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jueves, 30 de agosto de 2012

mi castillo

dentro de unas horas me van a sacar sangre. busco material para el blog Erosionados.tengo muchas cosas que hacer y no hago nada. creo que me estoy colgando. recojo de la estantería el juego favorito de cohen. No son horas para releer. acabo de leer antibiótico. Lo que me ha gustado, me ha gustado mucho, pero. decepción. logroño se intensifica. me escapo para sumergirme. reencuentro con mi castillo. no me quedan juguetes en el pueblo, solo espacios en el jardín. ese era mi castillo.


hace frío. el cementerio. matamos flores del jardín para los muertos. creo que me estoy colgando. me sacan sangre. cohen. yo veía el castillo. las dos plantas, las habitaciones. veía el lujo inmenso. lo recordaba así. las barbies de elisa tenían un chalet rosa de plástico. Las señoras del pueblo que no me conocen me dicen
hemos leído tu libro [el rosa]
nos ha encantado
los que te conocemos. los que te conocemos.
sabíamos que eras especial.

yo solo inventaba espacios en el patio. hablaba sola como buena hija sola. y temía a los insectos.

sabíamos que eras
es_pe_cial.

pero hace más de cinco años que no salgo del jardín cuando voy y casi diez desde los panties fucsias.


la hija de la valle, la nieta de la milagros, la sobrina de camacho. [pink floyd y el bar vacío]

me atrapo en el patio y me cuelgo. se escapa cat power por la calle. canto tirada en la hierba.

sabíamos que eras
especial.

te conocemos.

las ventanas van a dar aquí. rescato insectos de la piscina. dejo que recorran mis brazos. sumergirme es dejarme al margen. hace frío.

flores muertas. ya no soy capaz de ver el castillo.
soy un reino muerto.

las señoras miran las cicatrices

(in nomine patris)

no me miran a los ojos
           /porque/ no me conocen.





Para los niños, las cicatrices son medallas. Los amantes las utilizan como secretos que revelar. Una cicatriz es lo que ocurre cuando la palabra se hace carne.
Es fácil mostrar una herida, las honrosas cicatrices de la batalla. Es duro mostrar una pústula.
Leonard Cohen. El juego favorito.

miércoles, 22 de julio de 2009

Muñecas


Me sentí como una botella rota, arrastrándome por el pasillo y dejando un hilo de vida en cada movimiento, sin dolor, sólo sangre oscura, y ellos quietos al final del corredor, esperando y observando con un rictus que oscilaba entre la tristeza y la admiración. Alguno de ellos aplaudía, animándome como si fuera partícipe de una carrera, aunque esta vez sólo competía conmigo misma; otros simplemente flotaban, o reían, o me disparaban con pistolas de agua.

Pudo haber sido sólo fruto de mi imaginación, pero recuerdo cómo las paredes se iban estrechando y el pasillo iba creciendo, y cada vez ellos estaban más lejos, aunque yo me arrastraba cada vez más deprisa porque ya no me quedaba casi nada dentro, y aunque recuerdo ante todo tener sed, no fue tanto por necesidad como por antojo.

A mi paso dejé también mis dientes para no morderme la lengua cuando me reencontrara con mi pasado y preguntarle qué sentido había tenido llegar hasta aquí si en realidad, al menos una parte, no salió nunca de aquella casa de muñecas.

Realmente en mi boca aún quedaban pelos ásperos de Barbie que a veces parecían naturales y otras sólo algo hirsuto enredado con hojas secas o de pino o simple tierra. Los cimientos rosas de mi infancia y de la suya estaban ligeramente oscurecidos, pero sobre todo agrietados y contaminados por los errores que hemos cometido desde entonces, por las llamadas de atención, por el vicio y porque pese a todo fuimos niñas hasta muy tarde y cualquier acto que cometiéramos hasta hace poco resultaba perturbadoramente obsceno para el resto. Ese resto que ahora me esperaba, no sé si riéndose de mí o de mis circunstancias. Y a ella en otro corredor, el de la muerte, después de haber pasado las noches más estúpidas y memorables de su vida en algún festival de techno, con el pelo enredado en tierra
a la intemperie.

lunes, 22 de junio de 2009

Mute

En 1994 Barbie dio un paso adelante: en ese año se presentó el nuevo modelo “Barbie Hablemos tú y yo”, que era capaz de pronunciar hasta 10.000 frases en 10 lenguas diferentes.




El sábado, después de ver Synecdoche, me puse el final de Amélie.

Si no lo he dicho en este blog, lo habré dicho en la vida real: Amélie es una película de Fotolog. Pero esto lo dije durante aquella época de estupidez supina que me duró casi dos años. Antes, cuando comencé la carrera, cuando comencé este blog, cuando vi por primera vez Amélie, no se me hubiera ocurrido decirlo. Aunque lo es, las cosas como son. Como los amantes del círculo polar. Son películas cuyos títulos o frases significativas aparecen en la cabecera de los fotologs, con estrellitas, en un baile de minúsculas y mayúsculas, sobre la última foto del niño emo o la pareja de adolescentes que no tienen ni puta idea de lo que es querer a alguien hasta anularse, con frases del tipo: “Te QuiEroO mI XinO eRmOozzzzZZZOO”


La cuestión es que me puse a llorar como una gilipollas, y me acordé de aquella Barbie Hablemos Tú y Yo. Comúnmente conocida como la Barbie que hablaba.


Por aquel entonces yo vivía en Miranda de Ebro, y por la calle Concepción Arenal, había una tienda de Todo a 100 que siempre recuerdo naranja, en cuyo escaparate estaba esta muñeca.


Cada vez que pasaba por delante con mis padres, me quedaba estática como una subnormal frente a ella. Creo que la primera vez que la vi simulé un desmayo. Es que ya desde pequeñita apuntaba maneras. Pero nunca me la llegaron a comprar.


Aquella tienda estaba dividida en dos pisos. La planta baja era un Todo a 100 de toda la vida, con sus muñecas chinas de plástico, huecas, con poco pelo y fácilmente desmontables, a las que mi madre llamaba “marías”. En la parte de arriba estaban las Barbies y otros juguetes de mayor prestigio. Mi madre me tenía prohibido subir. Allí arriba, evidentemente, es donde estaba la Barbie que hablaba, y no la hubiera llegado a ver si no fuera porque la bajaron al escaparate.


Pero yo la había visto ya antes, en la revista del Club Barbie al cual estaba suscrita. Y me tenía tan loca como me tienen hoy Bellamy, Mars Volta o Risto Mejide.


Lo que me sorprende es que me recuerdo muy triste, cuando sé que en realidad por aquel entonces yo era muy feliz. Me recuerdo tímida, pero no autista, e incluso era popular, dentro de todo lo popular que se pueda ser con ocho años…

Era Victoria cuando imitábamos a las Spice Girls, a la fiesta de mi noveno cumpleaños acudieron muchísimos amigos, y por la noche llené de lágrimas un yogurt, y comprendí por primera vez por qué se ib­a a terminar todo.


Pero hasta entonces yo era muy feliz.


Me pregunto si el hecho de que yo quisiera la Barbie Hablemos Tú Y Yo transcendiera a las típicas razones que llevan a una niña a querer una muñeca y no otra. Y no sólo quererla, si no el no haberla podido conseguir. Del mismo modo que estaba loca por las sirenas, con el trasfondo de Ariel, y por Pícara en la serie que ponían de lunes a viernes en Telecinco antes de aquella aberrante serie que tenía locos a todos los niños y que se titulaba Power Rangers.


Ahora no puedo hablar, como tampoco pueden tocarme, y no conseguiré reponerme…


Sólo consigo que mi corazón se retrotraiga y a día de hoy sólo queda un pequeño pellejo palpitante.


Así que lloré, claro que lloré viendo el puto final de Amélie, y tuve ganas de llamarte y preguntarte:


¿Me quisiste así? Dime que me quisiste así, dime que se me puede querer así, joder, dime que me quisiste, hijo de puta, dime que me quisiste tanto y que aún te duele recordarme, cabronazo, dime que me quisiste así, y así y mejor me querrán otros tantos.



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