lunes, 22 de febrero de 2010

Blanca Rosa y los 7 negritos

Esta historia o lo que sea, nació una noche de pedo total (over 9000!) en La Curva.

Ya veréis qué gracia. Las rimas y eso









A su alrededor la gente come sándwiches hechos sin ganas. La mayonesa se les escurre por las comisuras y con sus dedos amarillos empujan las rodajas de tomate indomables o las demasiado saladas anchoas del Lidl que hacen aún más vomitivas sus insípidas vidas.

Blanca Rosa trata de disimular el picor producto de un magreo con un revolucionario de uñas sucias la noche anterior. Para ello cruza las piernas y aprieta los dientes. Evita comer para no ensuciarse las manos. Eso no daría buena imagen. 

Las pocas personas que han reparado en su presencia le ofrecen platos de plástico con tristes pinchos desmigajados. 

El asco acapara entonces todos sus sentidos, y sólo es capaz de imaginar pedazos de carne envasados al vacío.

Los huecos entre los trozos de patata de las tortillas mal hechas le incitan a volver a la noche anterior, y se pierde entre las luces de un bar que no recuerda y la misma lengua que le violaba la boca primero y le dijo no puedo follarte, me gustas demasiado, después. 

Y si se cayeran los letreros de todas las tiendas del centro a la vez, y acabaran con la vida de cientos de viandantes en un instante, a Blanca Rosa no le importaría lo más mínimo. 

Lleva tiempo pensando planes para su suicidio, aunque mientras viva, se ha prometido, seguir disfrutando de sus siete negritos.

Hoy, sin embargo, soporta a duras penas la mediocridad de sus semejantes, que han venido como ratas a dar palmaditas en su espalda por la muerte de su madre.

Entre los asistentes hay brujas, buitres, payasos, fantasmas, lagartas y el típico gracioso haciendo con la pena malabares. A nadie le interesan los sentimientos ni el vacío que ha quedado en esa casa. Pero sí miran con lascivia la cartera del viudo y los pechos de la huérfana. 

Los siete negritos no han acudido a la velada. Están demasiado ocupados vendiendo ilusiones a las almas descarriadas. A Blanca Rosa nunca le faltan. A su padre no le interesa llevar las cuentas de la casa. Bajo el vestido azul de su niña no se puede esconder, imagina, la adicción irremediable a la cocaína. 

Blanca Rosa se sorprende en un momento por no sentir sus ojos húmedos. Mientras su madre agonizaba en el hospital, ella estuvo bebiéndose las últimas horas en un bar no apto para señoritas. Ahora que no hay vuelta atrás no puede sentir tristeza. No en ese ambiente. La hipocresía le aleja de la pena, sólo trae consigo una terrible nausea. 

Podría repartir arcadas entre todos los asistentes, purgar su cuerpo hasta quedarse sin dientes. Pero no, eso tampoco daría buena imagen. 

Ya no será como antes, la princesa del barrio se ha quedado sin madre. Ya no será como antes. Aunque ellos aún no lo sepan, la muerte se ha llevado consigo los ingresos más rentables. 

Blanca Rosa empieza a sentir el picor de la ansiedad y con disimulo se desliza por la pared hasta encontrar un hueco íntimo desde donde poder llamar a alguno de sus negritos. 

Qué caerá hoy. Un no a tiempo o dos copas de más para desinhibir sus apetitos. 


* * *

El pasado queda relegado al recuerdo de los cobardes. Blanca Rosa abandona el caos etílico de su padre, una noche más después de seis meses desde la muerte de su madre. 

Calderilla rebuscada entre los bolsillos de todos los rincones. La luz de la calle de madrugada, azul lunar de bajo consumo, y el frío cortante derritiendo sus ojos de camino hacia El Parnaso. 

La puerta entreabierta emitiendo entre las rendijas una luz obscena. Guía del camino hacia el pecado, el vicio y otros remedios profanos contra el dolor de la ausencia. 

Los siete negritos desvían al mismo tiempo la mirada hacia el final de su falda, desde el extremo más alejado de la barra, y una de las musas con complejo de Pin Up, pervierte el silencio desde un cochambroso pin ball. Colándose como quien no quiere la cosa al otro lado de la barra, compite contra el silencio Blanca Rosa introduciendo una cinta de noventa en el viejo radiocasete. 

La música suena como si estuviera dentro de un agujero, a varios metros de profundidad, y se escucha como el lamento lírico de otra alma que, como las suyas, ha quedado desterrada y ahora llora buscando consuelo. Entre los acordes sobresaltan los golpes, como punzadas mortales, que no son sino las falsas pasiones de las musas que golpean la fragilidad de sus fríos corazones, en un camino angosto de luces parpadeantes y obstáculos que los desvían hacia el agujero negro que da fin a la partida. 

Blanca Rosa las observa cerca del radiocasete. Escogidas por su altura, sus caderas y sus finísimas cinturas. Educadas para mantener intacta la sonrisa por mucho que duelan las iniquidades. 

El pozo musical recita un lamento que a todos les hace reír entre lágrimas. Hasta las impolutas sonrisas de sus labios manchados de obscenidades, se humedecen con la sal de unos ojos que otras veces sólo responden a las arcadas que las felaciones más brutas producen. 

Y siente una lástima por ellas más profunda que la sentida por la muerte acontecida hace ya seis meses.
Pero pese a todo, en ningún lugar como aquel siente mayor protección y cobijo. Todo lo que pudiera necesitar se lo ofrecen sus negritos. 

Sus negritos no comparten raza, sexo, procedencia o edad, sólo un amor proceso de alguien que no pueden olvidar. Toleran el dolor de sus corazones rotos, abandonados en la tempestad. Son el dolor del desamor más encarnecido, quienes buscan una razón para entender por qué, si ya no existe, el pasado duele. 

Todo lo de fuera es mundano y putrefacto, gobernado por mentalidades gobernadas por el orgullo más vomitivo de las limitaciones que les brinda la Soberana Ignorancia.

7 comentarios:

  1. Hola. Quiero disculparme porque últimamente apenas tengo tiempo para pasarme a leer y comentar en los blogs de los amigos, entre otras cosas, porque ando embarcado en un proyecto solidario. De eso precisamente trata la última entrada de mi blog. Agradecería que le echaras un vistazo, así que para hacerlo más fácil, te dejo marcado el camino:
    Crónica del Viento: Tú puedes ayudar
    Abrazos y besos,
    V.

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  2. ya ni siquiera te insultan en los comentarios... ahora solo te dejan publicidad... algo va muy mal...

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  3. me pareció muy bueno adri, abrazos.

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  4. no sé que decirte, esperaré a emborracharme para acercarme a la perspectiva de cuando fue pertrechado
    un abrazo

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  5. hola
    mañana hemos quedado a las 16h en la luna a ver qué hacemos en la presentacion del elefante rosa fanzine
    estáis invitadxs todos
    para más info: elefante_rosa_fanzine@yahoo.es
    www.unbuendiatelevantasy.blogspot.com
    suerte

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