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jueves, 3 de enero de 2013

El punto y coma

C. era la chica más lista de la clase, pero el profesor cometió un error. Cuando M. fue llamada a salir del aula por un agente externo y uno de los niños preguntó
¿a dónde se la llevan?
el profesor dijo
tal vez
la vayan a ascender de curso.
¿Por qué?
Quién es la chica más lista de la clase, preguntó él y el niño respondió C. Pero aquel día el profesor cometió un error, dijo:
Ya no.


Y a lo mejor, y es lo que entendí yo en ese momento, el profesor solo quería picar a la chica más lista de la clase. Esa maestría absurda de la psicología inversa para motivar a los buenos. Decir
tú no vales para nada.
no te esfuerzas.
M. siempre será más lista y más guapa que tú, C. Solo conseguirás un trabajo mediocre, un matrimonio apresurado de joven con un chico torpe y un bebé antes de los veinticinco.

C. fue la única chica en la clase que supo antes que nadie qué era un punto y coma.

Cuando el profesor le dijo que lo definiera ella respondió:

Es una pausa más larga que una coma, pero más corta que un punto.


miércoles, 11 de enero de 2012

Madame Psicosis se espía

Publicado en el fanzine #2 The End (The Eden) de Laika.




Simon Schubert
Untitled (Woman bathing her hair)




Las hojas de papel huelen a crema hidratante, a cuerpos de piscina, de verano, de eterna ternura, de sonrisa de foto y pelo suelto, de anochecer fresco con cerveza o coca cola. Hemos destruido la belleza.


golpeas con los nudillos la puerta. Golpeas y preguntas como si supieras qué estoy haciendo, pero sólo sabes que hay alguien dentro. Nadie ha notado mi ausencia en el salón.

Salgo por la ventana. Es noche de tormenta. Bajo los siete pisos en un descenso tranquilo y me quedo al otro lado de la calle, sentada en un banco, observando la ventana del salón. Os observo.

Me busco.


has desistido. Te veo fumando en la ventana. La luz que sale de dentro parece naranja. El resto de invitados son sólo sombras alargadas. Fantasmas todos ellos

tan muertos como yo.






martes, 6 de septiembre de 2011

La vida de nos-otros. Bosquejo de Madame Psicosis.


Estoy debajo de mi casa, a diez metros -más o menos- del portal. La luz de mi habitación está encendida. Me quedo mirando, con el cuello inclinado a cuarenta y cinco grados hacia atrás, el séptimo piso. Esperando. Quiero saber qué voy a hacer.

Pero no salgo. Durante diez minutos la luz sigue encendida pero no hay rastro de mí en la ventana. Noto la humedad y el frío y la tristeza inmensa en los pelos sintéticos de mi abrigo de las rebajas del 2004. Parte de mi parte -esa parte- adolescente que se empeña en sobrevivir, quizá lo haga porque se mantiene en mi ropa. Qué absurda y patética es esta yo vigilante. Esta yo espía. Esta yo que se mantiene a sesenta metros de distancia de lo que voy a hacer.  



sábado, 4 de junio de 2011

“La niña de las naranjas” ya en librerías de Valladolid, y entrevista en Go!


     
  • Tïtulo: La niña de las naranjas. Palabra de Awixumayita
  • Autora: Adriana Bañares Camacho.
  • Editorial: Ediciones Emilianenses.
  • Nacionalidad: española.
  • Año: 2010.
  • Género: Diario de ficción.
  • Precio: 15 euros.


El libro que nació de este blog, La niña de las naranjas. Palabra de Awixumayita,  ya está disponible en las siguientes librerías de Valladolid:


Margen. Enrique IV, 2.

Oletvm.  Teresa Gil, 12.

Rayuela. López Gómez, 20.

El árbol de las letras. Juan Mambrilla, 25.

En un bosque de hojas. Fray Luis de León, 25.

Maxtor. Fray Luis de León, 20. 


Por otro lado, en el número de junio de la guía Go! aparece una entrevista a los ganadores del II segundo concurso de cuentos Bólido. Podéis leerla pinchando en las imágenes:




Pincha aquí para saber dónde puedes adquirir la guía Go!

viernes, 14 de mayo de 2010

La puta más fea de Melilla.

A Óscar R. Cardeñosa, que pasó un fin de semana de traca en Melilla mientras se preparaba las oposiciones. O algo así.

(Este relato nació en el bar Les Paul después de un concierto de Sharon Bates. En el momento creí que estaba bien, y hasta Óscar me dijo que le gustó, pero a ver hoy con la resaca cómo lo vemos toooooooooó.)
Belén Blanco en La Puta y la Ballena (Luis Puenzo, 2004)


Aquí todo, TODO, es barato. Nos dice el dueño del bar tras la barra. Miramos el ganado que nos ofrece: todas feas. Feas como un dolor. Feas como un moratón al tercer día. Me fijo sobre todo en una morena que hay al fondo: la primera que me brindó un guiño coqueto al pedir la caña. La primera. La primera caña: un euro. Todo barato, nos repite. Enciendo un cigarrillo mientras pienso en toda la droga que puedo encontrar en Melilla a buen precio. El sexo ahora es lo más secundario y por muy morena que esté y esos ojos semi cerrados que me observan ofreciendo una rebaja para menores de treinta años, le pido al camarero que nos surte, que nos surte a cervezas: veinte por veinte euros. La experiencia no es lo más convincente en estos casos. Me despido con un triste guiño a la morena, antes de entrar por última vez al baño a por mi dosis diaria de este fin de semana en Melilla y luego a otro bar a por más: En busca de amor gratis de una noche… antes de ponerme (de nuevo) a estudiar.

sábado, 17 de abril de 2010

bewölkt

Mira hacia la ventana: sólo se ven nubes. Como un gato vuelve la mirada hacia su marido. Hechizados se quedan helados, mirando fijos los ojos del otro, como dos medusas enfrentadas. Y entre la niebla que ha ocupado la habitación, de sus labios fríos y sus miradas cristalizadas escapan al unísono sendos yanotequieros que parten y rompen como un rayo el hechizo que les mantuvo nublados durante tantos años. 







Con este microrrelato he participado en el concurso 
PREMIO REVISTA EÑE DE LITERATURA MÓVIL 
Entrando aquí  puedes leer los relatos de todos los concursantes. 

jueves, 7 de mayo de 2009

reckon


Mírate. Míranos en esta foto. Mira cómo me miras, casi con tristeza, como si supieras lo lejos que me encontraba ya de ti. Mírate. Míranos. Tenías razón cuando dijiste que pasaron cuatro meses. Mírate. Me querías demasiado. Mírate. Piensas que estoy guapa aun llevando esos pelos. Culpándote de lo que está pasando, por quererme demasiado. Somos tan pequeños. Estamos pixelados. Me miras como si quisieras retroceder en el tiempo. Me miras sabiendo que no nos salvará ese concierto. Me miras sabiendo que vamos a terminar pronto, pero no siendo lo bastante valiente como para darlo tú por acabado. Mírate. Mírame. Estaba cansada. Cansada de no verte. De esperarte en la estación. Cansada de sentirme menos inteligente a tu lado. Cansada de quererte tanto. Mira el resto de la gente. Cómo sonríen. Cómo miran hacia el frente. Mírame. Cabizbaja. Mírate. Me miras. Míranos. Estamos ausentes. Dónde estamos.


*Reckon: calcular, estimar, contar, considerar...

Ilustra este texto un fotograma del film La Notte.

sábado, 25 de abril de 2009

Fría


Entró a tientas en la habitación, que estaba en la más completa oscuridad, y al llegar a la cama notó humedad en las sábanas revueltas, pero no le dio importancia, pensando que una noche más ella habría estado bebiendo cervezas hasta caer rendida, mientras él salía hasta tarde con quién sabe quién. Pero aquella noche iba a ser la última, murmuraba mientras besaba el ombligo de su mujer. Ahora se había dado cuenta de muchas cosas y no quería seguir haciéndole daño. Ahora todo va a ser distinto, murmuraba mientras notaba sobre sus labios la frialdad de su mujer. Y deslizando sus labios por la línea alba, pensó en todas las tonterías que había cometido, todo el dinero que había perdido en prostíbulos de carretera, en transexuales mal operadas que le dieran por culo. Y le dijo, mientras bordeaba sus pezones, que todo iba a cambiar. Pero sus pezones no cambiaban, ni notaba el ritmo de su respiración. La única respuesta que obtenía era el mórbido frío de su piel, y la humedad metálica que descendía por su cuello.


Este relato ha sido publicado en el libro Microrrelatos /09 BardeBlás



martes, 21 de abril de 2009

Preferencias


Morning, 1884
Edvard Munch.



Su padre se ahorcó un día de febrero. Ella llora porque este acontecimiento la dejará sin regalos de San Valentín. Él, en el cementerio, acusa a su padre de todo por lo que ha tenido que pasar y en lo que se ha convertido. Por ser un inútil incapaz de ver más allá de la pantalla del televisor. Por haber tenido que ser marido de su madre y padre de su hermana. Por no querer a nadie que lleve falda. Ella se sienta en el borde de la cama, calentándose los pies con un pequeño calefactor que no consigue dar calor, sólo evaporar lo poco que le queda de esperanza.

domingo, 12 de abril de 2009

y me olvido

Me cuentas estupideces al amanecer. Chistes malísimos y no dejas de reírte y de hacerme cosquillas. Nos reímos por chorradas sin querer salir de la­ cama y me olvido de la razón por la cual vine a tu casa. He olvidado que te prometí venir con bombones y una botella de lambrusco. He olvidado que el lambrusco lo has puesto tú y que sobre la mesilla de noche aún queda media tableta del chocolate que me ofreciste anoche. Me preguntas si me duele el cuello. Anoche me clavaste los dientes y casi lloro de dolor. Había olvidado que te dije que me gustaban los mordiscos. Y te digo que me voy, y lo hago, olvidándome de que había venido para quedarme contigo.


Este texto esta´ publicado en el número 15 del fanzine El Elefante Rosa


jueves, 5 de marzo de 2009

retornonroteretornonroteretornonroteretornonroteretorno...

Marina se despierta mareada. Como si su vida hubiera dado un giro de trescientos sesenta grados mientras estuvo dormida. Un giro violento para volver al principio. Lo que viene siendo el seno materno.

Un mareo terrible y un desconocimiento total. La habitación, empezando por la mesilla, no parece la misma que la noche anterior.

Humedad. Un fuerte olor a placenta y un ambiente denso, pegajoso.

Incomodidad. Como la que se siente al estar en un lugar desconocido.

Se toma un café y se le sube a la mirada. Ahora el mundo ha adoptado una tonalidad marrón. El resto de la gente parece tanoréxica. El mundo que ahora se presenta ante sus ojos se está pudriendo, dejando en su lugar un denso olor a descomposición. Y, sin embargo, se siente viva. Desconocida para el mundo y todo el mundo para ella.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Café soluble



El ruido de la cucharilla contra las paredes de la taza, a las siete de la mañana, se infiltra en mi habitación hasta colarse entre las sábanas para arrastrarse después hacia mis oídos y taladrarme el cerebro desde dentro. Es el ruido, ese ruido insoportable, el que decapita a los personajes de mis sueños, de la última hora inconsciente, entre colores pastel difuminados, ojos negros y ninguna nitidez. Sólo la plata de la cucharilla, afilada, mantiene algo de brillo mientras termina intransigente con el elenco de actores que satisface mi reposo.


La foto la he tomado de aquí.

miércoles, 25 de febrero de 2009

524

Se van deshaciendo las yem­as de mis dedos, se derriten mis uñas, y ardo, como si fuera de cera.
Se enreda entre mis huesos el vello de tu piel, y dentro de mi estómago aún resuenan tus besos, como arcadas.
Todo lo que soy se expande durante un segundo para comprimirse después hasta ser sólo un mísero punto en suspenso dentro del infinito de tus contradicciones y todo ese control que pretendes ejercer sobre mí.
Todas tus palabras, como timbres, como alarmas, como alertas, convirtiendo en barro el suelo que piso para atraparme entre sus fauces como arenas movedizas, no van a servir de nada.
Porque sólo soy cera
y he comenzado a arder.

martes, 10 de febrero de 2009

Voces



En el rincón de la cocina, aquel rincón que había entre el fregadero y la ventana, ahí, aquel rincón que siempre estaba marrón, siempre. Siempre sucio, pegajoso. Parecía que aquella mugre ocultaba algo tras de sí. Había algo, estaba convencida, detrás de la pared. Un agujero. Me dejé las uñas largas, muy largas. Me costó mucho tiempo, mucha paciencia, pero lo logré. Aquel día, cuando las yemas de mis dedos se ocultaban ya tras largas garras, arañé aquella esquina, me llené de porquería las uñas, raspé y raspé y perdí mi mano en un agujero negro. Al recuperarla de aquel lugar, de allí brotaron cabezas de bebés, grisáceas, que lloraban como cerdos en la matanza. Gritaban tanto que sus voces se adentraron en mi cráneo. Intenté expulsarlas por mi boca. Las voces seguían dentro, queriendo salir. Por más que gritara mi cabeza se rellenaba como un pequeño frasco de fragancia barata. Escupir, gritar. Pero era imposible despojarse de aquello. El dolor de cabeza se acrecentó de tal manera que la única solución posible que encontré para paliarlo era despojarme de ella. Agarrándome del cuello, tiré con todas mis fuerzas hacia arriba. Enganchando mis dedos a los orificios auditivos, taladrando mi cráneo con utensilios afilados. Tiré, tiré, tiré. Rodé. Seguí gritando siendo cabeza hasta terminar dentro del agujero, con todas las demás. Desde allí, entre la mugre, pude ver a mi madre susurrando, “otro más, qué pena”, apoyada indiferente contra la alacena.

I hear in my mind / All these voices /I hear in my mind /All these words/I hear in my mind/All this music/ And it breaks my heart
*
*Fidelity. Regina Spektor

indiferencia


Ella no me dice nada, sólo sonríe y me dice que coma más mientras se prepara un triste plato de verduras a la plancha. Yo me vuelvo a la habitación y reviso el correo. No hay nada, nada, como mis palabras, vacías, pequeñas. Vuelvo a la cocina y ella está llorando. Me imagino que se trata de la cebolla que esta´ picando. Las dos sabemos que no es por eso, y a mí también se me escapa algo por los ojos. Pero no nos decimos nada. Ni si quiera nos compadecemos la una de la otra. Por la mañana volverá a golpear mi cabeza con una cucharilla, pero todo seguirá en silencio.

miércoles, 28 de enero de 2009

Se perdieron. S e p e r d i e r o n.

Se perdieron y eran sólo dos estrellas de mar, de colores. Dos estrellas a las que se les acababan de cortar los brazos, y resucitaban, y volvían a desaparecer, para crecer después, para disfrutar del dolor. Porque se perdieron y no supieron distinguirlo, por más que la sangre emanara de sus huecos, aun viendo que la regeneración tardaba en aparecer. Se lamieron las heridas, e introdujeron en las yagas de la otra sus dedos arrugados para pintarse con las sangre el rostro y descubrir, por primera vez, de qué estaban hechas. Para, por primera vez, encontrarse y saber que se habían perdido para siempre.

lunes, 26 de enero de 2009

al vacío

Para sacudir la realidad de las pestañas, optamos por mantenerlas bien pegadas,

agarrarnos bien fuerte de la mano del otro y

saltar al vacío sin pensar en el final,

sólo sintiendo la caída,

la fuerza de la gravedad arrastrándonos en el aire,

nuestro interior acelerado.

Gritar hasta desgarrarnos.

sábado, 24 de enero de 2009

Disimular

Vivimos por unas horas una vida que no es la nuestra, pero sí la que quisiéramos tener. Aunque todo, siempre, se puede mejorar. Un gato enfermo que ronronea en mi regazo, Héroes del silencio de fondo, una luz muy poco ambiental, pero el ambiente ya lo estamos poniendo nosotros mismos. Comida china sobre una mesa de mármol y metal que intenta parecer dorado. Entre los resquicios barrocos de quienes antes estuvieron aquí y los latidos de quien ahora vive retumbando en cada póster, en los libros de las estanterías y las películas de Tarantino y Tim Burton, que nos gustan, pero no son nuestras. Como nada de lo que hay aquí, aunque lo vivamos como nuestro durante estas pocas horas. Y hacemos como que nos queremos sin saber qué queremos realmente mientras los gatos duermen y termina el cd.


martes, 13 de enero de 2009

Idealismo


Ella apareció desdibujada, un poco difuminada. Él entornó la vista para verla bien, pero sus ojos se invirtieron y desde entonces la ve sólo en blanco y negro.

Su cuerpo se fue granulando, como en una vieja película sin remasterizar. El sonido de su voz iba acompañado de un zumbido insoportable, como en una emisora de radio sin sintonizar.

Ella desapareció. Él la recuerda en tecnicolor.

martes, 23 de diciembre de 2008

La hija de Dalila


Luisa nació un catorce de diciembre, entre nieve y niebla, y desde entonces siempre ha estado fría. Fría como la habitación de aquel albergue, fría como el modo en que fue concebida. Sin luz eléctrica, por impago, sin ser buscada. Desde entonces siempre está perdida.
Dalila, su madre, era toda una artista de variedades. Bailaba en un bar donde no había hombres, sino clientes, y las copas, a ella, siempre le salían gratis. Lo que pagaba eran otras cosas mucho más fuertes, capaz de darle vitalidad, que no vida, a cambio de esperma esparcido por su barbilla.
Era de esperar que aquel ambiente fuera su jardín de infancia, la ludoteca de Luisa, la bastarda dividida.
Dividida en dos mitades que rodaban como ovillos de lana de un lado a otro de la barra. Mitades que convergían en intervalos de quince días.

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