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martes, 10 de julio de 2012

apostar por algo diferente


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Llegué a Málaga el 27 de junio a eso de las ocho de la tarde. Había viajado con Ryanair, como de costumbre, y en el avión me acompañó una familia insoportable. La madre, a mi derecha, acumuló hacia el final del viaje un basurero de vasos de plástico, envases de sandwiches y folletos informativos bajo unas sandalias de tacón que trataban de aparentar la clase que, sin duda, no tenía. La hija, adolescente tardía, simuló un ataque de ansiedad digno de un Razzie. Yo, como siempre, ventanilla. Delante de mí, otra chica viajando sola. Pelo largo rubio y ondulado, bombín negro y gafas de pasta. Una cucada. Si yo tuve que soportar a los padres, a ella le tocaron los hijos. Se me antojó un sombrero y me prometí no irme de Granada sin uno.

Allí ya me esperaba Engaño Progresivo. La Fundación Jorge Guillén había enviado 30 ejemplares por motivo de la presentación que haría al día siguiente en la librería-bar La Qarmita. Lo de la presentación fue idea de Daniel Barredo para que aprovechara bien el viaje. La casualidad quiso que mi poemario saliera de imprenta el día 25, de modo que el evento pasaría de ser una simple lectura a ser una presentación. Como era de esperar, me comían los nervios. No es lo mismo leer en ciudades en las que ya sabes que tienes un público, como puede ser en mi caso Valladolid, Logroño e incluso Madrid, donde conozco a varios poetas que nunca fallan, que leer en Granada, donde no me conoce ni Peter (salvo algún contacto de Facebook que aseguró su presencia aunque luego no se hizo visible). Pero tenía un ejemplar de Engaño Progresivo en mis manos. Una cosa sencilla, sin portada, sin biografía del autor, sin adornos. Una edición preciosa. Una maquetación ideal. Me gustan los libros que son más pequeños que los versos.

¿Pero quién vino a La Qarmita?

NADIE.

Allí nos vimos Daniel, la pareja propietaria de la libre-bar y yo, con un gin tonic de Bombay (a falta de Tanqueray) y una tapa intacta porque entre los nervios iniciales y la decepción de después se me había cerrado el estómago por completo. Malas fechas. Partido de Italia y Alemania. Local nuevo (abrió apenas hace cuatro meses). Y yo, claro, que por mucha peluca rosa que me ponga sigo siendo una nobody. Me acuerdo del COLMO y de ese tipo de correos que a colación de un evento literario de alguien, quien fuera, se decía: Vamos a ir alguno de nosotros al menos, porque si no vamos nosotros, no va nadie.
Así que así me quedé, sin presentación y sin lectura, pero con dos gins y el libro de Diana J. Torres Pornoterrorismo, lo cual supuso un desembolso de dieciocho euros, cuando el objetivo inicial era haber vendido alguno mío.

Apunte: Hay
Engaños Progresivos en La Qarmita. Solo cuestan seis euros. Por si os interesa. La Qarmita está en el número 20 de la calle Águila. Es un sitio muy bonito y tienen una sección entera dedicada a lo queer, lo cual está muy bien.


Pero vayamos a lo que nos interesa realmente: El rodaje de EVB – Documental.

Con todos ustedes, el elenco de personajes:

Daniel Barredo

Escritor.
Autor de El Viaje a Budapest.
También ha publicado recientemente La Rebelión de las Tortugas (Obra ganadora del III Concurso Literario Nuevos Creadores)


  Mariana Lozano Ortiz

 Actriz, filóloga y gestora cultural.

Su web: http://marianalozanoortiz.wordpress.com/





Fran Fernández

Cantautor.
Su web: http://franfernandez.com/

Miguel Ángel Manzanas

Poeta.
Ha publicado el poemario Cuaderno de Paseo (Vitruvio, 2012)




Karen Guldhammer Skov

Violinista e iustradora en la editorial gallega Hugin e Munin



Alejandro Tobar

Editor en Hugin e Munin y co-guionista de la primera película porno en gallego.




Álvaro Iranzo

Cantautor.
Puedes ver varias de sus actuaciones en su canal de youtube.


Molina
Vocalista del grupo punk Borriqueros (antes conocidos como Luis Rikardo Borrikero y su Amigo el Farfollas)
http://www.borriqueros.com/





 Y, por supuesto, Dominique, guionista y directora de esta historia.

Fuera de cámara pero igual de importantes en este sarao:

Víctor Miguel Gallardo Barragán
Editor en Ediciones Dauro.






José Alberto Andrés
Redactor de viajes en El País  y en La Razón, y autor de la aclamada novela por fascículos Mi Amor y mi Jamón.




Beatriz Melguizo Madrid
Granada. Ojos azules. Pese a ser groupie de los cantautores, no le gustan ni Sabina ni Quique González.





El lugar de los hechos: Villa Cristobel, en Moraleda de Zafayona. 




Como veis, un lugar agradable, lejos de la civilización y con una piscina reconstituyente para la resaca.

Como he visto películas de terror desde que tengo uso de razón, he de reconocer que iba un poco acojonada. También porque tengo muchísimo miedo a la muerte y siempre pienso que va a ser el día D.
Por eso, cuando vi aparecer en el quicio de la puerta la silueta de un galgo gris, me lo tomé como una señal catastrófica. Como el cancerbero a las puertas del infierno. You know. 
Sin embargo, aquel animal resultó ser adorable. Al principio nos temía, hasta que nos sentamos a cenar y le dimos algo. A partir de ese momento fue nuestro amigo forever.

Molina, Víctor, Fran y yo con el galgo.
Y la guitarra.

A juzgar por el temor inicial y que después no se separó de nosotros en todo el fin de semana, llegamos a la conclusión de que el pobre Bobby, Petra (hubo un momento en que nos pareció que era hembra) y/o Buda (de Budapest) había sido abandonado. Una verdadera pena, porque a todos nos cayó muy bien, y aunque a cada uno de nosotros nos hubiera gustado llevárnoslo, al final tuvimos que dejarlo allí, donde se nos apareció, con la esperanza de que pudiera encontrar algo mejor. 

Preparando la cenita del 29 de Junio


Durante la cena, se hicieron las presentaciones pertinentes. Quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos. Y después, los cubatas. Gin tonics marca Hacendado, vodka con lima (oh, sí), y todos de cabeza a la piscina.

Al amanecer.

El equipo de rodaje, con Dominique a la cabeza, aparecen a eso de las 8 de la mañana. ¡Y acción!

EVB - Documental

¿Pero esto qué es?

En palabras de la directora, Dominique, el objetivo de este proyecto "es convertir a Daniel Barredo, El Viaje a Budapest y lo mejor que ambos nos han aportado, en un documental ameno, bien hecho, con ritmo y un mensaje claro:  Sed libres, disfrutad, imponeros. Existe un mundo mejor y, claro, otra literatura. Si unimos nuestras fuerzas, ganas e ilusiones, entre todos conseguiremos hacer algo grande, hermoso, capaz de transmitir sentimientos, ideas, conversaciones reales... y lo mejor de todo, ¡Nos divertiremos juntos!"


Tras toda una noche sin dormir y con una resaca brutal -esa clase de resacas que solo te puede dar el alcohol más barato-, y tras mis treinta minutos de rigor alisándome el pelo frente al espejo, empieza la acción.

Álvaro Iranzo, Molina,vuestra idolatrada blogger y Daniel Barredo

No quiero contar mucho del documental para no destripároslo demasiado... Diré, no obstante, que será difundido por Internet y que me voy a hartar de compartirlo por las redes sociales. Diré que yo salgo tanto como Adriana como Awixumayita, lo que quiere decir que me veréis haciendo lo que mejor se me da: titubear y beber Martini mientras luzco peluca fucsia.


Fue un rodaje express. Para eso de las ocho de la tarde más o menos ya habíamos terminado y el equipo de rodaje empezaba a recoger. Dignos de mención todos los chicos y chicas del equipo. Todos nos quedamos alucinados con su profesionalidad y su paciencia infinita para soportar a una cuadrilla de resacosos que se bebían hasta la sangría del atrezzo.

Y es aquí, acabado el trabajo, cuando empieza la debacle. Yo, a la sombra, leo Pornoterrorismo. No contaba yo con que me fueran a enganchar tanto las palabras de Diana J. Torres. Estoy ensimismada en el libro. Desde hace unos meses me interesa bastante el tema del transfeminismo, el transgénero y la identidad, de siempre, también, claro. Pero algo me perturba. Es José Alberto ligando a gritos por el Whatsapp de los cojones con una amiga de Daniel Barredo: Bea.

J.A quiere que B. venga esta noche al fin del mundo, pero B. no lo tiene muy claro. Como yo quiero un Lucky, Barredo tiene el coche y Molina las ganas de apuntarse a cualquier cosa, bajamos (o subimos) los cinco a Granada en busca de los ojos azules de B. Con el gran manejo de Molina para coger botellas de cerveza del maletero desde el asiento de atrás, y mientras suena mi gran Awi Mix Granada 2012, vamos con el punto justo para que se nos ocurra inventarnos una personalidad diferente mientras cantamos What You Know. Molina será un vagabundo alemán que nos hemos encontrado en la carretera. Le enseño alguna frase en alemán. Yo seré lesbiana. Me dicen que tenga cuidado, que a B. también le van. Pese a mi clara orientación heterosexual me hace gracia el juego y reto a J.A a ver quién se la liga antes. Pero cuando llegamos al lugar acordado me vuelve la vena hetero y no me veo capaz de seguir con el juego, aunque la chica parece súper maja y dispuesta a ponerse una peluca rosa conmigo. Allá donde voy, peluquitas.

Molina tampoco pudo sucumbir a los encantos de la peluca rosa.

Otra noche sin dormir digna de campamento de verano. Regalando nuestras obras entre los presentes. Dedicatorias chorras en los libros. Chicos que bailan con las fregonas. Veinte maneras de molestar a Manzanas en su habitación y José Alberto en el armario. Bea en bikini, y el galgo soñando bajo la mesa. Piscina y poeta madrileño intentando meter mano. Mariana leyendo Engaño Progresivo dice Me gusta y yo me pongo contenta. Y el domingo, fin.

Cada uno a su destino y el galgo con cara de pena en la villa. Se constata lo que nos imaginábamos: nadie se lo puede llevar. Molina me da su sombrero de cuadros (regalo de una promoción de DYG), con lo cual cumplo mi deseo del principio: aterrizar en Frankfurt con sombrero.

Mi avión sale el lunes a las siete, así que tengo todo el domingo para ver Granada, para ir de tapas y ver el final de la Eurocopa (por qué no).

Vemos el partido en un pub súper chachi regentado por un matrimonio joven de español e italiana: La Tortuga. El ambiente es muy underground y me flipa. Hay libros sobre la barra y un fanzine colgando. Dejo un Engaño Progresivo ahí, a sabiendas de que en el momento en que alguien lo coja no volverá a la barra, y que es más posible que termine en la basura que ante un lector interesado. Hay fotos de familia en la pared. La familia que se ha ido creando en ese bar, y las fotos son de todos ellos tan jóvenes, como ya no lo son. Es mi rincón favorito de Granada. La italiana se enfada por los cuatro goles que mete España y uno de los parroquianos se queja, no porque haya ganado España, si no por el resultado. Él apostó veinte euros por algo diferente.


Y al final, supongo, que todo se resume a eso: a apostar por algo diferente. Llegar a Granada con la ilusión de presentar un nuevo libro, conocer gente diferente, hacer algo nuevo, tener un vodka con lima en la mano y volver con bombín.

Y volver. Con el sombrero y una lluvia torrencial desde la estación hasta casa, mientras en el MP4 suena Lana del Rey. Escucho Lolita y hago un recuento de lo ocurrido. La no-presentación, las calles repletas de gente los días de partido, los pitidos y las banderas la noche del domingo. Treintañeros enganchados a Internet desde su móvil, la falsa idea de libertad, y qué es literatura, y qué es literatura sucia, ¿hay sucios y limpios, acaso? ¿Quién se salva? Recojo otra pintura del suelo. Desde hace unos meses colecciono lápices de colores que encuentro en la calle. Es increíble la cantidad de ellos que hay. Hay cosas muy fáciles de perder. Y llego a casa empapada y soy yo, y este es mi sitio, aunque todo lo aquí construido sea estéril, tan caduco, y fumo, suena Tulsa y llaman a la puerta, y.






jueves, 22 de diciembre de 2011

"Buen viaje a la eternidad"





En t'attendant by Melanie Laurent on Grooveshark


Alexander Endl
El tren se ha adelantado dos horas. Según el billete llegaríamos a Frankfurt HBF a las seis de la mañana, pero lo hemos hecho a las cuatro. Me da la sensación de que mucha gente no se ha dado cuenta. De hecho a mí me ha costado reaccionar. Iba muy dormida, convencida del horario que marcaba mi billete. En el mismo compartimento que yo, iban una señora y su perro, muy pequeño. Ambos dormidos. El perro también se sobresaltó cuando paramos en Frankfurt, pero como su dueña seguía durmiendo, él volvió a recostarse. Me pregunto si también tenían que haber bajado aquí.

Tendré que vivir con la duda de si debí haberla despertado.

Así que aquí me he visto, de madrugada en Frankfurt, y el autobús que va hacia el aeropuerto de Hahn no sale hasta las seis. Ahora me encuentro en la cafetería del McDonalds, donde me estoy tomando el peor café de mi vida previo pago de un euro. Detrás de mí hablan en ruso.

Alexander Endl
No habría entrado porque ya me tomé un capuccino en otro sitio de la estación al bajar del tren. No me hubiera importado quedarme en un banco de la estación viendo pasar el tiempo y la gente. También hubiera dado un paseo por los alrededores.

He salido un momento y he sentido algo que no recuerdo haber sentido antes de la misma manera. He sentido una soledad inmensa ante la enormidad. Parecida a esa soledad inmensa que me causa pensar en una eternidad de no existencia. Me ha dado miedo la calle desierta y silenciosa; constructo de edificios imponentes, de luminosos de publicidad. Todo demasiado grande, y silencioso, y oscuro. Me he acordado  de las últimas palabras de Sara  por Gtalk  antes de salir de casa. Buen viaje a la eternidad. Me ha dado muchísimo miedo. Sé que se refería a la noche de trenes que me esperaba de Bayreuth a Nürnberg a Frankfurt y el bus a Frankfurt Hahn. He pensado en ese viaje a la eternidad estando ahí fuera y me he emocionado hasta la lágrima, pero me he secado pronto la cara, porque no podría explicarle a nadie qué me pasa. Que me da miedo volar y que me da miedo Frankfurt con sus edificios colosales y su arquitectura imposible. Y me he acordado de que esta mañana una chica lloró en clase, y lo hizo después de preguntarme cuándo volvería a España por Navidad, y yo le dije Esta noche, pero luego no fui capaz de decir una palabra más ni preguntarle por qué lloraba, ni si podía ayudarla. something. Y el resto de la clase también como si nada, salvo su amiga, que le tendió un paquete de kleenex deslizándolo por la mesa hacia ella, sin dejar de tomar apuntes, y un leve roce en su muñeca, compasivo, hasta que se secó las lágrimas y se unió a la tónica general de la clase, como si nada hubiera en el mundo más importante que las structural explanations. Así que yo también me sequé las lágrimas y volví a la estación, como si no hubiera nada más importante que volver a casa por Navidad. Ya dentro, encontré carteles con el rostro adolescente y alemán de una niña de catorce años, desaparecida hace unas semanas.

Este mundo de mierda que nadie echaría de menos.

Es ahora, después de ver la cara, la gran sonrisa, de la niña desaparecida, cuando decido sentarme en cualquier banco de la estación. Me aborda entonces un mendigo en alemán y finjo no entenderle en español para que se vaya, pero me responde emocionado que él es de Córdoba y me empieza a hablar y a pedir dinero chico, sólo diez o cinco euros, pero no tengo más que para otro café y el bus a Hahn y no quiero darle explicaciones. No sé qué me pasa con Córdoba. Por qué siempre aparece de cualquier manera. No quiero darle explicaciones, no quiero hablar con nadie, y me refugio en la cafetería del McDonalds , a tomar el peor café de mi vida, a pensar en la niña desaparecida, en las millones de almas que pueblan este mundo de mierda y que se creen inmortales. Me acuerdo de July Delpy en Waking Life y a mí tampoco me salen las cuentas. Suena El lugar donde viene a morir el amor de Zahara. Justo. Y vas a morir en este momento. Van a dar las seis y no quiero perder el autobús porque no me quiero quedar en Frankfurt y volverme a encontrar con el de Córdoba.

Será en la cola para embarcar cuando tiemble y trate de aprender a respirar y deje sin despertar a otra chica que, al parecer, también ha pasado la noche de viaje, para que no suba al avión y muera como todos nosotros. Podré salvar una vida si no la despierto, pienso, y entrego mi tarjeta de embarque y me siento en ventanilla y dejo la nieve y las nubes debajo, y el vértigo en la sangre, adrenalina de feria, y, de repente, todo deja de ser tan importante.

Sólo me dedico a dejarme volar.


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