miércoles, 29 de junio de 2011

Adso descubre la importancia de los nombres propios.

Umberto Eco. El nombre de la rosa. Random House Mondadori, 2010. pags. 581,582 y 583.



-¿Y la muchacha?

-Ya te he dicho que es carne de hoguera. Pero la quemarán antes, por el camino, para edificación de alguna aldea cátara de la costa. He oído decir que Bernardo tendrá que encontrarse con su colega Jacques Fournier (recuerda este nombre; por ahora quema albigenses, pero apunta más alto), y una hermosa bruja sobre un montón de leña servirá muy bien para acrecentar el prestigio y fama de ambos…

-¿Pero no puede hacerse algo parasalvarlos?-grité-. ¿No puede interceder el Abad?

-¿Por quién? ¿Por el cillerero,que es un reo confeso? ¿Por un miserable como Salvatore? ¿O acaso piensas en la muchacha?

-¿Y si así fuese? –me atreví a responder-. En el fondo, es la única inocente de los tres. Sabéis bien que no es una bruja…

-¿Y crees que después de lo que ha sucedido el Abad estaría dispuesto a arriesgar el poco prestigio que le queda parasalvar a una bruja?

-¡Asumió la responsabilidad de la fuga de Ubertino!

-Ubertino era uno de sus monjes, y no estaba acusado de nada. Además, qué tonterías me estás diciendo: Ubertino era una persona importante. Bernardo sólo hubiese podido atacarlo por la espalda.

-De modo que el cillerero tenía razón: ¡los simples siempre pagan por todos, incluso por quienes hablan a favor de ellos, incluso por personas como Ubertino y Michele, que con sus prédicas de penitencia los han citado a la rebelión!

Estaba desesperado; ni siquiera se tenía en cuenta que la muchacha no era una hereje de los fraticelli, seducida por la mística de Ubertino. Era una campesina, y pagaba por algo que nada tenía que ver con ella.

-Así es- me respondió tristemente Guillermo-. Y si lo que estás buscando es una esperanza de justicia, te diré que algún día, para hacer las paces, los perros grandes, el papa y el emperador, pasarán por encima del cuerpo de los perros más pequeños que han estado peleándose en su nombre. Y entonces Michele o Ubertino recibirán el mismo trato que hoy recibe tu muchacha.
Ahora sé que Guillermo estaba profetizando, o sea razonando sobre la base deprincipios de filosofía natural. Pero en aquel momento ni sus profecías ni sus razonamientos me brindaron el menor consuelo. Lo único cierto era que la muchacha sería quemada. Y yo me sentía en parte responsable de su suerte, porque de algún modo en la hoguera expiaría también el pecado que yo había cometido con ella.

Sin ningún pudor estallé en sollozos, y corrí a refugiarme en mi celda. Pasé toda la noche mordiendo el jergón y gimiendo impotente, porque ni siquiera me estaba permitido lamentarme –como había leído en las novelas de caballería que compartía con mis compañeros de Melk- invocando el nombre de la amada.

Del único amor terrenal de mi vida no sabía, ni supe jamás, el nombre.

4 comentarios:

  1. Genial. Debería volver a intentar leerlo. Lo dejé a la mitad. Dos veces.

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  2. a mí al principio me aburrió sobre manera, pero a partir de la pag.300 y después de haberlo leído tres o cuatro veces en tres meses, puedo decir que me encanta. Mañana vuelvo a presentar otro trabajo sobre el tema. a ver si esta vez sí. tengo ganas de leer otras cosas.

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  3. yo cuando sale sean connery me empieza a gustar

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