sábado, 26 de mayo de 2012

Espías en París

"- Deberíamos llamar a la puerta de esa casa -me dijo Louki-. Estoy segura de que alguien nos está esperando.
El banco estaba en el centro de algo así como un terraplén que formaba el cruce de dos calles. Años después, iba en taxi que circulaba, bordeando L'Arsenal, en dirección a los muelles. Le dije al taxista que me dejase allí. Quería volver a ver el banco y el edificio. Tenía la esperanza de que las dos ventanas del primer piso seguirían iluminadas, después de tanto tiempo. Pero estuve a punto de perderme por esas callecitas que van a dar a las tapias del cuartel de Les Célestins. Aquella otra noche, le dije a Louki que no merecía la pena llamar. No habrá nadie. Y, además, estábamos bien allí, en aquel banco, Hasta oía correr una fuente en alguna parte.
- ¿Estás seguro? -dijo Louki-. Yo no oigo nada...
Éramos nosotros dos quienes vivíamos en aquel piso de enfrente. Se nos había olvidado apagar la luz. Y habíamos perdido la llave. El perro de hacía un rato debía de estar esperándonos. Se había quedado dormido en nuestro cuarto y ahí se quedaría, esperándonos, hasta el final de los tiempos."




de El Café de la Juventud Perdida. Patrick Modiano.

2 comentarios:

  1. Que triste cuando te quedas esperando a alguien hasta el fin de los tiempos. Como cuando estás esperando un mail y actualizas la página sin descanso a eso de las 3 de la madrugada con los ojos enrojecidos y no acabas de creerte que no haya nada en la bandeja de Recibidos.

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  2. A veces por no atrevernos con la lógica quedamos varados esperando en algún banco para siempre. Los perros no esperan, solo quedan atrapados.

    Genial,

    saludos almendrados ;)

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