martes, 30 de abril de 2013

Primeras palabras sobre Ánima Esquiva, por Jorge M. Molinero

A escasos días de volver a Valladolid para presentar Ánima Esquiva y participar en la jam session de este mes de Susurros a Pleno Pulmón, Jorge M. Molinero me emociona con esta entrada que ha colgado hace unas pocas horas en su blog:

Acabo de leer Ánima esquiva, el nuevo poemario de Adriana Bañares, editado por Origami. No voy a esconder a estas alturas mi predilección por la prosa poética de la riojana, tampoco diré que es su poemario más maduro, porque normalmente eso significa que está mejor escrito pero ha perdido chispa. Y ni mucho menos, este poemario no solo mantiene si no que refuerza la voz tan personal y original de Adriana, pide al lector un esfuerzo en darse pausa porque su ritmo te engulle y subyuga. Sigue con la chispa brillante de otras ocasiones pero este nuevo trabajo gana en una cosa: Adriana se gusta más como Adriana y deja aparcado un poco al personaje Awixumayita. Continúan sus miedos y fobias, incluso taras, pero mucho más latentes, no tan exhibidos, escondidos en el escaparate, dejando más protagonismo a las letras que a ella misma, lo cual, consigue el efecto contrario, pues Adriana queda más indefensa, más desnuda. La Adriana de ánima esquiva es mucho más exhibicionista que Awixumayita, en la que creo una guerra que la escritora va ganando poco a poco pero sin perder la pose de estrella niñata y caprichosa que tanto vende y me gusta.
Adriana Bañares, cuyo currículo es tan envidiable como su juventud, deja poco a poco de ser la promesa para asentarse en un lugar privilegiado de la poesía española. Ahí es nada.


 
BONUS TRACK
[…]la tiranía de la estética 

era el inmenso desierto que habríamos de disponernos a 
cruzar
solos
Eduardo Fraile
Me quité mucha importancia a mí misma. Sesgué las palabras eufónicas. De mi palidez, las pecas. Los bucles. Todo. Para ser solo una más como tantas (modernas de pelo negro lacio con flequillo). A cambio de esta carrera contra natura, canas en el campo de batalla donde Lolita perdió su guerra contra el tiempo. Es una verdadera pena no ser ya adolescente ni pelirroja ni hermosa, (ni hija del peor de su generación) y que a pesar de haberme quitado tanto, no haya sido capaz de curarme de mi propia estupidez.

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