Y toda mi vida se redujo a nada cuando encontré la tan injustamente infravalorada página de Respuestas de Yahoo:

El rey de España mató a su hermano?

Dicen que Alfonso el hermano menor de Juan Carlos intentó asesinarlo para para obtener el acceso al trono de España.
Juan Carlos lo desarmo porque Alfonso era apenas un chaval de 14 años. Y lo mató sin piedad y a sangre fría, para que no volviera a intentarlo en el futuro.

Todo esto es culpa del sistema de sucesión de los reyes y que no son elegidos democraticamente.

Creo que Estados Unidos debería bombardear e invadir España como lo ha hecho en Irak para derrocar al tirano.

Espero que mi país Argentina también colabore.

Les vamos a enseñar a ser pacíficos, democráticos y respetar los derechos humanos aunque sea por la fuerza militar.



Me he quedado de un aire, ¿vosotros no? Pero, vamos, que las respuestas tampoco tienen desperdicio...


Así que decidí buscar por otros lugares más... ¿fiable es la palabra que busco? V... Puede que sí... Y me topé con estas páginas:

Una es esta, y la otra esta.

A ver qué me decís de todo esto...

martes, 13 de noviembre de 2007

La Sexóloga Coja

¡Que alegría, que alboroto!

Ah... Maldita sea, este esguince no me permite hacer nada; se me ha acabado la leche y quiero un Cola Cao... Para más INRI tengo la regla y me duele todo... Si es que ya lo dice la ley de Murphy, que cuando todo va mal siempre hay algo que puede ir peor.

Sin embargo, no todo iba a ser desgracia, no señor... y esta Naranjera se ha convertido ¡en consultora sexual! Sí, sí, como lo leéis... Y es que he aceptado la invitación de mi vecino José Luis Merino a formar parte de Mapablog como Sexóloga.

¡Que tiemble Lorena Berdún, que llega Awixumayita!

Bueno chicos, os dejo el link, por si queréis hacerme alguna consulta.

¡Besitos Naranjas!

lunes, 12 de noviembre de 2007

Un minuto de Silencio por la Libertad de Expresión



Estamos viviendo un tiempo de cambios.



Unos días de noticias absurdas,


porque nuestra política es de comedia,


y por ser tan tonta asusta,


aunque estemos tardando en darnos cuenta.



Que si el gobierno de La Rioja financia los Libros Libres (hablando, entre otras cosas, de la cura de la homosexualidad), que si los dos bandos juegan al Cluedo con el 11-M, o los medios de comunicación saturan la imagen de un agresor y su víctima, y otra víctima menor muerta por un conflicto ideológico, o vídeos del YouTube parodiando el “¿quieres callarte?” de nuestro ilustrísimo Rey a Chávez, que si a E.T.A le fallan dos bombas en Getxo...



Blah, blah, blah...



Y yo me quedo en casa, coja por un esguince producto de la caída más tonta - tal vez fui víctima de unas obras en Valladolid, qué quieres que te diga...-, aprovechando las tardes para hacer un trabajo sobre el Discurso de la servidumbre voluntaria de La Boëtie, preguntándome a santo de qué están ocurriendo estas cosas, y por qué nos empeñamos en ser tan sumamente gilipollas.


Si es que ya lo dije: estamos viviendo una regresión a la censura, donde una por ser ecuatoriana ¿merece un trato inferior?, y un antifascista se expone a una puñalada en el corazón.

Que se pongan de un lado cincuenta mil hombres en armas, y el mismo número del otro; que se les lance a la batalla; que se encuentren unos, libres, combatiendo por su libertad, y los otros por quitársela. ¿ a cuáles se les presagiará, por presunción, la victoria? ¿Cuáles, se pensará, que irán ma´s temerariamente al combate: los que esperan como galardón de su sacrificio la conservación de su libertad, o los que no pueden esperar cobrar los golpes que dan o que reciben ma´s que con la servidumbre de los otros?

Discurso de la servidumbre voluntaria o el Contra uno

Etienne de La Boëtie

Publicado en París en 1572.

3 SON MULTITUD. Space Dementia

- Vive así, sigue así, ¡ amargada!

Una está preñada, la otra no sabe que yo la odio. Una es guapa, la otra no, una es pobre, la otra todo lo contrario. Ya me canso de discutir, y de verlas en ese plan Dolce vs Punk Roker.
Así que cruzo el salón y me encierro en una habitación que está llena de hojas, porque el otoño ha entrado hasta aquí, y no me deja ver ni un cacho de baldosín.

Y pienso en el odio y otras cosas, y me río de mí, y de ellas. Y quiero que se larguen, que tres son multitud. Que se vaya la pija y la otra se quede hasta que de a luz. Y que me dejen sola.

No me queda nada, porque si antes era lo peor en lo que mejor se me daba, ahora ni siquiera tengo conocimientos de ello. Porque esta sociedad me ha convertido en una inútil y debo prepararme para la trepanación. Recuérdenme que nací habiendo tenido que ser un aborto.

Que alegría, que alboroto, otro perrito piloto.

Y una que se va, otra que llora en su habitación. La mía está repleta de hojas secas que crujen al contacto con mis zapatos.

¿Cómo será la habitación de la pija? No la conozco, nunca he entrado. Ahora se ha ido, es mi oportunidad; entro con sigilo y no es cama lo que veo, no hay ventana ni colchón, sólo un enorme baño de azul color. Tres bañeras lo componen, tres enormes bañeras. No lo entiendo, ¿por qué hay hojas en mi habitación?

Me desnudo y miro en el espejo, un cuerpo extraño pero perfecto.
Un pecho falico-flacido, solitario y mi ombligo, cavidad que abarca todo mi vientre.

El agua caliente, mis ojos rojos, tengo frío, o quizá sea calor, y las bajas temperaturas a veces queman, y el agua caliente me mata lentamente.

Quisiera comprender qué está ocurriendo, y qué va a ocurrir, en caso de que detecten mi ignorancia. Si ven que no sé nada, o no tanto como pensaban, si no soy buena ni en lo que estudié, si no valgo tampoco para las relaciones sociales.
Y humanas.

Si me pierdo entre la gente, si no logro encontrar un camino (malditos tópicos, me estoy quedando sin ideas), y si nadie me salva de este agujero, si sigo cayendo, si llego tarde... Si me pierdo... por completo, si no logro...
Si ni siquiera logro encontrarme a mí.

Te daré un beso, diré buenas noches y volveré a perderme en este suelo lleno de hojas, aunque físicamente duerma abrazada a ti.


viernes, 9 de noviembre de 2007

Naranja Nominada

Estamos en plena campaña electoral...

Y, en cierto modo, yo también me apunto a ello. Lo que pasa es que aún no soy candidata, pues antes debo ser nominada... Y no hablo de política, no. Hablo de este blog y de los Premios Web Riojanos. ¿Por qué no? Esto es un blog y yo soy de La Rioja, conclusión: Puedo participar y participo.

Así que nada, si me queréis, tanto como yo os quiero a vosotros, tenéis que entrar aquí y nominar a las naranjas. También podéis hacer carteles, pegarlos por vuestras facultades, convencer a vuestros familiares, cosas de esas...

Un beso enorme, naranjeros.

jueves, 8 de noviembre de 2007

Unintended. Pieces of the life I had before.

En esta casa nunca hace calor, ni siquiera en pleno julio. Siempre me ha puesto de los nervios eso, que mientras fuera hace un sol espléndido, aquí dentro siempre tengo que andar con esta bata azul o la sudadera ultra grande de los años noventa de mi tío. Y el invierno es peor.

Siempre con las manos frías.

Creo que la única persona capaz de aguantar eso era mi abuela, sentada en su mítico sillón, con tantos cojines para evitar (o quizá sólo apaciguar) el dolor de espalda, (o el dolor de haber enviudado hace tantos años, o de ver cómo esa casa se iba vaciando con ella dentro, o el dolor de ver a una nieta recién nacida con problemas de corazón) al calor de un brasero y los programas de televisión.

Se saca de la manga (literalmente) un pañuelo de papel y me lo da, a mí, a su nieta mayor, la que pese a todo sigue siendo una mocosa, y me pregunta para qué sirve mi carrera, que si no la he terminado ya, para continuar después con un estudia mucho y no dejes que nadie te toque el culo.

Oh, ya ha vuelto a desenchufar todo..., pensó en cuanto entró en la oficina y vio el enchufe de la televisión en el suelo. Una oficina, ¿qué es una oficina? No, aquello no era una oficina, aunque lo llamaran así. Era una pequeña habitación, en la planta baja y con ventana a la calle, donde habitaban una televisión con tdt, el aparato de música –plato de discos incluido-, y una colección de vinilos que iba disminuyendo por momentos. Vinilos de sus hijos que ellos mismos se fueron llevando al irse de esa casa.

Milagros no solía estar en la oficina, pero su nieta sí. Su nieta mayor, eso sí, la que le dio quebraderos de cabeza desde antes de nacer. Y es que, por mucha transición que hubiera, y pese a estar sólo a dos años de entrar en los noventa, las tradiciones, el qué dirán, todo sazonado con una pizca de ese halo clerical que se respira en Baños, Milagros no podía entender cómo su hija mayor se había quedado embarazada sin contraer antes matrimonio.

Adriana se acercó al enchufe para volverlo a poner, y se encontró con que la base no estaba ahí, así que siguió el rastro de los cables hasta llegar al patio, donde suspendidos en el aire, sobrevolando el seto que precedía a la “mesa del árbol”, se encontraban todos ellos, sujetos a una plancha de metal.

Una plancha cuadrada de metal, de unos treinta y cinco metros cuadrados de la cual emanaban cantidad de cables, unos iban hacia la derecha y otros a la izquierda, pero de ninguno se veía el final. Cables que se perdían en el infinito.

Eran las seis de la tarde, verano.

Viendo que no podía hacer nada ante tal cataclismo electrónico, Adriana decidió matar el tiempo con un batido frío de chocolate en la cocina del patio. El resto del mundo llamaría a aquello “merendero”, como también denominarían a la oficina “sala de estar”, pero para ella siempre sería la cocina del patio. Una cocina oscura, donde siempre se escondía algún que otro arañón. Una cocina donde solían comer en familia los domingos de verano. Pero ahora estaban ellas dos solas en casa.

A Adriana no le gustan los insectos: le provocan pesadillas. Los insectos en general y las arañas en particular. Las arañas en general y las grandes en particular. Las grandes en general y las peludas en particular. Una vez vio una. Sólo una vez (sin contar parques naturales y exposiciones de bichos muertos), en la fregadera del patio. En esa fregadera enorme (que tantas veces utilizó como piscina no oficial de Barbie Superstar) había visto lagartijas volviéndose locas al resbalar por el blanco muro. Pero las lagartijas no se llaman así en esta casa: aquí se llaman zarcilletas.

- ¡Nena, ven para que veas esto! – Gritó su tío Hilario desde la susodicha.

Adriana, que por se la pequeña no se llamaba así, sino “nena”, se acercó, vio y gritó.

- Desde luego, este hijo mío –nos remitimos a Hilario- ¿no va a dejar ya de enchufar cosas en la oficina?

Adriana sonrío y pensó que lo mejor sería no decirle que eran las seis de la tarde, para evitar que al saber que había estado dormida hasta ahora, se sintiera enferma o débil, si es que había diferencia alguna entre ambos casos.

- Siéntate abuela, te pondré el desayuno.

Milagros se veía bien, como siempre. Con sus ojos azules, su vestido negro de pequeños lunares blancos, el pelo corto y bien teñido: castaño oscuro, o quizá más negro. Sus manos morenas, bonitas y delgadas, las dos alianzas aferradas a su corazón de las que nunca se despojara.

Milagros, que nunca ha sido tonta, sino todo lo contrario, sabía bien qué hora era, así como también era consciente de su dolor, de su enfermedad y de su fecha de caducidad, observaba a su nieta partiendo magdalenas por la mitad con cuchillo de sierra. ¿Qué es esto que me está ocurriendo, que la niña a la que bocadillos de tortilla hasta hace bien poco le he tenido que hacer, es ahora quien me da de comer?

La piscina está empezando a ensuciarse, porque nadie tiene ganas ya de bañarse en ella, y en sus frías y turbias aguas reposa un sapo reventón nadando de espaldas.

También hay en el fondo una enorme lombriz, - casi parece una tenia – que murió de forma humillante al inclinarse para beber. Las arañas aterran a Adriana incluso cuando se encuentran ahogadas en el fondo del estanque, pues con el movimiento del agua sus patas se pliegan y extienden. Ya lo dijo alguien, que el agua es vida, pero las esperanzas cada vez están más desnutridas.

Regresemos adentro, que empieza a refrescar, siéntate en tu sillón, veamos un poco la televisión. Discutamos, vuélveme a reñir o hablemos mal de gente del pueblo, que esto, para qué mentir, me hace sentir bien. Háblame del abuelo, de cómo negaste tener piscina para no declarar aunque aquel hombre te enseñara las fotografías que habían hecho desde el helicóptero. Dime, ¿por qué Boris vino de Venezuela y abrió ese maldito armario?, si sigo defendiendo a los gays me ganaré un ostión.

- Sé que me estoy muriendo.

Apoyada en su sillón, agarrada fuertemente a uno de los apoyabrazos. La sien derecha apoyada en el extremo de madera.

Sus ojos azules se hicieron agua, algo nuevo para la retina de su nieta, que nunca la había visto llorar.

La cámara enfoca un primer plano de sus manos, asidas ahora a ese saliente de madera.

Adriana supuso que si a ella le dijeran que iba a morir, también haría lo mismo: se agarraría fuertemente a ese sillón y gritaría:

- No me llevéis de aquí. No me saquéis de esta casa. – Decía Milagros a un punto de fuga infinito, tal vez incluso al Dios que hierático y sentado en su trono, sujetaba la bola del mundo sobre el armario del salón.

La cámara se fijó entonces en sus ojos azules, derramando lágrimas sin llanto, sólo lágrimas (de las que queman).

- No me llevéis de aquí...

Los mismos que la grabaron la ayudaron a levantarse, y dijeron a Adriana que se la llevaban a Madrid.

- Se la han llevado para que conozco a María Callas. – Dijo Valle a su hija desde el sofá rojo del salón unas horas después. – a Madrid.

Adriana no se preguntó si era un eufemismo para evadir la muerte o si era cierto que estaba con María Callas, sin darse cuenta de que para ver a María Calas era necesario estar muerto. Últimamente se ha olvidado de su agnosticismo y cree fervientemente en el cielo y el infierno.

Valle, junto a sus tres hermanos y sus parejas, se encontraban en esa casa, pero al otro lado del biombo que separa las dos mitades del salón, pues algo les obligó a alejarse del sillón de su madre.

Eso sí, la televisión la han pasado a la otra mitad.

Adriana, mientras los demás se concentraban en la televisión, se empeñó en arreglar el reloj que yacía parado y colgado de la pared del salón, pero en la mitad del sillón. Que angustiosa sensación de impotencia, las pilas no encajan, las pilas no entran.

Televisaron el funeral, que fue en la Ermita de la Virgen de los Parrales. No escatimaron en iluminación, y el cura se parecía a Robert De Niro:

- ¿Se ha pasado un poco con el photoshop Don Jose Felix, ¿no? – Preguntó la hija pequeña.

El pianista, impecable, tocó una melodía preciosa, casi feliz. Todo era tan perfecto, hermoso, de categoría, como ella merecía.

Y Adriana corrió hacia el patio, a la zona de la piscina, se arrojó a la hierba, la mordió y emitió el grito más amargo que en aquel pueblo se escuchó.

Y lloró, lloró, lloró.

Y desperté, y pensé:

Ha sido un sueño. Mi abuela no ha muerto.

Miré a la mesilla y vi el despertador de mi abuela: la noche anterior le había quitado la pila porque su maldito tic tac no me dejaba dormir.

Y lloré, lloré, lloré.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

No sé cómo titular esto. Ni siquiera aún sé si quiero colgarlo.


- ¡Taxi, Taxi!

Eran las seis y treinta y cinco de una tarde utópica – atípica otoñal, a ratos hacía mucho frío y de repente muchísimo calor. La gabardina de un gris fosforescente, mis tacones sobre una acera resplandeciente. Poca gente y mucho tráfico, poca gente en el asfalto. Tenía que llegar a las siete al ayuntamiento, (por un asunto estresantemente burocrático), si quería conservar mis conocimientos de piano. Si no firmaba esos papeles, que serían mi billete de ida hacia una de las clases magistrales del Chirridito González, todos mis conocimientos de solfeo, ritmo y demás se esfumarían de mi mente. Así, en un soplido. Así como te lo digo, así como te lo estoy contando.
Así van las cosas aquí, al menos desde hace unos años. El sistema educativo ha llegado a tal punto que si no eres los suficientemente bueno en algo debes olvidarlo por completo, para así dejar sitio en la cabeza a otro tipo de conocimientos. En principio parecía algo eficaz: Los médicos se dedicarían sólo a la medicina, sin resquicios filosóficos que entorpecieran su precisión de cirujanos, y los de letras ni siquiera podrían ser capaces de aprender a hacer sudokus.
Pero cuando me dijeron que el piano no era lo mío, que debía abandonar y dejar sitio a las leyes civiles y el derecho, (que se supone que es lo mío), sentí verdadero temor por mi libertad, por mi derecho a ser una inepta musical. Pero no me quedaba más remedio.
Estaba a un paso de conseguir el nível mínimo aceptable, pero para ello necesitaba mano dura: un par de horas con el Chirridito González, un portento del piano capaz de hacer entonar el himno nacional con total sensibilidad a un miembro de la revuelta social.

- Venga, suba, que no tengo todo el día.
Me senté, como siempre, detrás, y sin decirle nada arrancó el coche y puso en marcha el contador. Pero bueno, estaba tranquila: en cinco minutos llegaría al ayuntamiento.
Pues no. En cinco minutos llegamos, pero no al ayuntamiento, sino a una parada de taxis que había en la calle del León.
- Venga, señoras, que no tengo todo el día.
- Hija, ponte en medio, que nosotras estamos muy gordas.
- ¿Pero qué...?
Dos señoras subieron como si, en lugar de un taxi, aquello fuera un autobús. Una a mi derecha, otra a mi izquierda.
- Ponte el cinturón, muchacha.
Y pensé que no era necesario, teniendo en cuenta que el ayuntamiento estaba a tiro de piedra, pero ellas comenzaron a atarme literalmente.
Cinturones de seguridad que apretaban mi cuello, se aferraban a mis muñecas, mi cintura y mis tobillos.
- Oiga, por favor, vamos al ayuntamiento.
- Tranquilita, señorita, a mí no me vengas con prisas. Si querías un viaje directo haberte cogido un autobús.
Intenté hacer un gesto de desistimiento, y a la vez de zozobra, angustia, inquietud, pero las correas me lo impidieron. No iba a llegar al ayuntamiento, no podría presentar mi solicitud y mucho menos acudir a aquella clase. El tiempo se me echaba encima, de vez en cuando lo veía encima de mi cabeza riéndose de mí, aunque otras veces me ponía carita de pena, como diciendo: no es culpa mía haber nacido atemporal.
- ¿a dónde se dirige usted, muchachita?
Miré a la bruja vieja con antipatía primero, extrañeza después.
- Ya lo he dicho. Al ayuntamiento.
- Yo voy al hospital, a que me trepanen. Debo llegar ahora, ¡ahora mismo!
- ¿a que la operen?
- No, no. – Dijo la otra mujer. – Está un poco... – Se señaló la cabeza y bizqueó los ojos. – Como ya no es útil le harán una lobotomía. Es a lo que aspiramos todos.

Abrí los ojos, subí las cejas y miré hacia un lado, buscando la cámara oculta, pero en lugar de eso encontré el reloj de la vieja: 19.01h.
Abrí los ojos más, la vieja puso las manos debajo por si se me caían, y yo pregunté:
- ¿Sabe tocar el piano? ¿ algo de música, algo?
- ¿Perdona?
- Necesito que me pregunte algo.
- ¿Do, re mi fa...?
Y no sé si fueron los nervios, la emoción del momento, o qué, pero empecé a tararear una canción de Bisbal, y me asusté. Evidentemente, me había convertido en una inepta musical.
No había marcha atrás.
- Por favor, por favor, ¡déjeme bajar...!
- Un segundo, por favor, antes que nada, coja este libro. Me lo publicarán mañana, en un acto público en la estación de autobuses.
- Gracias. –Dije a regañadientes, cogiendo aquel libro, y muerta de envidia. Los taxistas no deberían escribir si yo no puedo tocar el piano.

Estaba cerca del maldito ayuntamiento, centro de la burocracia perversa, así que fui hacia allí y me senté en un banco.
Y volvió a hacer frío, me arropé con la gabardina, y no fui capaz de llorar porque hace tiempo me dictaron que no lloraba correctamente.
Pero de todas las sentencias, tal vez la peor sea la inadaptación social.
- No eres apta. No eres social.
En este país los tímidos son una raza aparte, una raza inferior si cabe. No, no cabe, es que lo son.
En este país los tímidos no valen nada, no pueden ejecutar ninguna actividad de prestigio y se les niega el derecho a amar. Muchos se dan a la bebida, otros son yonkis y otras prostitutas. Son el despojo social, y la sociabilidad es algo irrecuperable.
Como mis conocimientos de piano.
Yo tenía una prima que era así, tímida. Cuando sentenciaron que era una inadaptada social perdió la facultad del habla y ahora vive sola con unos gatos que, de un momento a otro le sacarán los ojos.
Los tuertos tampoco son bien vistos, y mucho menos los que carecen de ojos... Es muy triste, pero desde que los globos oculares se convirtieron en objetos de lujo es necesario andarse con cuidado, pues siempre aparece alguien que te los quiere arrebatar. Es por eso que es común ver gente con gafas de soldador.


***

- ¡Olivia! ¿Qué haces ahí sentada con la helada que está cayendo?
- El frío amortigua mi tristeza.

Siempre, cuando no quieres encontrarte con alguien, alguien te encuentra.
Aquella tarde-noche quería ser un individuo anónimo, como tantos que hay en la plaza del ayuntamiento o en el paseo del Espolón. Aquella tarde-noche quería estar sola. Si la gente me veía como una desgraciada, me daba igual: La misma desgracia tenían todos ellos.
Él era Badea, un antiguo amigo de la infancia que hizo un módulo de ebanistería. Le acompañaba una funda con forma de guitarra, y me enfadé con el mundo. Si yo no puedo tocar el piano, un carpintero no tiene porqué saber tocar la guitarra.
Será que tiene mucho espacio en la cabeza.
La verdad es que siempre fue bastante cabezón.
- Te estuve llamando, Olivia. Te llamé... hace unos años.
- Sí, bueno, estuve ocupada.
Cuando me despojaron de la capacidad de llorar me encerré en casa y me estudié la constitución. No por nada en especial, sino porque era ese el único libro que tenía en casa. La razón era muy simple: cuando llegaron al gobierno los actuales mandatarios, lo primero que hicieron fue enviar una Constitución a cada domicilio. Al cabo de un mes enviaron a ciertas personas vinculadas al partido a revisar cada hogar, y si no encontraban el dichoso librillo condenaban a los miembros del hogar al aislamiento social. Sí, ya ves: Los convertían en repulsivos tímidos antisociales.
Como mi padre es barrendero y mi madre funcionaria, por decreto no necesitaban leer, así que de la noche a la mañana se despojaron de toda la literatura que hubiera en casa, a excepción de las instrucciones de la tele y la dichosa Constitución.
De ahí que me convirtiera en una prestigiosa abogada.
- Te llamé tantas veces porque tenía pensado formar un grupo de rock, pero la cosa no funcionó... Con la ley de espacio cerebral se han perdido muchas promesas de la música... Sigh. Últimamente sólo se escucha reaggetón, ¿te has dado cuenta?
- Sí, bueno, yo también empiezo a soñar con Bisbal...
- Pero, ¿cómo, Olivia? ¿No me dijiste que tenías conocimiento mus...?
- Tenía, pero se fue. Precisamente hoy, ni más ni menos, por no llegar a tiempo he olvidado completamente lo poco que sabía de pi... ehm...
- Piano.
Sus ojines se tornaron tristes y pequeños. Se apagaron y perdieron todo su valor por un segundo... Vi ese momento como un instante precioso, para pillarle de improviso y arrancárselos de cuajo, pero claro... aún me quedaba algo de sentido común que a duras penas luchaba contra la codicia.
Como yo no podía llorar mis ojos no solían bajar la guardia. No hay mal que por bien no venga. El problema es que la tristeza que no sale en forma de lágrima, de otra forma tendrá que salir, y se manifiesta en sangre a través de las yemas de mis dedos. Desde luego, bien es cierto que no me convenía tocar el piano, pues si me emocionaba al tocar una partitura de Chopin las teclas se llenaban de sangre, me resbalaban los dedos y salían melodías más amargas aún. Y volvía a necesitar llorar, esta vez por ira o tal vez impotencia, y mis yemas borbotones de sangre me engendraban...
Siempre acababa tirada en el suelo, inconsciente, anémica perdida.
- Abre esto, a ver que te parece. –
Puso el artefacto sobre mis piernas y deslicé la cremallera, para sacar después de la funda una guitarra de madera.
Unos siete centímetros de grosor, madera sin pulir, sin formas redondas. Era una placa de madera con forma de guitarra pixelada.
- Unas cuerdas y un redondo boquete. Badea, esto es un juguete.
Rasgué las cuerdas y de ellas no brotó sonido alguno.
- Definitivamente, si me quedaba alguna duda, ¡soy una inútil musical!
- Que no mujer, es que le tienes que dar al On.
Abrí los ojos, subí las cejas y miré hacia un lado, buscando la cámara oculta. Badea puso las manos debajo, por si se me caían.

Fin de la primera parte.

hoy he tenido el sueño mas triste y bonito de toda mi vida


Si me dijeran que voy a morir,


me agarraría fuertemente a una silla,


y entre lágrimas –de las que queman-,


con la mirada fija en un punto de fuga infinito,


suplicaría


no me llevéis de aquí.

martes, 6 de noviembre de 2007

Fon?

Sigo sin cable de red...

Y la única red inalámbrica que encuentro es una Fon.
No sé qué es una Fon. Sólo sé que sólo puedo entrar a páginas de google, (suerte que soy blogger... aunque no puedo utilizar el Windows Live Messenger y nadie quiere hacerse una cuenta de Google Talk para chatear conmigo...) Sigh. Supongo que, definitivamente, tendré que comprarme el cable de red... O un Fon de esos, qué sé yo...

Ahora tengo una cuenta de Google Talk, y mi dirección es fácil de adivinar: awixumayita@gmail.com
¿Para qué me voy a romper la cabeza?

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