viernes, 13 de junio de 2014

Ave morir

nunca me sentí en mi casa aquí
y en el cielo radiante
no me sentiré en mi casa, lo sé,
no me gusta el paraíso.

Emily Dickinson





Ave morir

I
ver matar morir. me miro y ya estoy muerta. no me miro por no morirme. pero ya estoy muerta. ave que no vuela muere. mátala tú, me dicen, me rezan: no la dejes vivir, muere.


II
nosotros no nos quejamos
porque nos adelantamos a la herida
nosotros nos hundimos —nos sumergimos—
metemos la cabeza bajo la tierra y esperamos
la asfixia
morimos de miedo
pero nos quema estar a salvo
por encima de las llamas, el frío
volver es desandar
desanidar
ceder el vuelo. nos hemos
abrazado para mantenernos tibios
nos hemos abrazado para no ceder al hielo
anido. anido en un refugio
a la intemperie
un refugio frágil que se ablanda
amor, y llueve
ahora mira cómo cae
ahora mira cómo vas a sostenerme
ahora
que estás
como un hermano que vuelve y lo encuentra todo
bien dispuesto
el mismo orden en los muebles del salón
aquí nadie toca las cosas ya
porque todos somos ajenos a esta casa en herencia
abrir las puertas, ventilar
hacer que respire
[aspirar]
significa dejarla viva para otros
pero cómo escapar de un lugar al que no pertenezco
si no he llegado a estar
              mírame: quién soy
              cuándo he llegado
              cómo
              por qué me viniste a acoger
en tu isla o
              por qué
                            viniste a encallar en mí
yo, tierra para el náufrago
              y sed para el amante
mira cómo muero hundida por mi propio canto
              mira cómo  me mato por palabra
                                                                      obra
                                                                                    y omisión
mira cómo muero cuando te salvo
mira cómo tiembla tu mano
cuando me amarras




Publicado en Obituario #14.

martes, 20 de mayo de 2014

Je me souviens



Me acuerdo de una noche, en La Curva. Estábamos Pat, Eduardo Fraile y yo, y Pat se lamentaba de los tiempos en los que vivíamos. Recordaba a la bohemia parisina, y también a los artistas de la Residencia de Estudiantes, y Eduardo Fraile le dijo algo así como: "Bueno, pero quién sabe cómo sería en realidad. Igual, dentro de unos años, también se habla de La Curva como lugar de encuentro entre escritores. Aquí solían quedar Patricia Maestro, Adriana Bañares y Eduardo Fraile". 



Yo entré mal a La Curva. La verdad es que suelo entrar mal a todos los sitios. Entré mal a COLMO, entré mal a La Curva. En fin, podría hacer un post solo para contar mis tropiezos, pero no va de esto el tema. Lo que sí diré es que en La Curva aprendí más que en la Universidad de Valladolid. Aprendí más de poesía, aprendí más de Valladolid. Y es que Valladolid era una ciudad gris. Una ciudad de fachas. Pero pronto descubrí que había algo que se nos escapaba a los de fuera, y que estaba ahí, por debajo pero muy presente. Una pasión especial por la poesía en un círculo de la universidad, dentro del departamento de literatura y con Javier García Rodríguez al frente, pero que reunía a gente de todas las ramas. Y, fuera de la universidad, el colectivo Laika, el Café Teatro... y La Curva, claro, que es lo que me ha traído hoy al blog, y es a donde me llevó COLMO. Las cañas de después. Las exposiciones de los Arañados Signos en Versátil.es.

Me imagino que estoy hablando en un idioma desconocido para muchos. Para otros, los que me conocen o los que habéis seguido este blog desde hace años, seguramente todos estos nombres os resulten familiares.

El caso es que La Curva cierra, y es algo muy triste. Es algo muy triste para Valladolid, porque con ello cierra un reducto bohemio que sobrevivía a esa niebla que velaba la ciudad. En La Curva han pasado muchos de los mejores poetas actuales. Ay, de verdad que no sé cómo escribir esta entrada.

Tengo un batiburrillo de momentos en La Curva, que no sé por dónde empezar.

Me vienen a la cabeza los fanzines. El elefante rosa, claro. Y también, por supuestísimo, La Fanzine.Y la de horas que hemos pasado allí Pat y yo, aunque helase y no tuviéramos más de dos euros en la cartera.


Ay, de verdad, ¿sabéis qué me pasa? pues que quería escribir una entrada de puta madre sobre La Curva y no me veo capaz. No sé por dónde empezar ni en qué centrarme. Así que voy a pasar de pensármelo mucho.

Punto 1. Me entristece que se cierre La Curva. Me entristece a nivel personal porque he pasado muy buenos momentos allí. Las cañas de después de COLMO, y las cañas entre semana con Pat. Muchas lecturas de poesía. Mucha poesía descubierta ahí. Leer textos de La niña que arrastraba un globo roto en la hora del recreo con Juan Bonilla entre el público, por ejemplo. Qué vergüenza. Y luego hubo mucho más, claro. Mucho más después de haber vivido en Valladolid, mucho más después de COLMO y después de La Fanzine. Vinieron los Susurros a pleno pulmón. Jams de poesía a cargo de poetas locales y poetas invitados, de fuera, como Ana Pérez Cañamares, Javier Gato o Vicente Muñoz Álvarez, entro muchísimos otros.

¿Por qué en ese bar? ¿Qué tenía de especial La Curva?

Podríamos, ¿no?, podríamos habernos ido a encontrar en otro sitio. En otro bar. ¿Pero qué magia tenía La Curva?

Un bar no alejado del centro, pero aislado. En la calle José María Lacort, una calle que igual en otro tiempo sí hubo más bares, más ambiente, pero no ahora, no en los últimos años. La primera vez que fui a La Curva —adelanté antes que entré mal— mis amigas con las que fui y yo pensábamos que nos íbamos a encontrar con un tugurio. No conocíamos la calle, y cuando la encontramos nos encontramos con que no había nada, y un descampado en frente del local. Pero el bar estaba a tope. No cabía un alma. Había un recital de poesía: se presentaba la primera plaquette de Los poemas de la chica de la curva, una modesta publicación coordinada por los miembros del colectivo COLMO y que reunía poemas de muchos de nosotros. Era una de mis primerísimas publicaciones en papel, era 2008, estaba ilusionadisima, pero no me atrevía a recitar, y menos aún ante tantísima gente.


¿De qué hablo? En serio, de qué hablo. Que aquella noche no recité. Tampoco conocía a la gente, la verdad. Después leí con Pat, a finales de 2009. Era noviembre, qué frío. Y también tocaron Sharon Bates, que por aquel entonces creo que aún se llamaban Mala Racha, que era un poco por lo que estaba pasando yo, aunque me estaba recuperando, y yo sabía que mucho se lo debía a la poesía.

También me acuerdo de Nantes, que solía sonar en La Curva, y también el disco de los Rumble Strips que tanto me rayé a escuchar en el 2009. Y de las gominolas enlatadas que pillábamos de la máquina pasadas unas cañas durante las cañas de después de las reuniones de COLMO. Había más poesía en ese bar que en cualquier libro. O qué decir de la gente que no podía ir a los actos del festival Versátil.es pero aparecía por la noche en el bar. Yo misma, confieso, en el Versátil.es de 2010, que andaba en un trabajo muy poético también. Daba clases de no sé muy bien a una niña que, en palabras de su madre, era muy inteligente pero no tenía imaginación. Así que le ayudaba con los trabajos de plástica y trataba de potenciar su creatividad. Ahí es nada. Pero todos sabíamos que el festival no terminaba en la universidad de Valladolid sino en La Curva a puerta cerrada hasta las mil. Y luego a dormir poco o nada porque al día siguiente por la mañana teníamos que presentar a algún poeta del festival y/o porque no nos queríamos perder nada. A recordar, grandes resacas: como en el taller de creación literaria que ofreció Juan Bonilla.

Los batidos naturales, también. Y todas las cervezas. Y el vodka con rodajas enteras de limón.

¿Sabes que cierra La Curva? le pregunto a Pat, y ella me responde: Sí, a mí me dio mucha pena. Como que se cierra una puerta que no se vuelve a abrir.

Que si me he enterado de la mala noticia, me pregunta Jorge M Molinero. Qué catástrofe, me dice Jaime.

Ay, ay, ay. Ay, de verdad, que no sé qué escribir sobre La Curva. Que escribir sobre La Curva tendría que ser reescribir Valladolid, lo que viví en Valladolid, todo lo que aprendí en Valladolid. Madre del amor hermoso. Qué. Quién me iba a mi a decir en el verano del 2006, cuando llegaba a casa, en Vitoria, de trabajar como dependienta en Cortefiel, y me ponía a escribir en el portáil. Qué relatos de mierda escribía, pero al menos escribía. Quién me iba a decir a mí que Valladolid iba a significar de esta manera. Que no me estaba llevando la Filosofía, que yo iba chocar de esta manera, que me iba a arrastrar la poesía. Que iba a pertenecer, que me iba a encontrar con la vida que yo quería tener y que veía tan lejana. Que sí existía la bohemia y estaba aquí, en una calle poco transitada del centro de Valladolid. Que iba a conocer a tantos poetas, escritores y artistas, y que llegábamos allí con libros de poesía en el bolso (una bolsa de Margen o del Árbol de las letras), y Sara decía que Chantal Maillard era increíble. Y nos poníamos el abrigo para salir al baño, y nos confesábamos un poquito en el patio, sentadas en unas sillas de plástico, fumando un cigarrillo, cuando aún se podía fumar.

La luz de La Curva, y las exposiciones.


El otro día pensaba que yo siempre he llegado tarde a todo. Cuando estudiaba en la Escuela de Artes de Logroño (ahora la ESDIR) y me parecía la hostia, había alguien un par de años mayor que yo, que me decía que la Escuela ya no era lo que era, que yo no había vivido los buenos años. Tampoco he vivido los buenos años de Logroño, en general, imagino. Y me he perdido muchos años de los 29 que ha estado abierta La Curva. Siempre he llegado muy tarde, y además siempre me he rodeado de gente mayor que yo, así que siempre he sido la que no estuvo ahí, o he sido nueva en la clase, en el colegio, en el instituto, y siempre he sido, claro, la que no estaba cuando esto era así. Pero esto no me lo va a quitar nadie. Eso es lo que estaba pensando. Que se cierra una puerta que no se va a abrir,como dice Pat. Que se cierra una etapa muy importante en nuestras vidas, y en la vida cultural (¿nos permitimos decir underground?) de Valladolid, con el cierre de este bar. Pero estuvimos ahí. Yo viví La Curva. Y habrá otras curvas, habrá otros colectivos literarios, habrá otros fanzines, otros cobijos de la niebla de Valladolid, pero no serán como La Curva, no serán La Curva. Quedarán, eso sí, muchos artistas, muchos escritores, que podrán pintar, que podrán escribir, qué podrán recordar La Curva y todo lo que vivieron en el número treinta de la calle José María Lacort.

Gracias, Ángel.

Welcome To The Walk Alone by The Rumble Strips on Grooveshark



miércoles, 26 de marzo de 2014

Vamos a primaverear por Barcelona, que luego llega abril y nos queremos morir todos





La foto que encabeza la entrada se titula Primavera y es de Julia D. Velázquez. Posé para la foto hace más o menos un año, poco antes de que saliera a la venta Ánima esquiva. La sesión, aunque dio mucho de sí (la última sorpresa fue hace unas semanas, cuando Julia me mostró esta fotografía), tenia como objetivo la portada de Ánima esquiva.

Una primavera después, retomo Ánima. Ya se va a cumplir un año de su publicación y prácticamente comencé la gira de presentaciones en Barcelona.

Ay, de verdad, qué coñazo soy.


Me voy a Barcelona este fin de semana. Ha sido algo muy espontáneo y un plan de viaje lleno de idas y venidas sin salir de Logroño. Que si vamos por esto, y con amigos, y este finde no, que tenemos esto, o este que sí y que si para aquí para allí, y cancelando y apalabrando, que sí: que nos vamos, hostias ya.

Y lo de siempre: la culpa cristiana.

¿Cómo voy a irme así, con tantas facturas por pagar y la declaración trimestral a la vuelta de la esquina? Yo no me puedo ir sin un propósito claro y firme sin sentirme culpable, no Señor. Así que hablo con la editorial, con los contactos barceloneses de Facebook (bendito sea ese invento del infierno) y programo un bolo para el sábado en la librería Pequod.  

Así que there we go, queridos.

El viernes Kinkman estará pinchando en el Barbara Ann a partir de las 23,30h. 

El sábado estaré leyendo poemas de Ánima esquiva en Pequod a las 19h. 





Hagan el favor y VENGAN.

martes, 11 de marzo de 2014

Bloguera y perdida

Hola gajitos y gajitas.

Estoy emocionada y loca de contenta porque hace unos días rocé un poco la fama al aparecer en el informativo de mediodía de TVE (y también en Telerioja). Qué locura, porfadiós. El caso es que me siento un poco extraña porque aparecí como bloguera, y no puedo evitar sentirme un poco fraude dada la cantidad de tiempo que hace que no dedico ídem a este, mi blog. Y digo a este porque sí he estado a otros, como ha sido el caso de Erosionados, la antología virtual sobre erotismo que he ido administrando desde el verano de 2012, como plataforma de promoción a la antología (esta vez en papel) de poesía erótica que coordiné para la editorial Origami y que apareció el pasado mes de octubre. Es curioso que me llamaran para participar en ese brevísimo reportaje sobre blogueras el mismo día que decidí cerrar Erosionados. Basta de buscar imágenes bajo el tag #EroticVintage, por favor, me dije. Estaba saturada de sexo por escrito, por gif y por jpg. Es horrible esa sensación. Cuando algo que te apasiona empieza a saturarte. Veía toda mi vida en torno al sexo, con una extensa colección de fotografías eróticas en blanco y negro en mi PC, y con el correo electrónico lleno de nuevas colaboraciones que giraban alrededor del sexo. 

Necesitaba decir gracias pero adiós, y no sólo porque iba a empezar a coger tirria al tema, sino porque me estaba quitando tiempo para mí. Está muy bien ser antóloga (o editora, como se han atrevido a llamarme algunos, y tal vez lo fui: editor, pero nunca publisher), y agradezco mucho la confianza que puso en mí la editorial Origami, y la colaboración de todos los autores, tanto los del libro como los del blog, pero ahora me necesito escribiendo. Me necesito a mí en este blog, que es mi casa, y también me necesito en La Plaquette, mi nueva casa física desde donde ahora escribo mientras alguien busca entre las estanterías un regalo especial.

Mi librería también viene un poco a cuento de lo que quería contar hoy, que es un poco un revival de lo que seguro habré contado ya y que es un poco lo que venía a decir en la tele. Que lo vengo a decir ahora un poco con la esperanza de haber llegado a gente nueva: hola, queridos, y así presentarme. Y, por otro lado, porque os quiero hablar también de un proyecto bastante interesante y que me incumbe a mí y a este mundo al que pertenezco en buena parte gracias a este medio (a este blog, y tal). Disculpen el rollo.

Lo que vengo a decir: que yo llegué a donde estoy porque el blog me hizo llegar un mundo desconocido para mí y muy desconocido para el lector medio, ni qué decir tiene para el ciudadano medio. Ya me he puesto estupenda, disculpen. Me refiero a ese mundo subterráneo de la literatura actual de nuestro país, la que se fragua entre blogs (ahora más en redes sociales), fanzines, revistas literarias de aquí y allí y, con mejor suerte, en editoriales pequeñas, independientes y prácticamente desconocidas. Ese es el campo que más me interesa en La Plaquette y que parece no interesar al modelo de librería que impera hoy. Esto es lo que quiere mostrar Babel Estudio con el documental Perdidos: un lugar para encontrar. El documental aún es un proyecto, pero ya podemos ver muy clara la idea que persiguen en el teaser que os dejo a continuación: un recorrido por las estanterías de una librería cualquiera, hasta llegar a una balda vacía, donde deberían estar esos escritores perdidos.





Como suele ocurrir con todo lo independiente, (y últimamente con todo lo cultural en general), necesitan patrocinadores para poder financiar la producción, de modo que desde aquí, como escritora perdida (y tanto), manifiesto mi apoyo a este proyecto, esperando que esta entrada sirva para llegar a nuevos amantes de esta literatura escondida que puedan aportar su granito de arena para que Perdidos: un lugar para encontrar, pueda realizarse.



Y nada más, queridos. Buenas noches.





martes, 7 de enero de 2014

Erosionados en Madrid

Hola gajitos y gajitas: 

Comienza el año y vuelvo a la carretera. Esta vez para hablar de Eros en la poesía. 

Presentamos Erosionados. Esta semana en Madrid: mana (8 de enero) en La Central de Callao y el viernes (10) en La Marabunta. 

Mana estaré en La Central. Hablaré de eros en la poesía, es posible que me ponga demasiado literaria y en vez de presentar os cuente un cuento, y dejaré paso a varios autores del libro: Jorge Pascual Blanco, Jorge García Torrego, Sara R. Gallardo, Rebeca Álvarez Casal del Rey, Cecilia Quílez,  Sebensuí Á. Sánchez e Isabel Escudero de la Calle. 

Será a las 19,30h. 





El viernes 10 estarán Emily Roberts, Sara R. Gallardo, Rebeca Álvarez Casal del Rey, Sebensuí Á. Sánchez e Isabel Escudero de la Calle, en La Marabunta a las 21h. 





Muah!

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