Le pregunto a Sara qué va a hacer el año que viene, ya que éste ya termina la carrera, y me responde:
- No sé tía, estudiar italiano, francés e inglés. ¿Es mucho?
- No sé, tía, si se te dan bien los idiomas…
- No.
Me mira, la miro. Nos hemos hecho un intercambio que implica que ella esté comiéndose un Calippo y yo un Magnun almendrado. Estamos en mi habitación, tristemente vacía, porque como últimamente he estado de mudanza esto parece la cabeza de Paris Hilton. Total, que se acerca el final y puede que al año que viene ni nos veamos, así que nos aferramos a cualquier cosa para estar juntas.
- Pues tía, que me apunto a italiano contigo.
Inmediamente me viene a la memoria aquella semana que pasé aquel mayo de 2006 en Génova y el amor breve que viví con aquel italiano que me dedicó Vieni da me de Le Vibrazione.
Y en la calle graniza, y yo estoy extrañamente feliz.
El hotel en el que se hospeda se encuentra en un paraje desangelado, a seis kilómetros de Cavazzo. Edelweiss se asoma a la ventana de su habitación. No es la idea de Italia que tenía, y la situación le pide un cigarrillo, pero es estricta consigo misma en ese tema. Nada de fumar durante el embarazo.
Se da una larga ducha y lava toda su ropa a mano con champú. Espera que todo esté bien seco para la mañana siguiente, pero de momento tendrá que pasar lo que queda de día en la habitación, sin más arropo que una toalla.
En la televisión no hay nada de interés. Parece que La Noticia no ha cruzado -aún- la frontera. Sólo hay un canal de música y predomina la italiana. Le parece insoportable la música actual italiana. Al menos la que televisan. Pero le hace compañía.
Le apetece escuchar Man Made Lake de Calexico. Fumarse un maldito cigarrillo. Leer. Le apetece llamar a Luis, pero abandonó el móvil en el aeropuerto. Las paredes de la habitación son tan débiles que puede escuchar lo que ocurre en el cuarto de al lado. Se oye a una pareja. Edelweiss supone que este hotel es propio de camioneros y prostitutas. Y criminales. Su imaginación recientemente despertada construye una historia de encuentros en bares de carretera. De hombres cansados pidiendo cervezas escondidos del sol de junio que les persigue en la carretera. De mujeres que esperan con sus hijos a sus hombres cansados de trabajar en la carretera. De hombres que extrañan a mujeres no-concretas como extrañan el sexo y pagan con los ingresos familiares a mujeres que buscan hombres y calman su cansancio y soledad por unas horas para seguir viviendo de la calle y la soledad y el vacío de la distancia. Siempre la distancia. Siempre lejos de todo pero nunca lejos de sí mismos.
En la habitación de al lado alguien calma esa soledad con algo de sexo barato y desconocido. Edelweiss se pregunta si tan necesario es el sexo para pagar por él. Si tan necesario es el dinero. La prensa que hablará de ella dirá que su móvil siempre fue el dinero. También Edelweiss será una prostituta. Aquella puta a la que sus ex-parejas pagaron su negocio. Aquella puta psicópata que se negó a pagar sus deudas.
Se ha hecho de noche y suena una balada en televisión. Edelweiss la tararea sin haberla escuchado nunca antes. Contra la ventana choca una polilla que busca la luz. Edelweiss la mira inexpresiva. Unos intentan huir. Otros se dan de hostias por entrar. Por huir de la oscuridad de la noche.
Las aves nocturnas ven las cosas de manera diferente a como las ven las diurnas. Las emociones se intensifican en la oscuridad porque la penumbra evoca a lo profundo. Es fácil invocar la imagen de eternidad como un infinito negro. La oscuridad (y la luz cegadora) oculta los límites, de manera que, paradójicamente, los elimina, los abre; homogeneiza el medio. La habitación ya no nos protege. No hay lugar donde esconderse porque estando todo oculto, todo se hace visible.
Edelweiss, acostumbrada a pasar las noches en negro, había engendrado una idea sobre la existencia muy simple: la vida no tenía ningún valor por su brevedad. Porque al morir la oscuridad lo fundiría todo y no había nada que pudiera detenerlo. No habrá nadie esperando que despierte. Todos darán por hecho que no existes.
Edelweiss, ahora que ya sueña, parece que ha cambiado de opinión respecto a la muerte. La vida no parece tan insignificante ahora que parece tener dos. Se pregunta si comparte sus sueños con su hijo. Si son de su hijo.
Nunca hubiera creído algo así. Debe ser imposible crear a partir de cosas que no conocemos. A no ser que su padre tenga razón y compartamos de forma innata recuerdos y conocimientos ancestrales. Esto convertiría a su bebé de dos meses en alguien más inteligente que ella. O al menos más culto.
Este pequeño ser la aferra a la vida a pesar de todo.
Aunque no haya escapatoria ni lugar para ninguno de los dos en esta vida.
Adria y Leti como testigos. Óscar y yo, elegantes y esplendorosos.
A parte de este hecho tan romántico en plenas fiestas de San Mateo, con Fangoria de madrina y una noche en la feria como luna de miel, el quince de septiembre salió a la venta La involución cítrica, con la editorial jerezana Origami. Recibí mis diez ejemplares la mañana del quince de septiembre, mientras veía Storytelling. No podía haber sido más oportuno.
En la mesa de la cocina una peluca rosa comprada el día anterior en Carrusel para la NOP: Noche Oficial de las Pelucas. Idea de Marta tras saber que la noche del 20 de Septiembre vendría Fangoria a la ciudad.
El día 16, después de un jueves de pintas a precio de cañas, rueda de prensa en el Ayuntamiento de Logroño.
My books, me, el concejal de Alcaldía Javier Merino y la edil de Política Social Paloma Corres.
La noticia que saldría publicada días después en algunos medios locales como el diario La Rioja o la web del Ayuntamiento de Logroño, anticiparían una de las mejores cosas que me han pasado en los últimos años: mis cuatro casicinco días en la ciudad italiana Brescia.
La verdad es que la idea de representar a Logroño en unas jornadas de "la lengua" cuyo eje central fuera La sombra del viento de Zafón me parecía algo cuanto menos surrealista, pero la oportunidad de viajar, de salir del bohío, a gastos pagos like Poetry Woman, me parecía más que atractiva. Así que dije sí, me leí La Sombra del Viento y El Juego del Ángel (porque ya que hay que hacer el sacrificio, se hace dos veces) y me preparé el macuto para ir a Italia. La última vez que salí de España fue en 2006 (cinco años son demasiados para un necrofóbico), y fue a Italia precisamente, a Génova en concreto. Ya iba siendo hora de salir de nuevo, ver mundo y tomar distancia, aunque el lugar estuviera dentro de la jurisprudencia de Inditex. Si leer a Zafón me pagaba el viaje, la estancia y las dietas, ¿por qué no?
Brescia está hermanada con Darmstadt (Alemania), que a su vez está hermanada con Troyes (Francia), Chesterfield (Reino Unido) y Logroño, que también está hermanada con Brescia. Este año (2011) se cumplen veinte años del hermanamiento entre Darmstadt y Brescia y se plantea, se negocia, interesa, un hermanamiento entre Brescia y sus hermanastros putativos de Chesterfield y Troyes, o sólo de uno de ellos, no me enteré de la fiesta, para hacer una megafamilia política entre todos juntos en amor y compañía. Pero todo esto que a mí no me quedó claro, y seguramente a vosotros tampoco, no es lo que nos importa. Lo importante y único que me concierne es la llamada Giornata Europea delle Lingue o Jornada Europea de las Lenguas, que se celebraría el 26 de Septiembre: el temido día en que yo, vuestra amada Awixu, hablaría ante un público exclusivamente post-adolescente.
Al grano: ¿De qué va el sarao?
Muy bien, hemos dicho que en esta historia entran, como en el chiste: un alemán, un francés, un inglés y un español. Darmstadt traería a Michael Kibler, escritor de relatos sobre crímenes; Troyes al guionista y dramaturgo Pascal Bancou; Chesterfield a la poeta Elizabeth Fischer, y Logroño a mí, para conducir un concurso de preguntas sobre las obras que los alumnos de los diferentes idiomas habían sido obligados a leer. Así: los de inglés competirían por El retrato de Dorian Gray, los de alemán por Siddartha de Hermann Hesse y los de español... por La sombra del viento. De la obra francesa no me acuerdo. Désolé.
El concurso en cuestión se celebraría en la sala de cine Nuovo Eden. Sí, os sugiere lo que fue: una sala de cine X. Ahora, eso sí, reutilizada como salón de actos para eventos oficiales como el que nos ocupa.
Yo rechacé a Zafón en una sala de cine X.
Las reglas del juego eran muy sencillas: A derecha e izquierda del escenario, dos grupos de post-adolescentes correspondientes a dos clases de dos institutos (lo pongo en cursiva porque no se trata de institutos como lo entendemos aquí, aunque por las edades podrían ser chavales de bachillerato) diferentes pero estudiantes de un mismo idioma. En el centro, un timbre como pulsador. Tras él, un atril y tras el atril el escritor en cuestión con sus cuarenta preguntas y sus cuarenta respuestas sobre el libro en cuestión y tras él, en una mesa, el funcionario/concejal representante de la ciudad en cuestión y una concejala de Brescia, contando los puntos.
A las 9 hace el paripé Pascal. A las diez, Michael. No entiendo ni papa de lo que dicen pero me resultan amenos y divertidos. Los chavales parecen buena gente a pesar de ser post-adolescentes. Se ríen. Compiten. Estoy tranquila. No es lo que esperaba. Ni para bien ni para mal, aunque para bien está siendo mejor. Quiero decir. Yo no esperaba que el día en que tuviera la oportunidad de presentar mis libros en el extranjero fuera de una manera tan esperpéntica. Siempre he intentado -en vano- ser -o aparentar ser- una chica seria. Se supone que las chicas serias no leen a Zafón por encargo ni presentan concursos sobre libros de Zafón dirigidos a estudiantes post-adolescentes de español en una antigua sala de cine porno. Las chicas serias que se consideran anarquistas, subversivas, underground, no leen por encargo a Zafón para ir a gastos pagados a Italia a presentar concursos sobre libros de Zafón. Las chicas serias, dignas, coherentes, idealistas no abandonan La Broma Infinita de Foster Wallace para leer a Zafón por un viaje de cuatro días casicinco a Italia. Las chicas así, se suben al escenario, dan las gracias y llevan fanzines en una caja, un dossier con textos de Juan Bonilla, Almudena Vidorreta, Belén in Red, Fernández Mallo, Ana Pérez Cañamares, Sebensuí Á. Sánchez, Vicente Muñoz Álvarez, etcétera. bajo el brazo, mira a su público, el cual compite por un lote de libros de la chica seria para su clase, y dice "yo os premiaría sólo por haberos leído este peñazo de libro", y sueltan una risita nerviosa a los chavales y a las profesoras de español, y hace las preguntas, y dice "Escritores como Zafón no representan lo que hay ahora mismo en España". No representan la cultura de bar, de Madrid, de los Diablos Azules, del Bukowski, de Valladolid y de Versátil.es y La Curva. No representan al auge de las publicaciones independientes, a los poetas y escritores y artistas jóvenes que salen a la calle en España.
Público.
Los asientos libres de la primera fila corresponden a los representantes de Darmstadt, Chesterfield, Troyes y al mío.
¿Las chicas serias se preguntan por qué en La sombra del viento las chicas saben que están embarazadas justo después de haber follado por primera vez? ¿Es eso posible? ¿Qué idea tiene Zafón sobre las mujeres? ¿Por qué son tan claramente putas o sumisas? ¿Por qué utiliza el verbo escrutar tantas veces? ¿Por qué vende tanto Zafón? ¿Tiene dignidad Zafón? ¿La tengo yo? ¿Por qué en Rayanair son tan pesados con las medidas, el peso y los bultos?
La clase ganadora del concurso se llevó como premio 25 libros míos: 10 de La Involución Cítrica y 15 de La Niña de las Naranjas.
Una vez finalizada mi actuación, me hicieron pasar a una sala donde ya me esperaban los estudiantes de español. Al entrar, me aplaudieron, y me dí cuenta, por cursi y típico que parezca, de que todo aquello había merecido la pena. La profesora de español me pidió el dossier encantadísima y agradecida. A los chavales les gustó el rollo de La Fanzine. Pero yo sentía que todo aquello se me escapaba. Me senté en un sofá rojo que habían reservado para mí, como si fuera una celebrity, y los chavales, desde sus sillas de instituto, me preguntaban sobre el proceso creativo, mi estilo, mis libros. Me daban la razón cuando hablaba de mi idea anti-abortista a la hora de crear, o sobre la influencia inevitable de la cultura pop en la literatura. Las chicas acabaron haciendo preguntas tipo Super Pop. Cuál es tu música preferida. Me encanta tu pelo. Me-en-can-ta-tu-pe-lo. Y no exagero si digo que lloro un poco ahora frente a la pantalla recordándolo. So emotional.
Lunedì, infine, al Cinema Eden di via Nino Bixio, a partire dalle nove, si darà luogo alla Giornata europea delle Lingue, proposta nata per incentivare lo studio delle lingue straniere con l’ausilio di madrelingua: in cattedra saliranno lo scrittore Pascal Bancou, la spagnola Adriana Bañares, lo scrittore di Darmstadt Michael Kibler ed la docente inglese Elizabeth Fischer.
No me queda nada más que decir salvo gracias. Al Ayuntamiento de Logroño, al de Brescia, a Pepe Notivoli, a Daniela Scaini, Monika Schmitt y al resto de compañeros de viaje y compañeros de grappa y pirlo (Il pirlo è il tipico aperitivo bresciano a base di vino bianco frizzante, campari (o aperol) e seltz. E’ l’equivalente dello spritz veneto), Michael Kibler, Georges Pataky (tan funcionario y tan moderno, con americana y Conversse: como dice mi amiga Elena: en este mundo hay clases de gente y gente con clase, fuck yeah); y todos en general, por ser tan agradables y soportar mi inglés de base, mi italiano de Laura Pausini y mi alemán bajo cero. Por una organización impecable y un trato excepcional. Más que nunca puedo decir Feel like a Sir.
Pero, sobre todo, porque este viaje me ha enseñado mucho y me ha servido para más.
Grazie mile.
Esa puerta daba un pequeño balcón.
Necesito muy poco para ser feliz.
No sé si se ve bien, pero era tremenda.
Los madrugones fueron matadores, pero lo que se durmió, se durmió bien. :)
También desde el balcón.
Desde el balcón.
Se me quedó grabada Pablo's blues. Bajé a la calle por la mañana, a esperar al resto del grupo para ir a alguna de las actividades / visitas guiadas que nos tenían preparadas según el programa, y de uno de los bares salía esta canción. Puro lujo.
Detalle en el Ayuntamiento de Brescia.
Ristorante "La Sosta".
Se me ocurrió fotografíar la cabina, aunque lo realmente bueno de este restaurante es el retrato de Berlusconi que preside la entrada.
También en "La Sosta".
Dibujo realizado por Maurizio ¿?. Concejal de... algo relacionado
con artesanía. Me lo explicó en italiano, no me presionéis.
Lo dibujó en el menú. Pintado con café, frutas del bosque y hojas
del centro de mesa. Con este detalle quedó claro que las comidas de
gala no tienen por qué ser encorsetadas y frías, sino realmente divertidas, y que los
políticos/concejales/funcionarios también tienen corazón.
Porque sí.
Foro romano en Brescia. Síndrome de Stendhal. I swear.
Esta obra me llamó especialmente la atención en el museo de Santa Giulia,
donde conviven el arte medieval y el contemporáneo.
Para terminar, un regalo. Para vosotros y para la gente con quienes estuve en Brescia: un recopilatorio de Música Española para Gente Elegante que podéis descargar pinchando aquí.
Espero que lo disfrutéis.
Os quiere,
Awixumayita.
Próximamente os hablaré de la presentación de La Involución Cítrica en el Riff.