Por un momento... me perdí.
El agua de la olla hierve, la oigo desde aquí. El vapor ha tomado la cocina, como los zombies hicieran con Racoon City. Ya ves, a veces todo es tan simple como un juego de la play.
Llevaba ya un par de meses picando a Sara porque en marzo vería a Tokio Hotel en concierto y estaba muy emocionada por ello. Que si iba a llevar el pelo como el cantante, que si se iba a peinar el flequillo a lo emo, que si tal y que si cual; el caso: todo el santo día tocándole las narices por el puñetero concierto.
Es más, incluso en mi agenda tenía escrito el día del susodicho: Sara a a ver a Tokio Hotel, ¡que valor!
Mi amiga erótico-festiva (si visitáis su blog sabréis el porqué de este apodo) no pagó la friolera cantidad de euros que costaba el dichoso espectáculo emo-púber-pijo-depresivo, sino que un familiar suyo le había conseguido un pase VIP, lo cual la convirtió en la envidia de todo el foro de fans de TH. Lo que nadie se esperaba era que a su acompañante le surgiera un imprevisto y mi amiga Sarita se viera aturdida y sola, pensando ¿Y ahora con quién voy?
Y lo que yo no me esperaba es que fuera precisamente a mí a quien se lo pidiera.
¿Ir a ver a Tokio Hotel con pase VIP? Parecía una idea tentadora, ¿verdad?
La´stima que al final se suspendiera el concierto... ¡Y yo preocupada porque una niña emo más merecedora que yo de tener esa entrada estaría llorando en casa, viendo fotos del grupo en la Loka Magazine! Ahora ya puedo dormir tranquila, ¡porque todos los emos que estuvieron haciendo cola desde el fin de semana compartirán el dolor de esa pequeña emo!
Pero qué patéticos, pero qué patéticos.


