Mostrando entradas con la etiqueta mujeres. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mujeres. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de diciembre de 2012

Yo no quería publicar en una antología de mujeres. 2

Como ya comenté, la semana pasada se presentó en el Ateneo Riojano el último número de la revista Codal.

¿Qué es la revista Codal?
Una revista (sic.) de creación literaria y artística que editan el Área de Filología y de Patrimonio Regional del Instituto de Estudios Riojanos.



Cómo llego yo a Codal:

Es verano en Bayreuth y recibo un correo de quien fue mi profesor de literatura en el bachillerato, allá por los años del pleistoceno, Ricardo Mora de Frutos, que ahora es el el director de la revista Codal y me invita a participar. Me pongo contenta. : )

En el correo entiendo que habrá una sección dedicada a autoras riojanas. La verdad es que siempre entiendo lo que quiero.

Al final opto por enviarle Eis, porque:

a) Me gusta.
b) Sequía creativa post Erasmus
c) Me parece un texto bastante hard para una revista de provincias, y eso me pone ON FIRE.



Y entonces.


Me pongo el vestido de domingo y las medias de lycra y voy al Ateneo. El Ateneo siempre huele a alcanfor. Y se dice,
que este número de Codal está dedicado a la creación femenina en La Rioja. Un número compuesto íntegramente por mujeres. Y se dice más o menos lo que dice Ricardo en la editorial:

"Así pues, ¿por qué un número sobre la creación femenina en La Rioja? La respuesta es muy simple: al recabar los textos y obras que tienen cabida en este quinto número de Codal, la realidad se impuso y comprobamos que, entre los originales que nos llegaban, la gran mayoría pertenecían a artistas y escritoras cuyo recorrido empieza a ser, o se ha confirmado ya, como verdaderamente reseñable en un panorama global de la creación riojana.
De este modo, buscando una cierta coherencia en los contenidos de la revista, hemos optado por asumir sin ambages esta realidad y construir un número enteramente destinado a marcar el pulso de lo que es el arte y la literatura riojanos en el que la femineidad, asumida desde diversas ópticas, todas ellas válidas, es un aditamento caracterizador. Obviamente, no hemos pretendido ser exhaustivos, ni tan siquiera intentarlo: en sucesivos entregas, iremos completando esta visión necesariamente limitada".

Es decir,
o así me parece, 
que:

el consejo editorial se sorprendió brutalmente (brutalmente es una coletilla mía, no quiero decir con esto que se pusieran violentos) de la gran presencia de mujeres y tuvo que justificar el desfalco de alguna manera. ¿Qué hubiera pasado si, por el contrario, el peso hubiera caído en la presencia masculina? Seguramente nada. Ya vemos publicaciones como El Butano Popular, donde hay tres autoras frente a treinta autores, o el elenco de poetas que protagonizará el recital de mañana en el Bukowski:




Carmen Beltrán, que participa en este número no solo en calidad de poeta sino que también lo hace con un interesante artículo sobre la presencia de la mujer en la literatura riojana, Algunos apuntes para un estudio futuro, hace un recorrido a través de las antologías poéticas que se han publicado en los últimos años por aquí. Entre ellas encontramos que, en 2008, Catorce poetas riojanos en las Jornadas de Poesía en Español, "que recoge, como su nombre bien indica, una muestra de la obra de los poetas riojanos que han participado a lo largo de los años en las Jornadas de Poesía en Español. Catorce poetas y, entre ellos, ninguna mujer". Tres años antes, en 2005, se publicó una antología con presencia exclusivamente femenina y que llevaba el desafortunado título La otra voz. Poesía femenina en La Rioja (1982-2005). Aquí tenemos, con estos dos títulos, el claro ejemplo de lo que vengo a decir. 

Pues eso.  Ahora me voy, que he quedado. 



Pero, de todas formas y porque el contenido lo merece, si estáis interesados en conseguir este número de Codal, y conocer de paso la obra de las poetas Carmen Beltrán y Sonia San Román; el arte de Julia Mateo, Janire Nájera y Julia Landaluce; la disertación estética de Olaya Fernández Guerrero sobre la obra de las fotógrafas Clara Larrea y Kelly McCown; leer Eis completa y en papel, y otros etcéteras, 
podéis pasaros por IER (Portales 2, Logroño) o pedir un ejemplar desde este enlace: Codal. Revista de Creación Literaria y Artística



BESOS.


martes, 10 de mayo de 2011

VPH y el marketing del miedo

Hoy he expuesto en clase de Ética Aplicada -asignatura que imparte Alicia Puleo-  mi trabajo sobre las vacunas contra el VPH. Lo dejo aquí, a la espera de vuestros comentarios:

Vph y El Marketing Del Miedo

También dejo a vuestra disposición la presentación de Power Point que realicé para la ocasión. Agradezco especialmente la ayuda de Óscar. Hacía tanto que no utilizaba este programa que apenas recordaba cómo se insertaban imágenes:

*En el gadget de Slideshare.com que adjunto a continuación, no se ven las animaciones. Para ver la presentación en todo su esplendor, descárgala de aquí: File name: presentacion vph.ppt
File size:3.70 MB



VPH y el marketing del miedo

View more presentations from Awixumayita Atiyamuxiwa.


El vídeo insertado en la diapositiva número 19:

viernes, 22 de abril de 2011

Asbesto, Dioxin, Rayón.

Acabo de recibir este PowerPoint por email y me he quedado anonanada.Ya sabemos cómo es Internet... pero la verdad es que no me extrañaría nada que fuera totalmente cierto.

Véanlo ustedes mismos:



martes, 8 de febrero de 2011

La Isla (y todo lo demás)

Recupero un texto que escribí el pasado Septiembre.

Una mana cualquiera. Valladolid.


“Un leve roce. Tu mano en su mejilla. Cualquier cosa. Esto no es una infección, una enfermedad, un poder. Mucho menos un don. No es una maldición. No es un defecto, no es un modo de vida ni parte de mi carácter. Es mucho más. Es todo lo que tengo para ofrecer. Ofrezco quedarme contigo sin poder darte nada de mí.

            Hoy soy mujer. Tan mujer que se me atraganta la jota de juventud, poco antes de llegar a la erre de roto, de errante, de error, de rémora. Pero sobre todo la erre de no poder siquiera rozarte, de no poder recorrerte siquiera con la mirada. Se me atraganta la erre de recuerdo. La erre de remiendo, de recorte, de Rocío.

            Sobre todo de Rocío.”

            Marcos vuelve a doblar la carta y la introduce con prisa y descuido en el sobre. Con los mismos nervios la guarda en la caja y, de una patada, deja que se deslice hacia la oscuridad, debajo de su cama. Su madre ya ha gritado su nombre tres veces. Eso significa que su padre ya ha vuelto del trabajo. Que la cena ya está en la mesa. Que ella comerá menos de la mitad de calorías de las que ha preparado para su padre y para él. Que estará encendida la televisión en el mismo canal de todas las noches. ¿Las noticias o alguna serie de sketches de humor que cada día va perdiendo más la gracia? Las risas han llegado a convertirse en tristes suspiros fugaces que escapan de medias sonrisas. Las bocas son paréntesis caídos que oscilan boca arriba.

            Marcos mueve con el tenedor los pequeños trozos en los que ha descuartizado las salchichas. De un extremo a otro del plato. Su mirada se mantiene fija hacia un punto, en medio de los ojos de su padre. Sigue moviendo los pedazos, cada vez más despacio. Cada vez más fuerte. Hasta que el sonido del tenedor llega a ser insoportable para su madre, que muerde con fuerza la servilleta y grita.

-         ¿Pero qué haces? ¡Deja de hacer eso! Qué dentera, por Dios.

Su padre, que durante todo ese tiempo ha estado distraído comiendo y viendo la televisión, traga el último pedazo y se dirige a su mujer.

-         Rocío. – Ella no escucha. Todos sus sentidos están pendientes de Marcos, pero el niño sólo tiene ojos para el padre. Parece un duelo a tres bandas. Quién disparará primero. Quién sobrevivirá a los otros dos. - ¡Rocío!

Ella vuelve la cara hacia su marido. Ha sido la primera en caer. Aprieta los dientes, eleva un poco la cabeza, cierra los ojos, aspira con fuerza. Al destensar todos los músculos de su cara, en ambos lacrimales pueden apreciarse sendas gotas furtivas y saladas.

-         ¿Se puede saber qué pasa? ¿Hace falta ponerse así?

-         Me tenéis harta. – Titubea un poco al señalarlos. – Los dos. ¡Hartísima!

Se levanta y corre, huyendo de algo que sólo ella es capaz de ver.

Ya en su habitación, a puerta cerrada, creyéndose a salvo de esa amenaza fantasma, se sienta en la cama. Tan grande, tan desoladora. Frente a ella un espejo donde hoy ve su rostro esclavo de la rutina. Qué fue de la Rocío rompecorazones, a la que odiaban las mujeres y deseaban todos los hombres. ¿Se ha resuelto su vida en un matrimonio de sexualidad insatisfecha y noches de cena, telediario, Marcos los deberes y a dormir? Con un rotulador negro permanente borra esa idea de su mente. Observa su anillo. La prueba irrefutable del compromiso. Del triunfo sobre aquellas que quisieron ser las primeras en lograr la estabilidad económica – sentimental. Juega con él. Lo toca, lo soba, lo humedece con sus propias lágrimas, lo observa con más deseo del que haya podido profesar nunca hacia su marido y éste cae. El anillo, no el marido. Plof. Tan dorado y sin embargo cae como un soldadito de plomo abatido y rueda por debajo de la cama hasta chocar, clin, contra algo metálico.
Rocío se adentra en la oscuridad, sorteando todas esas pelusas que la nueva asistenta se ha negado a aspirar y la toca, la sujeta con fuerza y la atrae hacia sí. Al abrirla sólo encuentra papeles. Recortes, cartas, notas, etc.
Dentro se encuentra ella misma y el miedo. El suyo propio y hacia sí. Un delirio estúpido, taquicardia o sugestión, un dolor nuevo y un temor vergonzoso a morir.
Un temor obsceno. Un temor repugnante.
Un miedo cobarde.
Sepsis.
Búsqueda interminable, señales. Lesión psicosomática o dolencia real en cérvix.
Impotencia. De verdad o ficticia. Ausencia de aire al dormir. Temor a la noche, a la inconsciencia. Sueños rápidos estando despierta. Los pensamientos se presentan en fotogramas. Por cada latido un nuevo clic. Clic. Clic. Miedo a un ataque. Miedo a morir. Absurdo y simple. Vocación sobrenatural. Algo le come.
Enciende todas las luces. Busca su reflejo deformado en el espejo pero está despierta.
No quiere volver a la cama: tiene dientes. En la caja se encuentran sus sueños, que son la enfermedad que grita su nombre. Que golpea su pecho. Que le asfixia y le retiene. Una parte de ella cae y se rompe. La otra trata de mantener la calma pero ya no queda aire. Sólo miedo y nuevos síntomas. Sólo miedo y oscuridad.
La puerta se abre. Su marido espera encontrársela llorando, y se queda bajo el marco de la puerta, con miedo a entrar y no saber consolar a una histérica.  Pero en lugar de eso se la encuentra frente al espejo con una hoja de papel en la mano. Él reconoce al momento la caja de metal que se encuentra abierta en el suelo y le tiemblan las manos, como cada noche. A ella, se le inmoviliza una pierna – parálisis histérica – y cae, y grita maldiciendo su impotencia.
-         ¡Ójala se muera!
-         ¡No hables así, no sabes quién es!

Seguro que es estupenda, piensa ella. Tan estupenda, tan víctima, tan buena, tan
agradable. Seguro que juega estupendamente sus cartas del pobre de mí. Seguro que son estupendos los juegos alternativos al sexo también. Seguro que es estupenda, sea quien sea la triste anónima de las cartas. Tan lírica, tan intocable. ¿Qué le pasa? ¿Habla del VIH o del VPH? ¿Tiene miedo a infectarte de algo? Como si eso importara algo: bastante tienes ya estando vacío.
            De pronto se pone en pie. Se ha encendido una mecha y sobre su cabeza aparece de pronto una bombilla. Duda si antes, en la cocina, las cosas ocurrieran así.

-         Entiendo que estés dolida, pero esas cartas no son de ahora, Rocío.

Rocío se mira a los ojos en el espejo y da marcha atrás en el tiempo hasta volver a la
cocina. Apoyada en la encimera observa el panorama sin que ninguno de los tres se dé cuenta.
            Marcos observa fijamente a su padre mientras juega con la comida. Típico de Marcos. No come apenas. Una noche más dejará el plato prácticamente intacto en la fregadera y se irá a la cama sin cenar. Rocío mira la tele como si tuviera anestesiado el cerebro. El silencio al que sólo perturbaba la insoportable voz de “la princesa del pueblo” se quebranta ahora por la del padre.
-         ¿Quieres dejar de mirarme de esa manera? Y cómete la cena, hostia. Todas las noches lo mismo.
-         ¿Cuándo tienes pensado dejarnos por la puta de las cartas?
Rocío desvía la mirada de la televisión al tiempo que se oye un “¿me entiendes?”.
-         ¿Qué has dicho, Marcos?
-         Pregúntale a papá. A ver de quién son las cartas que guarda debajo de la cama.
Rocío mira a su marido un momento. También observa a su hijo. Con su acento de
chulo madrileño, pero barriobajero, los pantalones bajos, la sudadera cutre pero tan cara, y las pupilas aún dilatadas por la última sustancia.
-         Me tenéis harta. Los dos. Hartísima.
Y se levanta de la mesa, y deja a Belén Esteban llorando sus desgracias en la tele, y
deja también la cena ultra light para seguir estupenda a pesar de todo y de todos y se va de la cocina, mientras la Rocío del ahora la observa desde la encimera.

-         Rocío, escúchame, ¿quieres? Marcos se equivocó. Esas cartas no son recientes.

Son de antes de que te diagnosticaran la lesión en el cérvix. Rocío se adelanta y
responde mentalmente. Eran de una chica que conocí en el Manuela, una noche después de una lectura de poemas. Sólo nos acostamos esa noche, te lo prometo. No está bien, lo sé, pero estas cosas suceden. Después nos vimos un par de veces más, hasta que me dijo que tenía un tipo de  VPH y que tenía miedo a mantener relaciones sexuales por si se agravaba la infección. Como a los hombres el tema del papiloma no nos afecta especialmente, pasé olímpicamente de hacerme pruebas o le pedí a mi médico de cabecera que me las hiciera pero éste me dio largas o me dijo que no le diera mayor importancia. Después volví a ti, a quien no quiero en absoluto porque ya no eres ni por asomo aquella mujer con la que me casé. Porque ya no soy la envidia de mis amigos como lo era cuando salíamos juntos y tú te ponías esos vestidos cortos tan atrevidos y las boinas francesas que te daban aquel toque tan moderno, sofisticado e intelectual que no tenía ninguna otra. Volví a ti porque con la otra ya no había nada qué hacer, y seguí acostándome tristemente contigo, casi sin ganas, pero siempre es mejor eso a un juego solitario después de todo. Después lo tuyo. Ya es casualidad. Ella seguía escribiéndome cartas y tonterías que guardé porque me sirven para alimentar el ego. Es tremendamente grato saber que aún soy capaz de enamorar a alguien…

-         Son incluso de antes de casarnos.

Rocío deja de hacer cábalas y de buscar culpables. Buscar culpables, de todas
formas, es lo único que ha hecho desde que el ginecólogo le dijera aquello de “tienes una lesión en el cuello del útero”. Entonces Rocío retrocede hasta unos meses antes de la boda, en mil novecientos ochenta y nueve, y se acuerda de la complicidad que había entre él y su hermana, Leire.
            Se sienta en la cama de Leire sin que ésta se percate de su presencia y sonríe al ver que su hermana está a punto de poner un vinilo de Ramoncín. Fe Ciega. Manda cojones. Se enciende un cigarrillo y escribe. A Leire le gustaba escribir, sobre todo poemas. A Rocío le gustaría reconciliarse con su hermana, o al menos despedirse como es debido, pero no es tarea fácil viviendo en planos temporales diferentes. Así que vuelve a su habitación con su marido. La transmisión del VIH en España tuvo su punto álgido al final de la década de los ochenta, principios de los noventa. Ya lo sé, responde Rocío a los datos que le llegan de la coordinadora estatal de VIH - SIDA. Como para no saberlo.
-         Agh. Son de Leire.
-         Claro, por eso lo de que no puede tocarm…
-         Ya.
-         ¿Ya no vas a decirme nada?
-     …












Tanto gilipollas y tan pocas balas:
https://detenganlavacuna.wordpress.com/category/vph/
http://megaordenmundial.blogspot.com/2009/03/virus-del-papiloma-humano-la-vacuna-del.html




La moraleja de todo esto es que, de una manera o de otra, quieren acabar con nosotras. 
Entradas y Comentarios