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lunes, 3 de septiembre de 2012

Tipo de sueño Involutivo


Cuando una idea se desborda, inunda los sueños y aun anega las corrientes de sueño despierto manifestándose en estados de ensoñación más o menos tenaces, que van desde el simple duermevela hasta la divagación arrebatada o difícil de prevenir, y cuyas variantes se presentan a lo largo de las horas de vigilia y luego de las de dormición. Ejemplo de este tipo de sueño son ciertas manías, como la que impele al sujeto a sentirse atrapado o impregnado por la materialidad, por lo que busca ansiosamente recobrar su intuida realidad espiritual lavándose las manos una y otra vez, a veces hasta sangrar, así como eludir el contacto de las manos de los demás o de lo que han tocado, sintiéndose obligados a limpiar cubiertos y vasos en la mesa, los pomos de las puertas, etcétera, hasta acabar usando guantes permanentemente. También se da este sueño en quienes encuentran imágenes oníricas en las desigualdades de tono o superficie de una pared, tela u otro objeto, y las ven actuar, gesticulando y hasta desplazándose, de manera que es tan interpretable como cualquier otro sueño. 

De Enciclopedia de los Sueños, de Armando Carranza. Planeta, 1996.






martes, 14 de agosto de 2012

Eis encuadernado a mano por Marta Manero


"Frigorífico. El frigorífico es símbolo protector contra la corrupción y contra el paso del tiempo. Implica tregua ante el avance del tiempo y de males como los de la corrupción y el olvido. Véase qué se mete en el frigorífico o qué es lo que en él se halla, así como el estado en que se encuentra el propio electrodoméstico, a fin de establecer lo que implica su aparición en el sueño".
Armando Carranza. Enciclopedia de los Sueños. Editorial Planeta, 1996.





 Goidsargi Estíbaliz Carranza con el hombro descubierto.
Déjame pasar contigo esta noche en Udine. Puede que sea ésta la última noche. Déjamela pasar contigo en Udine. Ha sido todo un sueño. Todo un mal sueño. Déjame pasar contigo esta noche en Udine. Bitte. Per favore. Mesedez. Por favor.







viernes, 24 de febrero de 2012

Eis (fragmento)


 



7 de junio de 2011 

El hotel en el que se hospeda se encuentra en un paraje desangelado, a seis kilómetros de Cavazzo. Edelweiss se asoma a la ventana de su habitación. No es la idea de Italia que tenía, y la situación le pide un cigarrillo, pero es estricta consigo misma en ese tema. Nada de fumar durante el embarazo. 
Se da una larga ducha y lava toda su ropa a mano con champú. Espera que todo esté bien seco para la mañana siguiente, pero de momento tendrá que pasar lo que queda de día en la habitación, sin más arropo que una toalla. 
En la televisión no hay nada de interés. Parece que La Noticia no ha cruzado -aún- la frontera. Sólo hay un canal de música y predomina la italiana. Le parece insoportable la música actual italiana. Al menos la que televisan. Pero le hace compañía. 

Le apetece escuchar Man Made Lake de Calexico. Fumarse un maldito cigarrillo. Leer. Le apetece llamar a Luis, pero abandonó el móvil en el aeropuerto. Las paredes de la habitación son tan débiles que puede escuchar lo que ocurre en el cuarto de al lado. Se oye a una pareja. Edelweiss supone que este hotel es propio de camioneros y prostitutas. Y criminales. Su imaginación recientemente despertada construye una historia de encuentros en bares de carretera. De hombres cansados pidiendo cervezas escondidos del sol de junio que les persigue en la carretera. De mujeres que esperan con sus hijos a sus hombres cansados de trabajar en la carretera. De hombres que extrañan a mujeres no-concretas como extrañan el sexo y pagan con los ingresos familiares a mujeres que buscan hombres y calman su cansancio y soledad por unas horas para seguir viviendo de la calle y la soledad y el vacío de la distancia. Siempre la distancia. Siempre lejos de todo pero nunca lejos de sí mismos.

En la habitación de al lado alguien calma esa soledad con algo de sexo barato y desconocido. Edelweiss se pregunta si tan necesario es el sexo para pagar por él. Si tan necesario es el dinero. La prensa que hablará de ella dirá que su móvil siempre fue el dinero. También Edelweiss será una prostituta. Aquella puta a la que sus ex-parejas pagaron su negocio. Aquella puta psicópata que se negó a pagar sus deudas. 

Se ha hecho de noche y suena una balada en televisión. Edelweiss la tararea sin haberla escuchado nunca antes. Contra la ventana choca una polilla que busca la luz. Edelweiss la mira inexpresiva. Unos intentan huir. Otros se dan de hostias por entrar. Por huir de la oscuridad de la noche. 

Las aves nocturnas ven las cosas de manera diferente a como las ven las diurnas. Las emociones se intensifican en la oscuridad porque la penumbra evoca a lo profundo. Es fácil invocar la imagen de eternidad como un infinito negro. La oscuridad (y la luz cegadora) oculta los límites, de manera que, paradójicamente, los elimina, los abre; homogeneiza el medio. La habitación ya no nos protege. No hay lugar donde esconderse porque estando todo oculto, todo se hace visible. 

Edelweiss, acostumbrada a pasar las noches en negro, había engendrado una idea sobre la existencia muy simple: la vida no tenía ningún valor por su brevedad. Porque al morir la oscuridad lo fundiría todo y no había nada que pudiera detenerlo. No habrá nadie esperando que despierte. Todos darán por hecho que no existes. 

Edelweiss, ahora que ya sueña, parece que ha cambiado de opinión respecto a la muerte. La vida no parece tan insignificante ahora que parece tener dos. Se pregunta si comparte sus sueños con su hijo. Si son de su hijo. 
Nunca hubiera creído algo así. Debe ser imposible crear a partir de cosas que no conocemos. A no ser que su padre tenga razón y compartamos de forma innata recuerdos y conocimientos ancestrales. Esto convertiría a su bebé de dos meses en alguien más inteligente que ella. O al menos más culto. 

Este pequeño ser la aferra a la vida a pesar de todo. 
Aunque no haya escapatoria ni lugar para ninguno de los dos en esta vida.




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