En 1994 Barbie dio un paso adelante: en ese año se presentó el nuevo modelo “Barbie Hablemos tú y yo”, que era capaz de pronunciar hasta 10.000 frases en 10 lenguas diferentes.

El sábado, después de ver Synecdoche, me puse el final de Amélie.
Si no lo he dicho en este blog, lo habré dicho en la vida real: Amélie es una película de Fotolog. Pero esto lo dije durante aquella época de estupidez supina que me duró casi dos años. Antes, cuando comencé la carrera, cuando comencé este blog, cuando vi por primera vez Amélie, no se me hubiera ocurrido decirlo. Aunque lo es, las cosas como son. Como los amantes del círculo polar. Son películas cuyos títulos o frases significativas aparecen en la cabecera de los fotologs, con estrellitas, en un baile de minúsculas y mayúsculas, sobre la última foto del niño emo o la pareja de adolescentes que no tienen ni puta idea de lo que es querer a alguien hasta anularse, con frases del tipo: “Te QuiEroO mI XinO eRmOozzzzZZZOO”
La cuestión es que me puse a llorar como una gilipollas, y me acordé de aquella Barbie Hablemos Tú y Yo. Comúnmente conocida como la Barbie que hablaba.
Por aquel entonces yo vivía en Miranda de Ebro, y por la calle Concepción Arenal, había una tienda de Todo a 100 que siempre recuerdo naranja, en cuyo escaparate estaba esta muñeca.
Cada vez que pasaba por delante con mis padres, me quedaba estática como una subnormal frente a ella. Creo que la primera vez que la vi simulé un desmayo. Es que ya desde pequeñita apuntaba maneras. Pero nunca me la llegaron a comprar.
Aquella tienda estaba dividida en dos pisos. La planta baja era un Todo a 100 de toda la vida, con sus muñecas chinas de plástico, huecas, con poco pelo y fácilmente desmontables, a las que mi madre llamaba “marías”. En la parte de arriba estaban las Barbies y otros juguetes de mayor prestigio. Mi madre me tenía prohibido subir. Allí arriba, evidentemente, es donde estaba la Barbie que hablaba, y no la hubiera llegado a ver si no fuera porque la bajaron al escaparate.
Pero yo la había visto ya antes, en la revista del Club Barbie al cual estaba suscrita. Y me tenía tan loca como me tienen hoy Bellamy, Mars Volta o Risto Mejide.
Lo que me sorprende es que me recuerdo muy triste, cuando sé que en realidad por aquel entonces yo era muy feliz. Me recuerdo tímida, pero no autista, e incluso era popular, dentro de todo lo popular que se pueda ser con ocho años…
Era Victoria cuando imitábamos a las Spice Girls, a la fiesta de mi noveno cumpleaños acudieron muchísimos amigos, y por la noche llené de lágrimas un yogurt, y comprendí por primera vez por qué se iba a terminar todo.
Pero hasta entonces yo era muy feliz.
Me pregunto si el hecho de que yo quisiera la Barbie Hablemos Tú Y Yo transcendiera a las típicas razones que llevan a una niña a querer una muñeca y no otra. Y no sólo quererla, si no el no haberla podido conseguir. Del mismo modo que estaba loca por las sirenas, con el trasfondo de Ariel, y por Pícara en la serie que ponían de lunes a viernes en Telecinco antes de aquella aberrante serie que tenía locos a todos los niños y que se titulaba Power Rangers.
Ahora no puedo hablar, como tampoco pueden tocarme, y no conseguiré reponerme…
Sólo consigo que mi corazón se retrotraiga y a día de hoy sólo queda un pequeño pellejo palpitante.
Así que lloré, claro que lloré viendo el puto final de Amélie, y tuve ganas de llamarte y preguntarte:
¿Me quisiste así? Dime que me quisiste así, dime que se me puede querer así, joder, dime que me quisiste, hijo de puta, dime que me quisiste tanto y que aún te duele recordarme, cabronazo, dime que me quisiste así, y así y mejor me querrán otros tantos.
