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domingo, 17 de junio de 2012

Un pedacito de Eis

2008

Catherine Deneuve en Belle de Jour. Luis Buñuel, 1967.


    Esconderse o huir. Buscar ayuda en los mínimos conocidos, seducir a cámara, a la mirilla, de madrugada, decir “déjame entrar, he matado a mi (ex)marido”. “He descubierto que todos mis amantes me son infieles”. Cerrar la puerta por dentro, hacer el amor y tratar de dormir con tranquilidad aun sabiendo que nunca ha de fiarse una de  los hombres, que a la mañana siguiente él la va a delatar.

- ¿Me tienes miedo?
- No, Edelweiss. Nos conocemos desde hace muchos años.
- Sé que es muy tarde pero.
- Entra.

    Joseph le ofrece café. Algo de comer.

- Solo quiero dormir. He de coger un tren temprano.

    Joseph quiere cogerle de la mano. Sentir la presión. Sentir que es suya o él es de ella. Un mínimo contrato de dependencia. Dormir juntos. Comprenderla. Decirle que la comprende. Que no la juzga. Que entiende sus razones para matar. Llevarle el desayuno a la cama. Hacer el amor antes de comer. Pero ella no quiere café. Solo quiere dormir. Se lleva la mano derecha a la boca y apaga un bostezo. Le cambia la expresión del rostro porque con solo verle a él ya sabe qué está pensando y se enciende un cigarrillo.

- ¿Sabes? Lo he pensado mejor.

    Y Edelweiss retrocede hacia el sótano de la heladería y se enfrenta sola a lo que ha hecho. Joseph se queda con las ganas de ser su confidente y  amante. Edelweiss decide no huir. A la mañana siguiente ya tendrá una mentira preparada para explicar la desaparición de su marido. Joseph la saludará como siempre, como un simple vecino, porque n-u-n-ca ha pasado n-a-d-a.

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