viernes, 26 de octubre de 2012

Mañana (27 de Octubre) estaré en El Tren Vertical



Dice Alfonso López:


El próximo sábado tendremos a Adriana Bañares en nuestro espacio de poesía y acción llamado El Tren Vertical, a la hora acostumbrada, en el lugar acostumbrado y el día también acostumbrado. Y ahora vendría de puta madre decir aquello de "pero a lo que no se acostumbra uno es a recibir a una gran poeta y gran prosista que por su juventud..." y bla, bla, bla, pero en este caso es totalmente cierto... El día aquel en que oí por primera vez en Fuenlabrada (¿hace un par de años?) aquella voz delicada y dulce leyendo unos textos de una fuerza inusitada, textos que se nutrían de ciertos mitos y narraciones infantiles o de la adolescencia, con una exquisitez endiablada y con la necesaria libertad de una persona que utiliza una navaja de barbero para perfilar de nuevo aquellas historias o, también, sí, además, hablar de ella misma (¿pero quién es Adriana?), me dio la vuelta como un guante de esos de látex, de los que se utilizan en los hospitales o en las morgues. 
Pues eso, como ella misma escribe: «Tengo millones de personalidades que se cruzan, que se alían contra mí. Tengo una camada de pequeños bichejos amarillos que se aferran a mis uñas y me sacan la piel que hay debajo de mis huellas dactilares. Tengo muchísimos defectos que rebotan contra el espejo del baño y un rímel barato que se corre cuando hace frío. Así, literalmente». 
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¿Os vais a perder esto?

miércoles, 24 de octubre de 2012

Parálisis del sueño, insomnio y dos bolos en Madrid


¿Tú dónde estás? Yo morí y empecé a hacer cosas. Siempre para que tú me recordases. Hoy es otoño. Fui al hospital y me dijeron Sonríe, has perdido tus últimas horas blandas. Llegué tarde. Tú ya no estás aquí porque no te (he) visto. Quítate las bragas y sube a la camilla. He vuelto y yo quería algo real pero ha desaparecido. Enhorabuena, usted está aquí. Yo quería si acaso una razón para el miedo. Enhorabuena, te mueres. Pero no se puede morir dos veces, y menos aún en el mismo sitio. Así que se trata de subirse las bragas, bajar a por papel higiénico, dar las monedas a la cajera y no devolver el saludo a los mendigos. Se trata de vivir en la estación. Yo era turista, señor, pero se hace uno sin darse cuenta al limbo. Usted nunca estuvo aquí. Que nadie nos devuelva el saludo. Por qué se nos trata igual a los fantasmas. Por qué se empeñan en mantenernos vivos. Yo aún no he despertado de un mal sueño. Me quedé paralizada cuando traté de volver en mí y solo conseguí abrir los ojos. Tú seguías a mi lado. Notaba el pulso en mi espalda. Vi la habitación, yo estaba aquí, pero mi cuerpo despertó muerto. Y, aunque logré levantarme de la cama, mi carne era ya cadáver. Me arrancaba el pelo a puñados. Mira, no me duele. Yo no estoy aquí. Y tú decías Un yo no estuve aquí como yo lo estuve en todo. Camino desde entonces arrastrando una coraza de órganos muertos como la niña que, negándose a admitir que ya no sirve, arrastraba un globo roto

Supongo que es difícil de creer, pero a veces dudo de mi existencia. No sé si soy virtual o soy palpable. Pero usted está de suerte: el próximo 27 de octubre, sábado, tendrá dos oportunidades de comprobarlo en Madrid:


La primera será a la una del mediodía en El dinosaurio todavía estaba allí. Iré con la Editorial Origami y varios compañeros, y leeré poemas de La Involución Cítrica


La segunda, a las ocho y media de la tarde en el Malatesta, donde estaré leyendo poemas de Engaño Progresivo:


Mi diseño, minimal collective
El del bar.



Compartan al gusto. Vengan. 

jueves, 18 de octubre de 2012

Ricard Millás habla de Engaño Progresivo

Reseña publicada en El Librepensador y en Yamelosé


La poesía de Adriana Bañares es un cuchillo en un campo de rosas rojas, su lírica arremete contra todo lo establecido, incluso contra ella misma con palabras usadas a modo de súplica y condena. La educación que recibió de joven le sirvió para afilar una espada que no cesa en su empeño de cercenar conciencias en este mundo plagado de publicidad e insultos hacia el ciudadano de a pie.
Qué menos que zambullirse en la poesía de esta joven poeta que carga con dos libros más a sus espaldas, La niña de las naranjas (Ediciones Emilianenses, 2010) y La involución cítrica (Origami, 2011), para darse perfecta cuenta de que el talento y la experiencia no siempre van cogidos de la mano. En su tercer trabajo, Engaño Progresivo (Fundación Jorge Guillén, 2012), Adriana vuelve a la carga combinando la prosa con la poesía convirtiéndolas en una joya de 60 páginas que se lee del tirón, pero que no deja indiferente. Algunas de sus frases son verdaderos estandartes poéticos que enarbola una joven poeta que ha sabido aprender de la vida y de las palabras.

Saber conjugar la poesía junto a los miedos más ocultos, los recuerdos de infancia y el, en algunos casos, desafortunado amor, no es tarea fácil y menos para una poeta que ha querido hallar la absolución en la literatura. Redimirse mediante la poesía nunca ha sido tarea fácil. En el poema ‘La primera piedra’ nos podemos dar perfecta cuenta de ello; ‘El cielo hoy…Se adentra en mis ojos, solo veo frío; se clava en mis uñas, todo tacto es amargo; se posa en mis zapatos, pesado, hasta hundirme en el suelo, hasta la cintura, esperando a que alguien lance la primera piedra”. Se puede apreciar en estas palabras un ansia de revelación y un profundo deseo de renovación, espoleado por unas palabras extremadamente duras pero bellas a su manera, que esperan el impacto de la primera piedra que golpee sin remedio a aquellos que se hunden lenta y sosegadamente en la charca del conformismo.

Engaño progresivo es un alzamiento en pro de todas aquellas mentes aletargadas que no se atreven a levantar la vista y a su vez es también un grito de libertad y rebeldía con el que muchos podrán sentir una cierta afinidad. Sin duda, su autora, da buena cuenta de ello.

miércoles, 17 de octubre de 2012

José Luis Merino habla de Engaño Progresivo

Entrada original en Desde este otro lado


Engaño progresivo

Conozco a awixumayita antes de conocer a Adriana, antes de ver su timidez, esos ojos que nunca buscan los ojos del otro y escuchar el tenue hilo de voz que sale de su garganta. Y aunque hace un par de años que no coincidimos cuando supe que iba a presentar su último poemario, Engaño progresivo (Fundación Jorge Guillén, 2012) y supe que podía escaparme de Madrid para apenas 24 horas no dudé en organizar mi agenda e ir para allá.

C., D., E. y un servidor fuimos a la librería A pie de página de Valladolid (C/ Librería 13) y allí estaba Adriana, con altos tacones y un sobrio vestido negro y el libro rojo de Adri entre sus manos para leernos -algo nerviosa- algunos de sus poemas.





Creo que Engaño progresivo es lo mejor que he leído de Adriana, tal vez porque detrás está Eduardo Fraile realizando la tarea de editor, diciendo “esto sí, esto no Awi, no todo lo que uno escribe vale para ser publicado” o quizá porque Adriana, como el buen vino (de la Rioja), gana con los años.

martes, 16 de octubre de 2012

Jorge M. Molinero habla de Engaño Progresivo

Entrada original en La Juventud del Otro.



Detrás de una portada insulsa se esconde un poemario vertiginoso de la riojana Adriana Bañares, editado por la fundación Jorge Guillén.
Adriana retoma temas recurrentes en su escritura como los miedos, los muñecos, la música y el sexo con una prosa rápida, inquietante, que engulle al lector y a veces le abruma, con poemas como siempre muy viscerales, a veces oscuros y martilleantes y otras con un humor ácido y desconcertante.

Un recorrido por los engaños que la vida va desvelando con los años que la autora deja aparcados según los va viviendo, con un deje de conformismo, pero no sin rabia y cierto dolor.

Muy buen libro de Adriana, en el cual conjuga mejor incluso que en su libro La niña de las naranjas, la persona con el personaje creado, Awixumayita, recreando un universo paralelo con continuas convergencias en sus letras.

Una muestra:

MI VIDA ANTES DE GOOGLE

Marie se tira por la ventana y minutos después alguien sale del cine. Es mil novecientos noventa y ocho y yo tengo diez años y quien nace hoy tiene trece, como los que tenía yo cuando empecé mi primer diario. Aún sin Internet. Avergonzada tanto por  jugar –aún- con barbies. Nunca lo escribí. Que no lo sepa nadie. Mis barbies no sobrevivieron a Internet. No sobrevivieron a la literatura. No sobrevivieron a la adolescencia No hace mucho de mi vida antes de Google. Dos mil seis. Verano. Noche. Chat de Terra. Sala de autor en la categoría cine del chat de Terra. Madrugada. Una cuadrilla de freaks con niks pedantes improvisando guiones de madrugada. Antes de eso, la n­ada. Nadie sabía qué escuchaba si no le pasaba mix tapes. Qué retro te pones a finales de los noventa principio de los cien. Qué sientes ni qué me importa tu ruptura emocional tus versos gilipollas en blog. Tus estados de Facebook tus Tweets o tu estado civil. Mi vida antes de Google no rimaba/ ni siquiera conocía/ la poesía contemporánea. Mi vida antes de Google tenía sus noches, sus licores, sus despertares post virginales aún inexpertos sin foto Tuenti del día después como píldora anticonceptiva. Tenía libros de biblioteca; trabajos donde sí se citaba una fuente que no fuera la jodida Wikipedia. Mi vida antes de Google aspiraba a un futuro pero no a un presente. Sacar dinero de hasta debajo de los cojines del sofa´ para el último disco de los Red Hot o la súplica del “bájatelo de Internet” al colega friki que ya tenía novia por Internet y que aún sigue siendo virgen. Mi vida pre-Google conocía la intimidad sin necesidad de buscarla o evitarla. Mi vida antes de Google no necesitaba seudónimo porque era anónima con mi propio nombre. Mi vida antes de Google era menor de edad y no necesitaba Adsl para escribir mi intimidad de ficción bajo llave. 








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978-84-15046-15-8
FUNDACION JORGE GUILLEN   

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