jueves, 13 de septiembre de 2012

La Fanzine #9: La Rutina disponible en Issuu

Tras un año entero sin vernos, agarré el macuto y me fui al Bierzo a encontrarme con Pat. Allí, tijera en mano, recuperamos el tiempo perdido maquetando un nuevo número de La Fanzine:


martes, 4 de septiembre de 2012

la perfección de lo falso




Tan cerca, no. Me dice S. No le beses tan cerca de los labios. Ha sido un error. Perdón, perdón. Me acelero pero suelto una sonrisa y ella otra a mí. Entonces yo sonrío más. S. está abochornada, como si hubiera sido ella la que se equivocó al saludar, y no deja de darle vueltas al tema. Entonces C. se acerca y le dice al oído “lesbiana”. La cara de S. cambia por completo y solo es capaz de preguntar ¿desde cuándo? Y entonces C. comienza a relatar una historia absurda. Todas la escuchan con atención, pero yo sé que C. solo se está quedando con ellas.

Cuando tenía doce años, llegó a mí un sujetador con las copas de diferente tamaño. La izquierda era considerablemente más pequeña que la derecha. Era un sujetador hecho a medida que había pertenecido a mi madre. Como ya me estaban empezando a crecer las tetas, decidí ponérmelo en memoria de mi madre. También porque me resultaba cómico verme con un sujetador así. Sin embargo, la tontería me duró mucho más tiempo. Llevaba el sujetador a diario. Me parecía un ritual contra el olvido. Llevar un objeto de mi difunta madre cerca del corazón. Una tontería propia de la edad. La tontería se convirtió en problema al cabo de un tiempo, cuando vi que la teta derecha empezaba a parecer más voluminosa que la izquierda. Llevando el sujetador a diaro había impedido el crecimiento. Pero como era una niña tonta que echaba tanto de menos a su madre, seguí llevando el sujetador. Al cabo de un año la diferencia era considerable. Me miraba al espejo y era un pequeño monstruito de trece años, con una teta mucho más grande que otra. Mi padre, que no era muy observador, se dio cuenta un día de casualidad de mi torso deforme. Estábamos comiendo y se me quedó mirando el pecho un buen rato. A cualquiera le hubiera parecido que se le había ido la olla y que empezaba a sentir una atracción inmoral hacia su hija, pero yo sabía que a cualquier padre le llamaría la atención que su hija tuviera un pecho desnivelado. Si papá, tengo una teta más grande que otra. Mi padre estaba tan fuera de onda en temas femeninos que dudó por unos momentos si eso era normal en el desarrollo de una niña de trece años. Le saqué de dudas contándole mi estúpido hábito del último año y él respondió llevándome al hospital. Resumiendo: me amputaron los dos pechos y me pusieron dos nuevos. Tengo las tetas perfectas porque no son reales. Son dos bolsas de silicona.

La verdad es que tiene unas tetas estupendas. Por un momento me creo su historia. El resto del grupo la mira asombrado. Están tan pendientes de sus tetas que se han olvidado de que es lesbiana.

lunes, 3 de septiembre de 2012

En esta casa de insectos




En esta casa que da al río, aunque si saltara no daría lugar a un final romántico, porque bajo la ventana hay una acera muy ancha, varios coches aparcados, una carretera de un solo carril, una acera estrecha y una barandilla negra que da primero a la hierba y después al río; en esta casa, siempre entra algún insecto.
Es curiosa la apropiación que hacen de ella siendo tan pequeños, aunque en ocasiones han llegado a ser algo grandes, pero pocos. Los bichos minúsculos que se escriben en el techo de la habitación alrededor de la bombilla desnuda. Esos habitantes indeseados que nos chupan la sangre mientras dormimos. Tal vez incluso desnudos en verano. Estos veranos tan calurosos en la ciudad. Estas noches que dormimos con la ventana abierta para poder respirar los dos, dejamos que vengan a comernos los insectos y que nos desnuden las polillas carroñeras del ropero roto entreabierto. Herencia de quienes vinieron a morir antes que nosotros. 


Tipo de sueño Involutivo


Cuando una idea se desborda, inunda los sueños y aun anega las corrientes de sueño despierto manifestándose en estados de ensoñación más o menos tenaces, que van desde el simple duermevela hasta la divagación arrebatada o difícil de prevenir, y cuyas variantes se presentan a lo largo de las horas de vigilia y luego de las de dormición. Ejemplo de este tipo de sueño son ciertas manías, como la que impele al sujeto a sentirse atrapado o impregnado por la materialidad, por lo que busca ansiosamente recobrar su intuida realidad espiritual lavándose las manos una y otra vez, a veces hasta sangrar, así como eludir el contacto de las manos de los demás o de lo que han tocado, sintiéndose obligados a limpiar cubiertos y vasos en la mesa, los pomos de las puertas, etcétera, hasta acabar usando guantes permanentemente. También se da este sueño en quienes encuentran imágenes oníricas en las desigualdades de tono o superficie de una pared, tela u otro objeto, y las ven actuar, gesticulando y hasta desplazándose, de manera que es tan interpretable como cualquier otro sueño. 

De Enciclopedia de los Sueños, de Armando Carranza. Planeta, 1996.






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