miércoles, 30 de mayo de 2012

Supersticiones


Carmela Soprano:  ¿Sabes qué es raro, Ro? Cuando vas a un lugar donde nunca has ido, es como si toda la gente fuera imaginaria hasta que llegas allí. Es como si no hubieran existido hasta que viniste, y tú nunca hubieras existido para ellos.

Ro: No sé, quizá seas una persona más filosófica que yo.

Carmela:  No, no, solo me hizo pensar,  es todo. ¿Sabes? Es lo mismo que cuando mueres: la vida continúa sin ti. Como lo hace en París cuando no estamos aquí.

The Sopranos. Capítulo once de la sexta temporada.







Aprovechando que el lunes 28 de Mayo era fiesta en Alemania por motivo del Pfingstmontag, decidí escaparme a Berlín a pasar un fin de semana largo. Me acogería Sara, en su Studentenwohneim en Potsdam. Esos lugares de paso que nunca terminan de parecer nuestros: las viviendas universitarias. Tienes tu llave, tus pósteres, tu olor, pero lo único que permanece es el carácter temporal. Lo dicen los muebles que dejaron los anteriores inquilinos, el menaje de cocina compuesto de diferentes vajillas. Nuestros nombres temporales inscritos en papel junto a la puerta. 


Poesía en la pared del cuarto de Sara


El sábado por la tarde fuimos a visitar el Muro. Yo no lo había visto y tenía ganas. De pequeña ya tenía interés, y es normal, porque crecí con los vinilos de Pink Floyd. A mi tío no le gusta que hable de él en el blog, y aunque no diga su nombre ya saben que hablo de él porque es mundialmente conocido en su pueblo por su admiración a Pink Floyd. Pero oh, lo siento. Hablar del Muro sin hablar de Pink Floyd, en mi caso, es imposible. Yo no tenía ni idea de Holocaustos ni guerras mundiales, yo sabía del Muro por The Wall, y sabía que Berlín era la capital de Alemania porque el Muro del que hablaban Pink Floyd en The Wall era el Muro de Berlín, y qué era Berlín, y mi madre me dijo La capital de Alemania.  Así que que quería verlo. Me parecía un sacrilegio ir a Berlín y no verlo, sacrilegio que ya había hecho cuando fui en Diciembre. Un viaje absurdo organizado por la oficina internacional de mi universidad, sin otro menester que acudir a una ultrafiesta de Erasmus. Porque ya sabéis los tópicos que flotan como moscas alrededor de los Erasmus. Como si los Erasmus no fueran universitarios, solo adolescentes tardíos, guiris, borrachos sobrehormonados. Por eso la oficina internacional de mi universidad no estaba interesada en organizar un viaje cultural a Berlín sino a una fiesta de Erasmus. Pero bueno, vi Berlin dos meses después de haber llegado a Bayreuth. Era más de lo que podía esperar. Ahora ya tenía el tiempo y el clima idóneos para volver, y ver a Sara, la única persona en este país con quien puedo hablar de literatura española contemporánea. Y el sábado por la tarde fuimos a visitar el Muro. Ese muro que ya parece haber perdido todo su significado, que parece ser solo una exposición mundial de graffitis, con inscripciones en edding de turistas, la mayoría hispanohablantes, que han perdido todo el respeto a la Historia y al Arte. Porque el Muro ya ha perdido todo su significado, porque el pasado no existe.


Pasamos el Muro. Saltamos turistas que ríen y hacen fotos, y pequeños puestos de souvenirs. Recuerdo una taza que me trajo mi padre de Benidorm: “Esta taza me la ha traído de Benidorm mi padre que me quiere un huevo”, y el huevo estaba representado por un dibujo de un huevo frito. Otra amiga tenía una camiseta que decía algo parecido, solo que en vez de “padre” ponía “abuelos”. Esas cosas impersonales   “recuerdos de”. Yo no quiero un recuerdo de una ciudad, quiero que me recuerdes en ese sitio. O que me lleves. Como cuando mis tíos entrados en la treintena, ahora cercanos a la cincuentena, me traían recuerdos y experiencias de sus visitas a Port Aventura y lo único que podía esperar era hacerme mayor para poder ir a los sitios a los que me hubiera gustado ir de niña. Así me veo viendo el Muro que me hubiera gustado ver cuando era niña y que parecía mucho más real en los documentales, las fotos y las películas. No me apetece hacer fotos porque son fotos a murales. Me acuerdo de Pat porque a ella sí le gusta el graffiti. No me apetece hacer fotos a inscripciones vacías de turistas que no son nadie, que en su condición de personas de paso, de muertos vivientes, tratan de permanecer con un “yo estuve aquí”. Sara me hace una foto, por tener también un “yo estuve aquí”, pero la luz del sol y mi cámara no se llevan bien y el encuadre al que se ve obligada me muestra sólo ante un graffiti que representa al Muro.



Detrás, el río. Nos sentamos en la orilla y esto sí parece real. Lo que más me gusta de las ciudades es el agua.


En mi bolso, la primera hoja de mi cuaderno se ha soltado y no me da buena impresión. En esa hoja hay escrito el borrador de un proyecto muy importante para mí y que representa todas mis aspiraciones a corto plazo, porque he apostado todo mi futuro próximo a una sola carta. Hago con el papel un barco. Hace tiempo que no hago barcos. Desde hace un año solo suelo hacer grullas, por superstición. Pero esta vez, tal vez sugestionada por el río y los ferrys que pasan, me sale un barco. Por lo que lleva en su estructura no quiero que se rompa. Como si el proyecto fuera la propia hoja de papel donde lo describí. Como si el proyecto fuera el primer borrador de la descripción del proyecto. Lo sitúo en la orilla y le hago una mala foto. La brisa breve de este día de verano hace su aparición y lo lanza al agua. En ese mismo momento, aparece flotando un pez muerto. El pez es blanco, aunque no tengo claro si siempre fue así o le ha quitado el color la muerte. Mi barco ha caído bien y navega. No me lo puedo creer. 



Me siento un poco pava. Esa chica que hace barcos de papel y se alegra porque caen al agua y caen de pie y navegan sin hundirse. El barco sigue a flote y va camino a la otra orilla. El pez muerto también. Trato de no perder de vista el barco a pesar de la miopía. Sé que, aunque lo lograra, no llegaré a verle llegar a la otra orilla, pero intuyo el punto blanco que sigue a flote, y me siento bien. Por pura superstición. Mi proyecto está a salvo. Parece estar asegurado, aunque sé que se trata solo de una ilusión. Que mi proyecto no es un barco de papel cruzando el río Spree.  El pez muerto sigue su rumbo cerca de él. Llega un momento en el que ya no distingo mi barco de papel del pez muerto. Y entonces me doy cuenta
de que mi proyecto mis aspiraciones mi futuro
todo
es estéril.
Todo viene esposado a la nada. Toda esta vida asentada en lugares de paso, sola.
A distancia. 


Llegó un momento en el que ya no distinguía mi barco de papel del pez muerto

martes, 29 de mayo de 2012

Carne de Píxel


Agustín Fernández Mallo. DVD Ediciones, 2008.
XXXIV Premio de Poesía Ciudad de Burgos.








 
“asusta pensar que el mundo construido por los amantes sea tan microscópico como lavado e incomunicable, pero es lo único que nos salva de otro susto de iguales dimensiones que es la muerte”.

p.14

-

“Partir de un recuerdo equivale a partir del fin, los recuerdos se construyen para el último día aunque nos engañe su gen de pasado”.

p.18

-

“Quiero pensar que era tu piel tan suave que yo no la sentía”.

p.22

-

“Hay algo más fuerte que la carne, el impulso suicida del aliento cuando toma aire; el impulso homicida cuando se espira”.

p.29

-

“tú y yo nunca llegamos a discutir de estética, lo único que nos unía. Lo único porque estética y ética son lo mismo, una pose ante el mundo. Discutíamos y mucho de esas otras visiones en apariencia simples, como abrazarte por detrás para besarte y ver pájaros desde tu ventana. Quisimos interpretarlos, interrogar la honestidad de la naturaleza, sin saber que tal cosa no existe, que todo es artificio. Hasta que mi mano telarañándose más abajo de tu cintura. Cerrabas los ojos [bendita seas]. Yo con tu Lucky hacía un agujero en un mapa”.

p.33

-

“que el tiempo pasa y nos vamos descomponiendo, es algo que está muy claro. Que no sabemos qué es eso que se nos descompone, también. Que el hecho de ir hacia una muerte inmortal después de la muerte nos convierte ahora en zombis, en vivientes muertos, clarísimo. Pero que el beso sea una célula elaborada necesariamente en silencio, es un hecho que, lo admito, no comprendo”.

p.42

-

“(a) He encontrado una nueva forma de felicidad que está también en el equilibrio del funambulista [en el propio equilibrio], en el instante en que suspende la visión el parpadeo, en el pájaro que aletea para permanecer quieto, o en el punto en que se cruzan dos cartas con mensajes probablemente contrarios [pero hay que continuar, te dije, hay que continuar], en el punto en el que la levedad iguala al peso: cuando no siento ni hastío ni hambre y es como si desapareciese el cuerpo. (b) A veces llegué a pensar que en algún futuro [las fotos son recién nacidos que no crecen] seríamos como Leonard Cohen y Susan en esa foto que tanto mirábamos de Leonard Cohen y Susan: incorruptibles, unicelulares, glamour químicamente puro, envidiados, elegantes: un nuevo estado [6º] de la materia. (a∩b) No sé cuál de los dos estados es metáfora del otro, si la metáfora se inventó para dar vida a todo lo mal muerto y una vez resucitado aniquilarlo para siempre. En esa emboscada se resume todo este ADN postpoético”.

p. 43









<3






sábado, 26 de mayo de 2012

Espías en París

"- Deberíamos llamar a la puerta de esa casa -me dijo Louki-. Estoy segura de que alguien nos está esperando.
El banco estaba en el centro de algo así como un terraplén que formaba el cruce de dos calles. Años después, iba en taxi que circulaba, bordeando L'Arsenal, en dirección a los muelles. Le dije al taxista que me dejase allí. Quería volver a ver el banco y el edificio. Tenía la esperanza de que las dos ventanas del primer piso seguirían iluminadas, después de tanto tiempo. Pero estuve a punto de perderme por esas callecitas que van a dar a las tapias del cuartel de Les Célestins. Aquella otra noche, le dije a Louki que no merecía la pena llamar. No habrá nadie. Y, además, estábamos bien allí, en aquel banco, Hasta oía correr una fuente en alguna parte.
- ¿Estás seguro? -dijo Louki-. Yo no oigo nada...
Éramos nosotros dos quienes vivíamos en aquel piso de enfrente. Se nos había olvidado apagar la luz. Y habíamos perdido la llave. El perro de hacía un rato debía de estar esperándonos. Se había quedado dormido en nuestro cuarto y ahí se quedaría, esperándonos, hasta el final de los tiempos."




de El Café de la Juventud Perdida. Patrick Modiano.

domingo, 20 de mayo de 2012

Despegar aviones.



A través de los cristales / del cristal
de cada tren que me llevó a Frankfurt,
del bus que me llevó al aeropuerto de Hahn -
ese aeropuerto tan pequeño y recóndito que huele a muerte,
nada que ver con el aeropuerto de Frankfurt,
esa arquitectura de luces y enormidad
que remite a otra muerte
como casi toda la arquitectura marciana de Frankfurt que tanto me impresiona cuando me encuentra allí el amancer.

Yo vi, durante ese camino matutino, que las nubes estaban muy
bajas,
esponjosas,
nubes como cerebros, algodón de azúcar. El blanco neutro,
todo,
al parecer,
tan tangible.
Sabía que el despegue de mi avión me iba a impresionar
porque las atravesaríamos todas.

Me aterra volar. Y mira que se ha convertido en algo casi cotidiano para mí desde septiembre, pero no lo puedo evitar. Afortunadamente, no me dejo dominar por el pánico
y trato de llegar siempre pronto para agenciarme ventanilla. Si he de morir, que sea viendo el pasiaje
y no desconocidos que gritan.

Y seguramente será por esta tradición cristiana en la que me he criado,
pero el despegue siempre me remite a la muerte. No concibo la muerte de otro modo que no sea el ascenso.

Por eso me emociono al despegar, y más me emocioné al atravesar las nubes y verlo todo tan claro
dentro de ellas
la blancura cegadora
[acogedora]
como si me estuvieran limpiando /
expurgando todos mis pecados,
todos mis miedos y preocupaciones.

Y dentro de la nube recordé la úlima vez que había estado en España.



Cuando estuve en Marzo en España fui con mi padre a visitar a mi abuelo, que vive en un pueblo chiquitico de La Rioja: San Torcuato.

En San Torcuato hay un aeródromo al que nunca antes había ido.

Mi abuelo tiene un perro que se llama de muchas maneras y que tiene una forma de ser un tanto felina. Sale cuando quiere y vuelve cuando le da la gana. Esta vez el perro no estaba. Mi abuelo me dijo que seguramente estaba en Bañares. Que últimamente se iba mucho allí porque debía de haber una señora que le daba comida. Mi abuelo sospechaba que el perro le fuera a abandonar por esta mujer. Sentí mucha tristeza al respecto.
Mi padre propuso que nos fuéramos hasta el aeródromo, que está en lo que todos llaman el monte, aunque San Torcuato tiene la línea del horizonte más clara que he visto en la vida. Mi abuelo dijo que solía ir mucho allí de paseo, con el perro, y que el perro jugaba con los raposos. [zorrillos].
Fuimos en coche. Mi padre le dio al play y se disparó mi cd de Lana del Rey por la canción Carmen. Me pareció significativo porque mi abuela se llamaba así. Mi abuela murió en 2001. Llegué a casa después de clase, mi madre abrió la puerta y dijo que mi padre había llamado, que había pasado algo. Yo ya sabía que había muerto. Es curioso. Cuando mi abuela materna murió fue mi padre, por teléfono, quien me avisó. Siempre parece que la muerte está tan lejana. No, que la vejez es tan lejana.
En fin, que fuimos a ver el aeródromo. Yo nunca había estado. Cuando voy a San Torcuato me limito a estar en casa de mi abuelo. Recuerdo que de pequeña iba mucho. No al aeródromo, porque no existía, pero sí al “monte”. Me cogía la bici y daba vueltas por allí lejos. Bicis BH del año que reinó Carolo, en herencia de mi padre o mis tías, y con licencia creative commons a compartir entre las primas. Pero después me hice un tanto beatnick, ya sabes. Ciudad. Consumismo. Fobia a los insectos. Esas cosas. Entonces, de pronto
me veo
en el monte que no es monte. Mi abuelo, mi padre y yo. Gallinas campando a sus anchas por los alrededores. Esos zorrillos que sabemos que están pero no se manifiestan, y una pista para aeroplanos. Turistas que se gastan 45 euros para ver La Rioja desde el cielo.
Y mi abuelo,
que ha dejado en el aire en una conversación durante la comida el tema de la herencia,
que ha hablado de su edad
y el abandono.
Mi abuelo, en la valla de la pista diciendo
“vamos a verlos despegar”.

Yo suelo venir mucho aquí, a verlos despegar.

Y entonces me quedó ahí, a su lado, y vemos cómo una de esas avionetas (o lo que sean, esos objetos voladores), desaparece en el horizonte.




miércoles, 16 de mayo de 2012

Engaño Progresivo Original Soundtrack

Como ya viene siendo costumbre, con Engaño Progresivo no iba a ser diferente y, aprovechando que ya queda muy poquito para que salga a la calle, he realizado una lista de reproducción para la ocasión.

Esta vez he incluido canciones que escuché por aquel entonces y canciones que he estado escuchando estos días mientras echaba los últimos vistazos, a parte de, por supuesto, aquellas a las que me refiero directamente en los textos.

Os la dejo aquí mismito
esperando que os guste.

Bonitos.




jueves, 10 de mayo de 2012

Susurros a Pleno Pulmón in Streaming 27-4-12

Os dejo el recital completo de la noche del 27 de Abril en La Curva.
Como siempre, gracias a Óscar R. Cardeñosa.


Edición de Abril del micro abierto de poesía Susurros a Pleno Pulmón en el Bar La Curva (Valladolid).
Por orden de aparición: Óscar R. Cardeñosa, Rufino U. Sánchez, Chapu Valdegrama, Paco López, Isabel Escudero, Casilda García Archilla, Antoine Lamarck, José Sanz, Guillermo, Alejando Cano Sanz, Mercedes Parada Deu, Ana María Rodríguez Fernández, Ángel Arribas

¡¡Disfruten!!

jueves, 3 de mayo de 2012

sunrise

hay en mi cuarto un sepulcro donde me guardo
y un triste halo de luz para la mañana

hay tres espectros que me cantan
y un sueño lúcido que me recuerda
no estar en suspensión

es una existencia un descanso y una palabra

mi propósito

inexacto, el futuro

y un no ver más.


Extraída de aquí


miércoles, 2 de mayo de 2012

Francesca Woodman Poetic Project

Neurótika Books, la editorial digital de José Manuel Vara, acaba de sacar Francesca Woodman Poetic Project, un homenaje a la fotógrafa Francesca Woodman con obras poéticas, gráficas, etcétera, de Ángel Muñoz, Patty de Frutos, Begoña Grande, Lucía de Fraga, Denisse Sánchez Erosa, Esther Lapeña, Ana Pérez Cañamares, Paula Grau, Déborah Vukusic, Anaïs Nit, Alberto Trinidad y vuestra querida bloggera del alma, que colabora con dos poemitas.

Para vuestro uso y disfrute, aquí embebido:


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