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martes, 27 de noviembre de 2012

“Es un grito de guerra para demostrar de qué pasta está hecha nuestra generación”

El pasado 23 de noviembre, viernes, se estrenó en Granada el documental El Viaje a Budapest, donde aparece vuestra adorada bloguera con peluca fucsia y martini en mano cual diva paria de la poetry under culture retromachine. 


A continuación os dejo la entrevista que hicieron a la directora, Dominique Bertholet, en GranadaDigital.com.






Cultura | Esco GD | Granada

“Es un grito de guerra para demostrar de qué pasta está hecha nuestra generación”

Dominique Bertholet dirige el documental 'El viaje a Budapest', que se estrena este viernes en ESCO

Marta Eulalia Martín / ESCO

Dominique Bertholet y Daniel Barredo


Un fin de semana de junio de 2012, nueve jóvenes artistas se reúnen en una casa con piscina en Moraleda de Zafayona (Granada), rodeados de unos paisajes incomparables y con más de cuarenta litros de alcohol en la despensa. El objetivo es examinar más de cerca a Daniel Barredo, pero también beber, hablar, y en definitiva reflejar las inquietudes de toda una generación.
Este viernes a las 19.00 horas la Escuela Superior de Comunicación y Empresa (ESCO) acoge el estreno en Granada del documental ‘El viaje a Budapest’, un análisis sobre el libro homónimo de Barredo, que consiguió el Premio Andalucía Joven de Narrativa 2011. La directora es Dominique Bertholet, graduada en Periodismo por ESCO. El 90% del equipo técnico de este documento audiovisual está directamente relacionado con ESCO.
Bertholet es una periodista vocacional y graduada, que se siente “muy orgullosa de pertenecer a la tercera promoción (2003-2007) de ESCO porque, para mí, es casi una familia que, incluso años después de haber finalizado mi relación académica con ellos, siguen demostrándome y brindándome su apoyo incondicional”. Asegura que aprendió mucho y conoció a profesionales “maravillosos” durante su periodo en La Opinión de Granada, que acabó con su cierre. También trabajó durante tres años para Riff Raff Entertainment y LNAI Récords, donde “maduré bastante a nivel profesional”, afirma. Su siguiente paso fue un postgrado en Marketing Online a través de la Universidad de Barcelona y OBS. Actualmente es Community Manager Freelance y subraya que es “muy feliz porque hago y vivo exactamente de lo que más me gusta, comunica o muere”, frase que da título a su página web.
PREGUNTA.- ¿Cómo surgió la idea de hacer un documental sobre este libro?
RESPUESTA.- Todo empezó en una mañana de libros y reivindicación, exactamente, el 5 de mayo. Mientras, en Granada, nos manifestábamos contra la precariedad laboral que sufre el periodismo en estos días. En Salobreña, Jesús Lens, director de Comunicación en Caja Granada, presentaba su libro ‘Café-Bar Cinema’. Aquel día deseé tener ‘superpoderes’ para estar en dos sitios a la vez pero, finalmente, tuve que elegir y me quedé con mis compañeros de profesión luchando por un futuro más digno.
Lens me dejó en Salobreña un ejemplar de ‘El viaje a Budapest’ de Daniel Barredo con una dedicatoria irresistible que convertía en necesidad el inicio de su lectura. Aquella novela había ganado el Premio Andalucía Joven de Narrativa en 2011 y estaba firmada por un escritor de Bilbao, sin pelos en la lengua, que tenía unos 30 años y vivía en Cenes de la Vega.
En cuanto acabó la manifestación, me hice un Granada-Salobreña en un ‘pis-pas’ y entonces, me sumergí en aquellas páginas que, desde el prefacio, no sólo captaron mi atención sino que, prácticamente, me hicieron perder la cordura.
Un tipo crápula y soez que hablaba en primera persona y bautizaba al protagonista de su libro con su propio nombre. Intenso, directo, dolido y enfadado con el mundo a causa de la falta de oportunidades que agrede a nuestra generación. Un tipo que vive por y para la literatura, el sexo y el deporte. Un emprendedor, algo extravagante, que consiguió removerme las entrañas desde la página uno…
Devoré aquella novela con cierta ansiedad. La leí de un tirón (son sólo 156 páginas) y una vez acabada, sentí la necesidad de averiguar personalmente, atentando contra esa magia literaria que fusiona realidad y ficción, si de verdad autor y personaje eran sólo uno.
Hablé sobre el libro con Lens, vía Facebook, y él etiquetó a Barredo en uno de mis comentarios. Ahí empezó todo. Nos conocimos, encajamos, me planteó la posibilidad de grabar un documental sobre su novela y enseguida me propuso escribir el guión a medias y que yo misma dirigiera el proyecto. Él lo achaca a mi entusiasmo y yo, a día de hoy, sigo sin explicármelo pero, ¡Aquí está! Terminado y deseando ser juzgado y disfrutado por todos.


Durante el rodaje


SIN UN CÉNTIMO
P.- ¿Qué anécdotas del rodaje destacaría?
R.- De pre-rodaje, rodaje y post-rodaje ¡Anécdotas hay para aburrir! Pero sinceramente, lo que más destacaría es, sin duda, todo lo que hemos conseguido hacer sin tener ni un céntimo de euro. Rebobiné hacia mi época en ESCO y tiré de agenda para rodearme de grandes profesionales como Fernando Guerrero, que se ha ocupado de la post-producción, Gonzalo Schiaffino, que ha estado detrás de una de las cámaras, Alba Álex, que es un crack en producción, Daniel Izquierdo que es y será un apoyo fundamental para mí, ahora y siempre, además David Tamayo, antiguo alumno de la Escuela Superior de Comunicación Audiovisual (ESCAV), sangre de mi sangre y responsable del sonido y la banda sonora de la criatura, por cierto, ¡Impresionante!, Javier Restoy, tambiénde ESCAV y auxiliar de sonido en nuestro documental, Anita García Ruíz, que nos echó un gran cable en la secuencia que rodamos en Madrid… ¡Nadie ha cobrado nada! Y no sólo ellos, Mariam Martos hizo buenas migas con Alba en producción y supo, como nadie, lidiar con mis nervios en los muchos momentos en los que parecía que todo se nos iba de las manos. Ángel Vílchez fue mi director de fotografía y Molina, cantante de Borriqueros, que fue la única aportación que yo hice al elenco de actores, me hizo el mejor regalo del mundo adaptándose al papel que más me gusta. ¡Lo dio todo!
En este tipo de proyectos, lo más caro es el alquiler del equipo técnico y gracias a ESCO, que nos prestó absolutamente todo (excepto una cámara 5D que conseguimos en Madrid y unas baterías que nos dejó la casa JVC en Granada), salimos súper airosos de la situación.
La moraleja que me queda de todo esto es que, cuando detrás de un sueño hay ganas, constancia y mucho esfuerzo, pase lo que pase, se acaba cumpliendo. ¡No falla! Y que, después de superar tantísimos obstáculos, hayamos logrado un resultado más que digno, de verdad que es una inyección de energía positiva y pérdida de miedo hacia, prácticamente, cualquier proyecto ¡Ahora siento que, si queremos, podemos comernos el mundo de un solo bocado!
P.- El preestreno tuvo lugar el pasado día 12 en Sevilla. ¿Lo presentaréis en otras ciudades además de en Córdoba el 6 de diciembre? A partir de entonces su difusión será gratuita en internet, ¿no?
R.- De momento, no tenemos nada más cerrado y sí, nuestra intención es hacerlo público y difundirlo a través de Internet. Las redes sociales ofrecen un universo infinito de posibilidades, de hecho, el documental fue creado para ello. Esa es su misión: ¡la red! Algo así tiene que estar al alcance de todo el mundo, tiene que recibir críticas de los usuarios, que comenten, que juzguen ellos, que decidan hasta dónde debe llegar, que lo muevan, si quieren, o que lo pongan verde, si así lo consideran. Es un grito de guerra, una patada a lo institucional, a la falta de oportunidades, a quienes se rigen por la ley del mínimo esfuerzo… Ahora tenemos la oportunidad de demostrar de qué pasta está hecha nuestra generación y creo que está claro que nuestra generación actúa en el terreno 2.0.
P.- ¿Vais a presentar el documental en algún concurso o festival de cine?
“SOMOS LA GENERACIÓN MEJOR FORMADA”
R.- ¡Acabamos de estrenarlo! Aún no hay nada decidido pero, no lo descartamos
P.- Los nueve jóvenes artistas que aparecen en el documental disertan sobre el libro ‘El viaje a Budapest’ y muestran sus concepciones sobre el amor, el trabajo o las relaciones sociales. ¿Cuál es el mensaje que se quiere transmitir con este documental?
P.- Alto y claro: somos la generación más formada y mejor preparada de la historia de nuestro país, la primera que nació en democracia y no entiendo por qué los medios de comunicación y la sociedad en general se empeña en colgarnos el San Benito de ‘Generación Perdida’. ¡De eso nada! Somos libres, hiperactivos, tenemos ilusiones y muchísimo que aportar. Nada ni nadie puede pararnos, ni la crisis, ni la falta de oportunidades, ni la desaparición de las subvenciones, ni las zancadillas institucionales. ¡Nada! Somos creativos, testarudos y constantes. ¡Sabemos buscarnos la vida y luchar, con uñas y dientes, por lo que queremos! No tenemos miedo a nada ni a nadie y nos sobran las ganas. ¿Crees que con esta actitud y esta preparación somos una generación perdida? ¡Ni de coña! Es cierto que, viendo y leyendo las noticias, hay gente que pueda sentirse tentada a rendirse, pero te aseguro que ese no es nuestro caso. ‘El viaje a Budapest, el documental’ es un grito de guerra. Estamos aquí y no podrán pararnos. Somos una ‘Generación hustler, underground e independiente’ y llegaremos a donde queramos aunque tenga que ser a través de la contracultura.
P.- ¿Por qué ha escogido crear un documental a partir de este libro y no hacer una adaptación al cine?
R.- ¡Porque somos pobres! Y aún así, sabemos adaptarnos a nuestras posibilidades, haya los recursos que haya… No obstante, ‘El viaje a Budapest’ (la novela) es sólo el primer volumen de una trilogía. ¡Aún faltan dos partes! Habrá que ver cómo evoluciona, qué nos deja este documental y qué opina Daniel Barredo… ¡Yo me apunto a un bombardeo!
PRIMERA VEZ QUE DIRIGE
P.-  ¿Es la primera vez que dirige?
R.- Si nos olvidamos de un corto, titulado ‘Juno’, que rodamos en primero de carrera, bajo la supervisión de Rafael Marfil y Manolo Oña, para la asignatura Fundamentos de la Comunicación Audiovisual (y deberíamos hacerlo porque al lado de esto es un chiste malo), sí, es mi primera vez y reconozco que ha sido una experiencia tan intensa como deliciosa que sigo intentando digerir.

jueves, 5 de julio de 2012

Prefacio a algo que contaré después


      Yo quería ser actriz. Lo he dejado caer por aquí de vez en cuando. Pese a mi extraordinaria timidez, desde muy pequeña quería ser la protagonista de algo. Estar expuesta, ser vista y ser otra. En la primaria fui a clases particulares de teatro. Vivía en Miranda de Ebro. Me gustaba el final de curso. Actuar en un escenario. Disfrazada de otro yo. Iluminada, ante mucha gente a la que solo podía intuir entre la oscuridad del patio de butacas. Después se me partió la vida.
      Es algo que no voy a poder superar nunca porque no se puede volver al pasado. (Marty Mc Fly, marry me). No me quiero repetir, porque siempre termino hablando de Baños (de río Tobía), pero no quiero que se vuelva a cometer un error así con otros niños. Yo no quiero tener hijos. Tengo una visión demasiado pesimista sobre la vida. Que no vivo en la tristeza absoluta. De hecho este pesimismo me impulsa a vivir más intensamente. Pero no veo el sentido a la creación de una vida que se va a acabar. Tenemos esa idea absurda y egoísta de tener hijos para que quede nuestra semilla por ahí, como si el hijo fuera un trozo de nuestra carne, como si nuestra carne fuera nosotros. Es un placebo simple como la idea del cielo. Yo en Baños, con solo ocho años, morí. No había teatro. Y yo no era nadie porque ni siquiera podía convertirme en otra persona. Tocaba el piano. Tocaba para un público al que no le interesaba. En casa me gustaba tocar por tocar. Composiciones efímeras. Hay una tristeza intrínseca en el aprendizaje de la música. Porque se aprende tocando cosas ya creadas. Copias de copias de copias. No hay creación. Solo notas medidas encerradas en cinco líneas, compases, un dos tres, vals. No podía escapar de mí tocando el piano.
      Yo viví en el jardín. Los jardines son tristes también, sobre todo en invierno. El suelo sucio, los insectos muertos. La piscina vacía o congelada. Durante muchos años vacíabamos la piscina después del verano. Después se nos ocurrió que manteniéndola llena durante el invierno evitaríamos las grietas. Manteniéndola llena creábamos vida. Esos insectos que me fascinan por su carácter anfibio. Los garapitos. Esos insectos brillantes que bucean, que viven en el agua, pero que también vuelan. El espectáculo de verlos volar cuando vacíabamos la piscina al despuntar el verano, para volverla a llenar, pero para mantenerla con esa falsa idea de limpieza, envenenada de cloro, el falso oasis para los insectos.
      Asi pasé mi vida desde los ocho hasta los trece años. Viviendo en un jardín. Jugando sola. Mi imaginación desbordada la canalizaba jugando con las barbies. Todas esas historias, esas vidas que creaba en un jardín. Con las barbies, en el suelo, a su altura, los insectos tenían el tamaño de los gatos. El césped era aterrador y hermoso, salvaje. La piscina era un mar. La piscina congelada, la antártida. Los pinos bloques de viviendas. Sus huecos, donde a veces encontraba algún nido, apartamentos. Había barbies en posición horizontal entre los huecos de los pinos, durmiendo. La idea de vida en el objeto culminó el día en que decidí incluir la muerte. Enterré una barbie en el jardín.
      Yo quería ser actriz. Quería ser personaje. Nunca creí en la autenticidad de las personas. Después, cuando nos mudamos a Logroño, participé en alguna cosa de teatro. Algún curso intensivo de improvisación. Pero nada serio. En Valladolid me tiré cinco años pensando en apuntarme a un grupo de teatro, pero no llegué a hacerlo. Llegué, sin embargo, a COLMO, ese colectivo literario que ya se arrastra hacia su declive definitivo, a Pat y a La Fanzine y, ante todo, a Internet y a este universo tan curioso de la blogosfera.

      Que a lo que voy: que yo quería ser actriz. Que yo quería ser un personaje.

      Por eso, cuando hace unos pocos meses Daniel Barredo me propuso participar en el falso documental que se realizaría sobre su libro El Viaje a Budapest (Berenice, 2012. Premio Andalucía Joven de Narrativa 2011), no me lo pensé dos veces y reservé los billetes para volar hacia Málaga.

      Reservé los billetes sin tener claro casi nada y sin haberme leído siquiera la novela. De hecho, a Daniel Barredo no lo conocía absolutamente de nada. Era solo un contacto más, entre toda esa multitud de desconocidos que tengo en Facebook, con quien había mantenido alguna conversación sobre el panorama poético-literario de esta España mía, esta España nuestra. Pero el chico me dio buena espina, el libro parecía tener una pinta estupenda, nunca había bajado al sur de España, me hacía muchísima ilusión ponerme ante una cámara a improvisar y encima me ahorraba las dietas y el alojamiento gracias a la generosidad y buen hacer de Daniel, a quien, por supuesto, estoy muy agradecida por su inmejorable hospitalidad.

      El plan de rodaje era el típico plan de snuff movie: 10 jóvenes de entre 24 y 35 años (bueno, supongo que sería más propio para una snuff que los implicados fueran más jóvenes) cada uno de ellos especializados en diferentes campos artísticos o relacionados con el ámbito literario-editorial, en una casa aislada, durante un fin de semana. La idea era muy fresca: una fiesta. Una fiesta real, con su barbacoa, su alcohol barato, un ambiente distendido y entre tanto entrar en escena, hablar entre nosotros sobre el libro, sobre el estado actual de la cultura, de la sociedad... etcétera.

      Antes de ir al lugar de los hechos a encontrarnos con el resto de los implicados, acompañé a Daniel al súper a comprar los víveres para el fin de semana, ya que a efectos prácticos íbamos a estar incomunicados. Los víveres se resumieron en toneladas de alcohol barato. Vodka, ginebra, ron, whiskey, sangría y cervezas para aburrir. Me lo paso bien en los súpermercados. Soy como una niña para muchas cosas y esta es una de ellas. Llevar el carro, y llevarlo hasta arriba, que casi sea él quien me lleve a mí. Esa alegría preparty. Además yo estaba muy nerviosa porque no conocía a ninguno de los participantes. Nerviosa por mi timidez incontrolable, por supuesto, pero también porque todos ellos eran personas interesantes, que viven por y para la cultura. Es algo que echo mucho de menos durante mi estancia en Bayreuth. Es cierto que aquí he conocido gente estupenda con quien me lo paso realmente bien, pero echaba de menos relacionarme con gente de mi campo, con quien hablar de intereses comunes y las frikadas propias del artisteo. Estaba nerviosa y emocionada como un niño antes del primer día de colegio.


Me cortan la conexión. Vuelvo mañana.
Besos.

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