lunes, 28 de octubre de 2013

La Balsa. Canciones de la semana. Las sirenas no pueden bailar.


Lover, will you look at me now?
I'm already dead to you 
but I'm inclined to explain 
to you what I could not before
whatever you didn't do, what you couldn't say
I am sorry that the worst has arrived
for I deserve more
for at least I deserve the respect of a kiss goodbye


El Chico con la Espina en el Costado - La balsa

En mi habitación el viento sopla en mí,
tormenta interior en moqueta azul.
Sin tripulación, viaje interior,
náufrago de tu no pronunciado adiós.



Yo soy una sirena y el capitán no supo hacerme feliz en tierra.
Tienes que volver al mar, sirena.
Contigo no se puede bailar. 

Imagino que escribí esto influida por La Balsa, porque durante el viaje me dio muy fuerte por esta canción, y eso que tiene ya sus años. Pero siempre vuelvo al Chico cuando estoy de primavera. Este otoño que sí que no, que sí que no.

I don't wanna feel like I don't have a future
I don't wanna feel like it's an end of a summer
Let's not fall back to sleep like we used to
I don't wanna wake up knowing I don't have a future



Así que imagino que en ese duermevela de los trenes, con el paisaje de fondo, el cristal sucio, la música, la resaca emocional post-lectura y post-gins, he estado imaginando a Rubén [Pozo Usieto] en la balsa, triste y abandonado. Lleva grabado un mensaje en el buzón de voz, una despedida a medias, o un Post It reutilizado. Alguien le ha dicho No te puedo hacer feliz y él también lo ha dicho, y ahora está solo a la deriva y ella está con otro de quien ni siquiera está enamorada, pero que parece que bah, la hace feliz, porque cierra los ojos y no quiere saber y no ve nada porque realmente aquí no hay nada que importe. El caso, que el pobre chico está muy mal y está a la deriva. Pero, oh. Aparece una sirena de las profundidades. La sirena es una cosa muy fea, es inválida. No puede caminar. El chico la mira con recelo. La mira con asco. Pero tiene algo sexy esa cosa. Con su pelo, sus ojos, su vocecita y la cintura estrecha. Así que termina por acogerla en su barco. La sirena, que no ha tenido contacto humano nunca en la vida, se queda fascinada por el chico. Le dice: oh, cuántas cosas podremos aprender el uno del otro. Y, oh, te enseñaré los peces, los corales, mi casa bajo la tierra a mil metros de profundidad. Y al principio es todo muy bonito, y él termina por creerse que la quiere, y deja de tenerle tanto asco, y la abraza en cubierta y ella lo lleva al fondo del mar, pero la cosa no funciona. Siempre uno de los dos se ahoga. Y por mucho que él dijera podría quedarme aquí contigo, bajo la tierra, llega un momento en el que él quiere volver. Porque la vida en tierra firme es más segura o porque el mar realmente no tiene nada que ofrecer. La sirena no tiene nada que ofrecer. Tendría que cargar contigo, no te puedo hacer feliz. Hace un barco de papel con sus palabras y lo lanza al mar. O lo mete en una botella, porque el papel se ablanda en el agua y desaparece. Desaparece








1 comentario:

  1. Adriana, soy Rakel RaRo, tengo que comunicar contigo y me devuelven tu email, escribeme cuando puedas a edicionesraro@yahoo.es.
    Es para hablar contigo sobre el próximo 8 de noviembre

    ResponderEliminar

¿Quieres estar al tanto de cada nueva publicación? ¡Suscríbete!

Entradas y Comentarios