domingo, 18 de marzo de 2018

Ánima esquiva



Ánima esquiva se publicó por primera vez en el año 2013 con la editorial Origami, y se reeditó en 2015 con Excodra. 

Hace unos días, los autores de Excodra recibíamos la triste noticia de que la editorial cierra, y por eso he decidido subir el libro al blog para uso y disfrute de todo aquel que quiera acercarse a leerlo. 


Enjoy.



 

domingo, 31 de diciembre de 2017

Feliz añito




Pues aquí estamos. Se ha hecho hogar. Hogar de verdad. Con una cama de verdad y no un tatami en una habitación con vistas a un aire acondicionado. Se ha hecho hogar. Se ha hecho estabilidad. Tengo amor. Tengo un trabajo que me gusta y me motiva. Soy feliz.

Los años impares siempre han sido ciclones. Años de grandes cambios. Los pares, por el contrario, han sido siempre más pausados, más estables. 

Soy feliz. Hace siete meses tomé una decisión y acerté. A veces recuerdo Madrid con nostalgia, no nos vamos a engañar, pero es una nostalgia con trampa. No querría volver a esa inestabilidad. No querría volver a vivir para trabajar y pagar el alquiler y ya. No querría volver a tener propósitos modestos. Y, eh, que no me quejo. Cobraba 858,51€ por un trabajo de 40 horas en el que estaba muy a gusto, y pagaba 520€ por vivir sola en una buhardilla en Lavapiés. Me las veía para pagar la cuota de autónomos y sacar adelante Aloha, y los fines de semana los dedicaba íntegramente a estar con Carlos, que venia a verme desde Logroño. Toda una experiencia.

Ahora comparto mi vida con Carlos. Logroño es más accesible y mucho más amable de lo que lo recordaba. Trabajo en una librería, en el sector que me gusta, y puedo dedicarme a Aloha con mucha más seguridad. 

Todo fluye.

Voy a dejar que me crezca el pelo, además. 

Pero no escribo.

No escribo desde 2015. Algo he escrito, pero poco y mal, vacío, despreciable. No escribo.

Aquella viscerabilidad, aquella necesidad de escribir, se ha ido.

También se han ido la ansiedad y la timidez extremas. Soy ansiosa y tímida, no nos engañemos, pero estos adjetivos ya no me definen. Mi vida ya no está condicionada por la timidez. Ya no vivo con miedo.

Me imagino que haber superado la timidez ha tenido que ver en todo esto. Ya no necesito expresarme por escrito, porque ya he aprendido a hablar, a gritar y a defenderme. 

Tal vez, algún día, vuelva a escribir. Quizá me encuentre con una manera de escribir diferente, con más seguridad o lo que sea. Yo qué sé. O escriba narrativa. O escriba puta mierda.

En cualquier caso, ahora me siento mejor apostando por el talento de los demás. Creo que fundar Aloha ha sido una de las mejores decisiones que he podido tomar en la vida. Siento que estoy haciendo algo de valor. 

Pues eso quería contar. Que va todo bien y que voy a entrar en el 2018 con nuevos títulos en Aloha, trabajando en lo que me gusta y con muchísimo amor. Amor de verdad, en mayúsculas, un amor donde quedarme a vivir.


Feliz año, majos.


miércoles, 31 de mayo de 2017

Madrid se acaba




Madrid se acaba. Se acaba esta etapa de etapas. 

Tenía ganas de volver por aquí y hablar de mi vida, pero la verdad es que no sé por dónde empezar. Bueno, voy a empezar por un final: se acaba Madrid. 

Creo que ya he aprendido lo que necesitaba aprender, y que ya me había estancado aquí. Fue todo muy bonito cuando vine, en octubre de 2014. Todo brillaba. La ciudad parecía mucho más grande que ahora. Madrid era un lugar inabarcable y lleno de posibilidades. La gente era maravillosa. Todos parecían alegrarse de verte por aquí. Los meses en Casa Deliciosa fueron increíbles. Cualquiera hubiera podido creer que es posible vivir dentro de un vídeoclip. Y cualquiera hubiera podido creer que se podía vivir en la poesía, y que la amistad. Etc. La amistad, cualquiera hubiera podido creer que la amistad significa algo, es eterna e imperturbable, o lo que sea. 

Bah.

He aprendido mucho en estos dos años y pico. Vine para tres meses: lo que duraba mi contrato en La Central, y luego decidí que pertenecía a este lugar, y me las apañé para permanecer. Mi vida laboral cuenta unos diez trabajos diferentes en el 2015 (cajera en La Central, dependienta en Nostrum, camarera en Rodilla, reponedora en Primark y en Lefties, y diversos trabajos de modelo para diferentes agencias), y unos cuantos pisos compartidos, hasta que en diciembre de 2015 me cogieron en Tarín, y en marzo de 2016 encontré la buhardilla perfecta en Lavapiés. 

Vamos, que en el 2016 me aburrí como una condenada. Todos los años pares de mi vida han sido la hostia de tranquilos y estables. Siempre. Escribí poco o casi nada, y mi vida se ha estado limitando desde entonces a ir y volver de casa al trabajo, del trabajo a casa, de seguir trabajando en mis encargos de corrección, y, por supuesto, en Aloha

Pero por qué hablo tanto, por favor. Que estaba bien, joder, es lo que quiero decir. Que ya estaba: un contrato indefinido en un trabajo agradable, con un horario humano, con unos compañeros y unos jefes estupendos y un ambiente ideal. Y una puta buhardilla, queridos. Que vivo en una buhardilla, sola, en el centro de Madrid. Y trabajando, además, en mi propia editorial. Joder. Lo que siempre había querido. 

Pero no. 

Madrid no me hace feliz. Es el 2017 y no siento que nadie me quiera aquí. He ido perdiendo el contacto con los amigos que tenía. Ya no me incluyen en sus planes. Los pierdo. No hay amigos. Fin. Estoy sola en una ciudad de tres millones de habitantes. La verdad es que, dicho de paso, también es lo que buscaba cuando me vine de una ciudad pequeña. No ser nada para nadie. No conocer a nadie. 

Bah. Yo qué sé. 

Al final es todo así de triste. Perdón: quería decir que al final es todo así de simple. 
Persigo lo que me hace feliz. Lo que me hace feliz es el amor. Lo que me hace feliz es sentirme integrada y querida. Quien me hace feliz es Carlos y quiero estar con él.

Y no voy a decir que vuelvo a Logroño, ¿eh? Porque no lo siento como un regreso. Qué va. El Logroño del que me fui no tiene nada que ver con el Logroño al que me dirijo ahora. Del mismo modo que el Madrid al que llegué en 2014 no es el mismo Madrid que dejo ahora. El Madrid del 2014 era enorme y me sentía libre. El Madrid que dejo es una ciudad pequeña, pequeño centro de cemento donde la hospitalidad se ha convertido en desencanto.

El Logroño al que voy es una nueva vida que compartir con la persona a la que amo. Es una casa a la que llamar hogar, un nuevo trabajo entre libros, y con más tiempo: para mí, para la editorial, para escribir. 

El Logroño al que voy es un nuevo comienzo. Una nueva aventura a la que, esta vez, no me enfrentaré sola. 





jueves, 16 de febrero de 2017

he entregado mi cuerpo a un hombre bueno




I

Permito ser cruel al animal. Lo acojo en mis manos y
lame mi cuerpo, como si hubiera alguna herida abierta.
Nadie más podrá tocarme porque solo él
me sujeta como si fuera a morir. Quédate.

No puedo ofrecerle mi cuerpo porque no sé cuánto voy a quedarme aquí.
No tengo nada.
Pero nazco. Nazco con la marca: me interrumpo. No termino nunca ni consigo llegar para quedarme.
Termino aquí para no perderme. Me sujeta como si fuera a morir. Quédate conmigo.

Quiero quedarme con él pero no tengo donde.
Me entrego y suplico:
acaba conmigo
o mátame.








II


Permito ser cruel al animal porque ha venido a curar la herida pero no a salvarme.
Permito ser cruel al animal porque él conoce el principio de la herida. Permito ser cruel al animal porque no me conoce.
Recojo al animal y tiembla en mis manos.
El animal herido no quiere la salvación sino la cura. Prometo ser cruel al animal porque no conozco el principio de la herida.
Prometo ser cruel al animal que recojo entre mis manos y tiemblo.
Dejo pasar al animal por el principio de la herida. Entrar.
Me ofrezco vulnerable al animal: quiero contarte de una vez y para siempre quién soy y qué puedes esperar de mí.
Decirte: necesito estar fuera de mí y que me recojas cuando vuelva.
Me hubiera gustado no pasar de puntillas por el borde, caer en serio a tu voluntad y en rotundo.
Llegar a un acuerdo simple: protégete de mi dolor para salvarte.

Yo sí puedo morir por ti. Yo sí puedo acercar el arma a tu mano y atraerte, cariño: es justo aquí
donde se acaba.







2015

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