Mostrando entradas con la etiqueta NO ES AUTOBIOGRÁFICO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta NO ES AUTOBIOGRÁFICO. Mostrar todas las entradas
domingo, 9 de septiembre de 2007
domingo, 8 de abril de 2007
Yo quiero ser SuperGuay y que todos me quieran
PERO MIRA, ESTAS NOCHES QUE SUELEN EMPEZAR TAN MAL, SON TAMBIÉN LAS NOCHES QUE MEJOR TE LAS PASAS. Y EN ESTAS NOCHES SE SUELE DECIR ESTA FRASE Y SIEMPRE ES MENTIRA.
No he conseguido vomitar la mierda de comida que me he tragado hoy.
Cada vez que me miro en el espejo me veo peor.
No puedo creer que por menos que coma o más te verde beba; que por más que vomite o me ponga estos malditos parches reductores siga engordando sin parar.
Cada vez tengo más cadera, más tripa, más pierna.
Es horrible. Estoy horrible.
Sólo estoy delgada hasta el ombligo, luego todo se distorsiona.
Tengo miedo de terminar con un cuerpo deforme, aunque, a decir verdad, creo que ya lo tengo así.
No es normal tener estas caderazas, esas cartucheras que son puro hueso. No es natural que la osamenta esté así de descontrolada.
No es normal que mi esqueleto sea tan deforme.
Tengo las piernas gordas, pero el maldito hueso ese... esa mierda que cuando engorda se llama “cartuchera”. Ese puto extremo sobresale tanto que no puedo cerrar las piernas. Y me hace deforme.
El culo deforme.
Caderazas, hueco, cartucherazas. Me da asco mirarme en el espejo.
Me da asco verme.
Me doy asco.
Se me debió haber pasado ya la tontería de la niña bulímica, pero no, qué va.
Nacho ayer me dijo algo mientras derramaba cerveza sobre mi pelo para ponérmelo bien.
Debió decirme lo que siempre me dice mi madre: si eres inteligente, qué más de ser gorda o flaca.
Pero no soy inteligente, soy sólo una chica que curiosamente no tiene dificultad en escribir. Pero nada más, ni siquiera lo que cuento tiene importancia.
Y, en cualquier caso, si fuera inteligente, ¿acaso por ello debería ponerme como una ballena y ser feliz?
No, no lo creo.
Me importa una mierda que los parches alteren el tiroides o lo que quieran alterar. Prefiero que me de un ataque al corazón antes que odiarme más de lo que me odio.
No quiero ser tan imperfecta, tan fea, tan horrible. Estoy harta de verme como una basura. Un maldito despojo humano sin atractivo.
Me importa una mierda el asco que de ver hierbillas flotando en el agua. Está claro que el té verde si no es así, a lo basto, no hace ningún efecto.
Té verde, infusiones laxantes, el maldito 4,3,2,1, que no me solucionó nada.
La mierda de comida que ponen en la residencia.
Estoy harta.
Quiero dejar de comer. Quiero aprender a superar el hamber antes de volver a poner mis rodillas sobre los baldosines del baño y vomitar.
Quiero ser fuerte y bella. Todo lo que no pude ser cuando era niña.
Quiero poder ser como ellas. Una maldita diosa.
Quiero ser una diosa.
Quiero ser una diosa.
Quiero coger una sierra y serrarme estas caderas. Quiero ser guapa y tener un cuerpo bonito.
Quiero volver a poner a alguien con sólo mirarme, como cuando pesaba 52 kg.
Si soy fuerte lo conseguiré.
Me lo he prometido.
Y en esta vida sólo hay alguien a quien no puedes hacer promesas falsas: a ti mismo.
Ya me he decepcionado demasiadas veces.
Ahora ya, en serio. Puedo vivir sin comer. Puedo hacerlo.
Al menos hasta volver a ser bella.
No he conseguido vomitar la mierda de comida que me he tragado hoy.
Cada vez que me miro en el espejo me veo peor.
No puedo creer que por menos que coma o más te verde beba; que por más que vomite o me ponga estos malditos parches reductores siga engordando sin parar.
Cada vez tengo más cadera, más tripa, más pierna.
Es horrible. Estoy horrible.
Sólo estoy delgada hasta el ombligo, luego todo se distorsiona.
Tengo miedo de terminar con un cuerpo deforme, aunque, a decir verdad, creo que ya lo tengo así.
No es normal tener estas caderazas, esas cartucheras que son puro hueso. No es natural que la osamenta esté así de descontrolada.
No es normal que mi esqueleto sea tan deforme.
Tengo las piernas gordas, pero el maldito hueso ese... esa mierda que cuando engorda se llama “cartuchera”. Ese puto extremo sobresale tanto que no puedo cerrar las piernas. Y me hace deforme.
El culo deforme.
Caderazas, hueco, cartucherazas. Me da asco mirarme en el espejo.
Me da asco verme.
Me doy asco.
Se me debió haber pasado ya la tontería de la niña bulímica, pero no, qué va.
Nacho ayer me dijo algo mientras derramaba cerveza sobre mi pelo para ponérmelo bien.
Debió decirme lo que siempre me dice mi madre: si eres inteligente, qué más de ser gorda o flaca.
Pero no soy inteligente, soy sólo una chica que curiosamente no tiene dificultad en escribir. Pero nada más, ni siquiera lo que cuento tiene importancia.
Y, en cualquier caso, si fuera inteligente, ¿acaso por ello debería ponerme como una ballena y ser feliz?
No, no lo creo.
Me importa una mierda que los parches alteren el tiroides o lo que quieran alterar. Prefiero que me de un ataque al corazón antes que odiarme más de lo que me odio.
No quiero ser tan imperfecta, tan fea, tan horrible. Estoy harta de verme como una basura. Un maldito despojo humano sin atractivo.
Me importa una mierda el asco que de ver hierbillas flotando en el agua. Está claro que el té verde si no es así, a lo basto, no hace ningún efecto.
Té verde, infusiones laxantes, el maldito 4,3,2,1, que no me solucionó nada.
La mierda de comida que ponen en la residencia.
Estoy harta.
Quiero dejar de comer. Quiero aprender a superar el hamber antes de volver a poner mis rodillas sobre los baldosines del baño y vomitar.
Quiero ser fuerte y bella. Todo lo que no pude ser cuando era niña.
Quiero poder ser como ellas. Una maldita diosa.
Quiero ser una diosa.
Quiero ser una diosa.
Quiero coger una sierra y serrarme estas caderas. Quiero ser guapa y tener un cuerpo bonito.
Quiero volver a poner a alguien con sólo mirarme, como cuando pesaba 52 kg.
Si soy fuerte lo conseguiré.
Me lo he prometido.
Y en esta vida sólo hay alguien a quien no puedes hacer promesas falsas: a ti mismo.
Ya me he decepcionado demasiadas veces.
Ahora ya, en serio. Puedo vivir sin comer. Puedo hacerlo.
Al menos hasta volver a ser bella.
domingo, 28 de enero de 2007
El día que no pasé hambre

Llevo el día con un café, un cigarrillo y una mandarina. Y un té verde.
Creo que estoy empezando a acostumbrarme.
Creo que ya no tengo hambre.
Creo que algún día llegaré a ser bonita,
entonces ya no se reirán de mí.
No, no se reirán de mí.
No, no se reirán de mí.
Y podré hacer lo que quiera, podré
sentir lo que antes nadie sentía
por mí.
Podré volar, podré sonreír, podré
vivir.
Algún día podré reírme yo,
algún día
podré ser
una chica más;
sin complicaciones
Creo que estoy empezando a acostumbrarme.
Creo que ya no tengo hambre.
Creo que algún día llegaré a ser bonita,
entonces ya no se reirán de mí.
No, no se reirán de mí.
No, no se reirán de mí.
Y podré hacer lo que quiera, podré
sentir lo que antes nadie sentía
por mí.
Podré volar, podré sonreír, podré
vivir.
Algún día podré reírme yo,
algún día
podré ser
una chica más;
sin complicaciones
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

la niña de las naranjas by Adriana Bañares is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.
Entradas y Comentarios