domingo, 4 de febrero de 2007

El día que encontré al "ezcritor"


Estos días sin clase se me hacen larguísimos. Es cierto que tengo un examen dentro de poco, y varios trabajos a medio empezar de sociología, antropología y, cómo no, lógica... Pero, aún así, estos días se hacen eternos. Y, más aún, si eres la que menos tiene que estudiar de toda la residencia.
Claro, mientras repaso los esquemas de historia de la ciencia o leo los libros a partir de los cuales debo realizar el trabajo de filosofía de la ciencias sociales y humanas, las demás están estudiando intensamente para la larga lista de exámenes que se les presenta la semana que viene. Y mis momentos de “paréntesis” los dedico a navegar por la red mientras ellas siguen recluidas en sus habitaciones “empollando”.
Pues bien, esta tarde, en uno de esos paréntesis, he llegado a caer en un blog al que el calificativo de peculiar se le queda bastante corto.
El blog en cuestión está escrito por un hombre de unos veintitantos o treinta y pocos, sin estudios, que habita en una pequeña habitación de una pensión y cuya mayor preocupación es mantener activo a su pene. Para ello queda con chicas que conoce por medio de chats o foros, para a continuación relatar sus experiencias en dicho blog.
Lo más sorprendente es que cuando ya llevas leyendo unas dos o tres entradas, no sabes si odiarle o amarle. Es un cretino, y basto en sus descripciones. Sin embargo, no es difícil descubrir que tras esas experiencias sexuales tan frías, se esconde una búsqueda incesante de un “chochito” del cual enamorarse. Una chica que se quede a dormir y que, a la mañana siguiente, no se haya convertido en un ser diferente. Él mismo narra su “preocupación”: Después de follármela pierdo todo el interés. Después ya no es tan guapa. Es como si se despertara con otra persona diferente. Por eso él mismo dice que le gustaría atar a la chica que conoce para que luego no aparezca otra suplantándola a la mañana siguiente.
Lo único que ha ocurrido es que idealizó a aquella mujer, por lo que puede parecer que quizá él no busque sólo sexo. Y, quizá por eso, este joven haya ganado por escribir ese blog que no deja de ser más que su propio diario sexual.

No te escribo esta carta desde el odio, sino desde mi más profundo conocimiento. Sé que, delante de la gente, en la vida real, me muestro inseguro y tímido. Pero cualquiera que me haya leído, que me conozca bien, sabe que normalmente tengo la razón en todo.

Así comienza su blog, el blog de Rafael Fernández.

Cuando te dije de follar, me dijiste:
-No te conozco lo suficiente.
Me aguanté la risa. Sí que le has chupado la polla a tíos imbéciles: monos sin nada en la cabeza. Individuos que compran los diarios deportivos, cada día y los leen atentos, como si fueran algo importante. Te has tragado el semen de esos imbéciles, incluso ¡Te has llegado a enamorar de un tipo que no para de comprar revistas de automóviles y ni siquiera tiene un automóvil! ¡Pudiste quedarte embarazada de un mono! ¡A todos ellos te los follaste tras conocerlos! ¡Tiene delito! Y sin embargo me rechazaste a mi que, además de buena gente (yo no me hubiera reído de ti con mis amigos tras haberte follado ya que considero el sexo como algo natural, no como una humillación) soy un amante formidable y voy a pasar, sin ninguna duda, a la historia de la literatura.


Sé que muchas tías que hasta ahora han leído mi blog ahora se sentirán indignadas y querrán matarme a pedradas, pero la verdad es que creo haber llegado a comprender a Rafa.

Y por eso os invito a visitar su blog.

sábado, 3 de febrero de 2007

Acostumbrarse es empezar a morir

Hola a todos, amiguillos seudofrikis que os empeñáis en seguir leyendo mis cosillas.

Estaba perdiendo el tiempo en el messenger y escuchando las cancioncillas de mi playlist.
El caso es que de pronto apareció una canción de Le Punk y me acordé de la última vez que estuve en Logroño. Del concierto de Le Punk, Najwa Nimri y The Gift, con Marta.


La noria.
Le Punk.
Naces donde naces.
Vives donde puedes.
Pagas los boletos.
Ocupas tu lugar
Luego todo gira
Poco depende de ti
Abres una puerta por diez que se cierran.
Y aunque no te escuchen hay que protestar
que acostumbrarse es un poco dejar de estar vivo
…..
y en la noria de la vida
una vez abajo y otra arriba
y apenas te levantas tropiezas
y apenas tropiezas te levantas
y mejor que sea así
que acostumbrarse es empezar a morir
No pagues por amor.
No cobres por cariño
No busques encontrar lo que nunca has perdido.
Las cosas más valiosas de la vida no se pueden comprar
Recuerda tus tropiezos.
Tropieza en tus recuerdos
Busca en el camino algo que guardar
Los malos tragos también forman parte de este circo
…..
y en la noria de la vidauna vez abajo y otra arriba
y apenas te levantas tropiezas
y apenas tropiezas te levantas
y mejor que sea así
que acostumbrarse es empezar a morir

Michel Houellebecq dijo...

Es cierto
Es cierto que este mundo en que nos falta el aire
Sólo inspira en nosotros un asco manifiesto,
Un deseo de huir sin esperar ya nada,
Y no leemos más los títulos del diario.
Queremos regresar a la antigua morada
Donde el ala de un ángel cubría a nuestros padres,
Queremos recobrar esa moral extraña
Que hasta el postrer instante santifica la vida.
Queremos algo como una fidelidad,
Como una imbricación de dulces dependencias,
Algo que sobrepase la vida y la contenga;
No podemos vivir ya sin la eternidad.

te echo de menos


Hoy me he metido de nuevo a spaces.live.com

Y me he encontrado con el space de mi amiga Letty. Me ha sorprendido muchísimo, no tenía ni idea de que tuviera un espacio, así que lo primero que supuse fue que lo había hecho hace poco.
De eso nada.
Ese space tiene por lo menos un año de antigüedad. He recorrido todo el espacio, desde la más nueve hasta la más antigua entrada, todos los álbumes de fotos. Todo. Y la única vez que se refiere a mí es en el título y el subtítulo del space, ya que ha utilizado para ambos dos frases extraídas de dos de mis relatos.

Me he sentido como una estúpida. Como una gran, gran, gran, estúpida.
No recuerdo haber llorado, o haberme sentido de esta forma, cuando alguna vez descubrí que un tío no me quería. Que tonta, de verdad...

Que tonta yo, que conste. Tonta, yo.

Han pasado varios años desde que nos conociéramos, en aquel último año de instituto, ¿te acuerdas? En 4º de E.S.O.

¿Recuerdas lo tímida que era y lo mal que me lo hiciste pasar en clase?
Yo siempre que te veía, tan menudita y riéndote por todo, me imaginaba que serías una tía de putísima madre. Y no me equivoqué, para nada, aunque alguna vez me hayan dado ganas de estrangularte J

Recuerdo que coincidíamos en clase de matemáticas. Elena y yo íbamos a 4ºA, con todos los empollones. No sé muy bien por qué nos pusieron en aquella clase, la verdad. Teniendo en cuenta que nosotras no sacábamos precisamente matrículas de honor... En nuestra clase la mayoría habían cogido como optativas biología o física y química y todos, absolutamente todos, daban matemáticas “A”. Vamos, las difíciles. Así que nosotras éramos los dos bichos raros de la clase. Lo tenía asumido... ¿Biología? ¿Física y química? ¿Matemáticas “difíciles”? No, gracias: Música, plástica y matemáticas “B”.
Por eso es que conocimos a Marta y Letty, porque coincidíamos con ellas en plástica y matemáticas.
Que locura, de verdad, aquellas clases de matemáticas...
Aquellas clases de matemáticas, cuando juntábamos con todo el morro las mesas y nos sentábamos juntas Marta, Elena, Yulia, Yoli, tú y yo. Todas sin ninguna idea de matemáticas, sin hacer nada, pasando la hora haciendo dibujitos o cantando canciones del Chivi... En fin, que tiempos.

A principio de curso, cuando parecía que todos teníamos como propósito aprobar la asignatura, el profesor solía sacarnos a la pizarra para corregir algún ejercicio o algo. Por aquel entonces aún no había establecido contacto contigo, ni con Marta, y me sentaba con Elena. Un día me tocó salir a la pizarra y, al volver a mi sitio, tú te diste la vuelta y me dijiste : “Se te ve un cacho de braga así de grande”.
Me puse coloradísima (no sé, supongo) y Marta exclamó: “¡Pero no le digas eso, que es muy cortada!”.
Tú con canciones del Chivi escritas en la carpeta, Marta y su look hippy... ¡Pero qué bien me caísteis, putillas!
A partir de ese día las matemáticas cobraron un valor insignificante, pero ir a aquella clase era lo mejor que me podía pasar por las mañanas. Yulia, que no se enteraba de nada porque prácticamente acababa de llegar de Rusia, terminaba siempre sacando mejores notas que nosotras:
Marta: 4
Yulia: 1’5
Yoli: 1
Letty: 0’75
Elena: 0’25
Adriana: 0

Aquel año (2004) fue casi perfecto... Y, como todo lo bueno, se acabó.

Marta y yo nos fuimos a la Escuela de Arte (aunque a clases diferentes), Elena pasó a primero de bachillerato y tú te quedaste en cuarto.
Poco a poco nos fuimos distanciando.

Paradójicamente aquel año no lo recuerdo con un mal sabor, si no todo lo contrario. Recuerdo como esperaba ansiosa la llegada del viernes para ir juntas a la tienda de los rusos que conocía Yulia porque, como éramos menores de edad, sólo allí nos vendían vozka.
¿Recuerdas los paseos tan largos que teníamos que dar para llegar hasta allí? ¡Casi en la plaza de toros de la Ribera!
Solía ir a buscar a Elena a baile. A veces me acompañaba Marta, pero muchos viernes sólo salíamos Elena y yo. Así que iba hacia Salvatorianos, que está en pleno Bronx de Logroño, la esperaba a que saliera de baile, juntas íbamos a comprar vozka a aquella tienda de rusos en donde siempre estaba Yulia, y de ahí, en autobús, nos íbamos hacia el San Miguel.
¿Recuerdas aquel viernes cuando fuimos las cuatro, y al bajar del autobús se te cayó la botella? ¡Casi nos ponemos a lamer el suelo y los cachitos de cristal! Jaja
O aquella noche que se nos rompió una botella de vino en tu casa. Marta y yo, en el rellano del último piso, donde el ascensor, rellenando botellas con vino y cocacola... ¡la que preparamos! Que cayó todo el vino por las escaleras hasta llegar al cuarto piso... (Y estábamos en el octavo). Tú con la fregona, de aquí para allá, atacada de los nervios, y Marta y yo sin poder dejar de reir.

Aquella falda que nos compramos igual, ¿te acuerdas? En Escándalo, la falda de rayas rojas y negras. Las noches en el San Miguel.
El Alfonso y su ojo rebelde, y Marta preguntándote: ¿Pero cómo te puede caer bien Alfonso? Bueno, la verdad, no me extraña que preguntara aquello, si no había noche en el San Miguel que él no la llamara puta.
O aquella noche que me tiró la cartera a las vías del tren. Aunque lo mejor fue a la semana siguiente: “Adriana, perdóname, es que iba muy puesto y no me di cuenta. Pero que conste que ni siquiera te cogí el dinero.”
Así que nada, si bajáis un día a las vías del tren, justo debajo de la pasarela del San Miguel, y os encontráis una cartera, que sepáis a quien perteneció.
El Galicia, Extremoduro, el piso del Miranda y Marta metiendo la cabeza en la lavadora.
Cuánto, o de qué manera, nos cambió aquel año... ¿Cómo...?
Cómo cambió todo durante aquel año.
Cuántas borracheras, y cuantas risas. Recuerdo aquel año (2005) con tanto cariño... No sé si puedes acerte a la idea, Letty, no sé si puedes hacerte a la idea de lo feliz que era yo por aquel entonces. Y creo que tú también, ¿verdad? Aquel año éramos todas muy felices.
La Escuela de Arte nos cambió a Marta y a mí. Tú decías que yo había cambiado a mejor, pero que Marta se estaba dando aires de intelectual. Igual en un principio a todas nos pareció eso, pero realmente creo que Marta maduró de repente. Y nos resultó extraño.
Aquel año, con sus más y sus menos, fue un año perfecto. Y me duele que por más que volvamos a quedar las cuatro otra vez, y por mucho que regresemos al San Miguel y nos reunamos como hacíamos por aquel entonces con los “Chechus”, pues no será igual.

Ahora me siento tonta si bebo demasiado, me arrepiento de las consecuencias.
Creo que me estoy haciendo mayor.

Y tengo miedo.

Tengo miedo porque me enamoré de aquella etapa de mi vida, cuando las cosas se presentaban tan fáciles, cuando las ocho de la tarde de los viernes eran un soplo de esperanza y felicidad. Arreglarme, y siempre me veía preciosa, aunque fuera con unos simples vaqueros y sin maquillaje. J Arreglarme e ir a buscar a Elena al baile.
Y saber con total certeza que esa noche, como todas, me lo iba a pasar genial.

Cuando, de camino hacia Salvatorianos, al pasar por el Instituto Sagasta, algún tío desde el coche me decía algo.
Que tonta... pero que feliz.

A toda esa gente que conocimos durante aquel año. A toda esa gente que también se transformó y no quedan de ellos más que recuerdos.

Todo ha cambiado muchísimo. Aquel año fue una película, o una serie de televisión. La primera temporada fue magnífica, pero poco a poco fueron renovando a los actores y la historia perdió frescura.

Aquel invierno fue genial.

Luego llegó la primavera. Y nos golpeó con fuerza. A mí me arrancaron el corazón y lo insensibilizaron para siempre, a Marta fue Cristóbal quien se lo robó, pero ella también se lo robó a él, así que no hubo problema alguno.
Y tú empezaste a salir con Carlos.
Que mal se lo hiciste pasar, ¿te acuerdas? Jaja, aquel domingo por la tarde, cuando Elena, tú y yo fuimos a visitarle al internado. Joder, no sé ni porqué recuerdo aquel día, si tan poco fue un día muy trascendente. Un momento... ¿fue por aquel entonces cuando me compré una muñeca imitación de Barbie en un bazar chino?
Ay, Dios... sí, fue uno de aquellos días de primavera... Me compré aquella muñeca para colgar su cabeza en mi bolso de Emily, el que llevaba a la Escuela de Arte. Siempre así, con tal de llevar la contraria. El resto de las chicas colgaban llaveros que eran peluches. Yo no lo aguantaba, me parecían horterísimos. Así que colgué aquella cabeza de muñeca.

A la vuelta del verano estábamos aún más distantes.

Marta repitió curso, y tuvo que ir a estudiar al I.E.S Batalla de Clavijo.
Elena repitió primero de bachillerato también...
Y tú, una vez más, repetiste cuarto.

Todo terminó en San Mateo de aquel año, ¿no? Entre conciertos de China Latina, Naive y Smooking Adders.

Elena y yo salimos varias noches de San Mateo solas, porque Marta estaba con Cristóbal, o tú estabas con Carlos.

Después, todo terminó.

Salíamos Elena y yo los fines de semana, pero ya ni siquiera estaban los “Chechus” (Por cierto, ¿a qué venía ese apodo colectivo?), porque se fueron a estudiar fuera.
Tú conociste a Laura, y por extensión a Sasu. Gente nueva, nuevos ambientes...
Ya nada era igual. Y sigue sin serlo.
Y ya no volverá a ser como antes, jamás.

Pero yo no me olvido, maldita sea. No me olvido de quién fui, de quiénes fuimos, de qué vivimos. No puedo olvidar aquel año, no puedo olvidarte a ti, ni a Marta, ni a Elena.

Hemos cambiado, pero no hemos muerto, como tú dices.

“Para mí estáis muertas”.

La gente cambia, Letty, pero en esencia seguimos siendo las mismas. Y, por lo menos yo, te sigo queriendo.

Amelie Trailer (edit)

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