I
Ayer por la tarde me puse la camisa negra después de haberme dejado el nutri color créme 600 de Revlon unos veinte minutos (se recomienda tres) en el pelo.
Son las siete. Tengo que bajar a fotocopiar fanzinas antes de que cierren, me estreso –tampoco tengo nada qué ponerme- y dice Óscar: “Ya está liso, Adri” mientras yo me achicharro el pelo aproximado al 6.6 de Llongueras pero marca blanca Simply más cerca del 5.6 caoba. Qué desilusión. Yo, que siempre he defendido el Hugo Deep Red frente al Hugo Red Intense.
Las ocho menos veinte. Vaqueros y zapatillas. Tanto rebuscar en el armario para tirar de básico. Celeste cierra a las ocho y ya tiene preparadas las fanzinas que le encargué [Nota: En la copistería Celeste (C/Imperial 18, Valladolid) tienen los pdf’s de los seis números de La fanzine. Si queréis algún número, sólo tenéis que ir y pedírselo. Cada ejemplar sale a unos 0’70€ aprox]: Cinco ejemplares de la cuarta (Utopía) y otros cinco de la sexta (Tiempo). ¿Por qué estos y no otros? Porque a las ocho leerían en el bar Eclipse Rufino U. Sánchez (publicado en los números 3 y 4 de La fanzine) y Jorge M. Molinero (publicado desde la segunda).
II
Hace unas semanas vi en el Facebook de Jorge M. Molinero un comentario en el que se le invitaba a participar, junto a otros escritores, en la primera edición del Salón de Lectura en el bar Eclipse. Una iniciativa de Cristina Laguía y Ana Vara para dar a conocer su trabajo literario y someterse a la crítica directa de los asistentes, una vez al mes, acompañadas de varios escritores invitados. Al ver el comentario, me invadió una ilusión especial. Lecturas poéticas cerca de casa, con autores a los que no conozco (no había oído hablar antes de Cristina y Ana) o que sólo conozco por Internet, como Jorge y Rufino. Me pareció genial, además, porque en una ciudad grande como Valladolid, se echan de menos actos de este tipo. Tenemos La Curva (mi querida Curva), por supuesto, pero a parte de las propuestas de este bar y el festival Versátil.es, no hay muchos más eventos poético-literarios, al contrario de lo que sucede en la pequeña Logroño o en Madrid, donde a este paso lo raro va a ser que un bar no organice recitales de poesía.
III
Fui al bar Eclipse con Óscar y Pat. Allí ya estaban Cristina y Ana y un par de asistentes. La media de edad superaba con creces los cincuenta y le dije a Óscar en voz baja: “Tengo la sensación de que esto va a ser parecido a lo de Guadalajara. Si es así, luego te invito a dos copazos.” “Y me bailas desnuda.” Respondió él.
Me dio buena espina cuando, al ver que el público aumentaba, Cristina dijo: “Esperaremos un poco más, porque dos de los escritores invitados aún no han llegado.” Los dos autores eran, efectivamente, Jorge y Rufino. Me mola la gente con carisma.
Para hacer tiempo, las organizadoras presentaron el acto y las jornadas en general. Como adelantaba en el punto II, la intención de Cristina Laguía y Ana Vara es reunirse los primeros jueves de cada mes en el bar Eclipse para leer sus últimas creaciones y ser objeto de crítica de los asistentes. No se trata de un mero acto de exposición, sino que quieren que el público les hable, comente lo que han escuchado y lo sometan a un juicio crítico. A primera vista, su propuesta parece interesante. Pero seamos honestos: ¿quién se atreve a criticar la obra de quien tiene delante? Somos una cuadrilla de cobardes. Me incluyo porque pienso hacer los comentarios que no hice ayer bajo el escudo de Blogger. Disculpad mi osadía. Pero al resto del público no lo vi menos cobarde. Hablar de florituras cuando se quiere decir recurso excesivo de adjetivos que entorpecen el hilo de una historia vacía es un acto de puro cinismo.
Bien, hablemos de lo que importa.
Autores invitados: Luz Juez Ciruelos, Jorge M. Molinero y Rufino U. Sánchez.
Luz Juez Ciruelos leyó un relato que me revolvió por dentro. Realmente lo pasé mal. Muy mal. La historia se basaba, como ella misma dijo, en un hecho real. Un niño que nació en estado vegetativo. O algo así. La verdad es que mi mente se quedó en blanco mucho antes del final, cuando narró con todo lujo de detalles un parto terrible. Multitud de términos médicos y científicos que se me escapaban. Luego ella aclararía que trabaja (no recuerdo quién dijo que los escritores son como los súper héroes: tienen dos trabajos) en sanidad. Cuando terminó, Jorge se limitó a decir que le parecía un relato demasiado personal para juzgarlo. Alguien dijo que tenía un riqueza enorme de vocabulario. Yo diría que he leído prospectos de aspirinas con más sensibilidad poética que su relato. De todas formas, yo, tan digna y tan abortista como me pongo, noté el halo de la propaganda agresiva pro-vida a lo largo de todo el relato y he de reconocer que ese tema me pone muy tensa. Le daré una oportunidad leyendo su novela Roy Fitman y Aeris, que ha publicado online y que se puede leer siguiendo este enlace.
El relato que leyó se titula Dolor de madre y puedes leerlo pinchando aquí.
L
a poética de Jorge M. Molinero ya la conocía por su blog La juventud del otro y la verdad es que es uno de los poetas que más me gustan de los que publican en La fanzine. Me gustan los chicos con sentido del humor. Aunque a veces no me gusten mucho sus versos tipo chico Axe, es capaz de hacerme reír con sentencias tan machistas como las que versan en algunos de sus poemas, y hay que ser muy bueno para lograr algo así. Chapeau, Molinero!
Jorge tiene un libro publicado en Bohodón: Versos en el desierto, que puedes adquirir en las librerías Oletum y Margen de Valladolid. Para los de fuera, supongo que se podrá pedir a la editorial.
Rufino U. Sánchez, mucho más guapo de lo que imaginábamos Pat y yo -ay, qué superficial me pongo- fue el puntazo de la tarde. Llegó rematadamente tarde (valga la redundancia) y aun así se cascó una introducción a su obra. Con dos cojones. Olé Rufino. Y la verdad es que fue de agradecer, porque aunque ya presentaron el acto Ana Vara y Cristina Laguía -y, por si no fuera poco, salió a reiterar lo dicho el dueño del bar, Miguel Asensio, antes de comenzar el acto-, él aportó un gran soplo de aire fresco. Rufino es especialista en microrrelatos. Y de los micro relatos que realmente lo son y no relatos breves. Más cercano a la greguería que a la prosa poética; al chiste en ocasiones, a la sentencia clara y concisa que se explica por sí misma. Como a mí me gusta. Llámenme superficial. Habló del concurso Bólido sugiriendo que 80 palabras (el máximo admitido en ese concurso) son demasiadas. Aplaudí. No me siguió nadie, pero me di por satisfecha y disfruté como una enana de su lectura.
Rufino tiene auto-editado un libro, Cuentos en un suspiro, que puedes pedir siguiendo este enlace o en la tienda Nubeh (C/ Moradas, 17), en el bar Eclipse (C/ Lope de Vega, 1) y en Molduras La Rivera (Plaza Alberto Sánchez, 6) por el módico precio de 3€.
Ana Vara y Cristina Laguía fallaron en la extensión y en el drama. Historias sobre personas en coma, muerte, la tragedia de ser albino en África… Relatos que NO son para leer en voz alta. Demasiado extensos (de hasta cinco folios), demasiado lentos, demasiado adjetivados. Sólo me ha enganchado alguien leyendo en voz alta un relato y ese fue Juan Bonilla. El nivel está muy alto, señoras. Si leyera los relatos de Vara y Laguía en silencio, en la intimidad de mi casa, no descarto que pudieran llegar a interesarme, pero ayer no era el momento, ni las formas, ni el lugar. Empezando porque de fondo se escuchaba la música del bar. No puedo meterme en una historia si de fondo está cantando Carlos Baute.
Por lo demás, lo dicho, me parece una buena iniciativa, sobre todo para el barrio de La Rondilla, donde parece que nunca pasa nada. Si bien deberían tener en cuenta la extensión y el tono de los relatos. Y, sobre todo, apagar la música. Quizá es que Ángel en La Curva nos tiene demasiado bien acostumbrados, pero para eventos de este tipo es lo mínimo que se puede pedir.