martes, 30 de septiembre de 2014

Terminar septiembre en Valladolid

Psst, psst, Adriana. Eh, Adriana, eh.




Leí hace tiempo a Kahlo decir que su psicóloga le había recomendando escribir listas. Ayer estuve leyendo La tumba del marinero en casa de Dre. También leí algo de Thomas Hardy. Y he dicho que no sé si está bien haber venido porque estoy muy triste y me pongo a llorar por nada. Pero he venido. Bueno, a decir verdad, me he ido. Me he ido de Logroño. Miraba Valladolid hoy y decía, joder, qué feliz he sido yo aquí. Me he acordado de Pat, caminando por los bordes de las aceras, escuchando música. He pensado: joder, yo he sido feliz aquí. Yo aquí me ponía dos trenzas y combinaba las zapatillas (una negra y otra morada), y era feliz así sin tener que aparentar nada. Tampoco me comía la cabeza con lo que escribía ni publicaba en el blog. Y lo pasé mal, claro, como en todo. No fue la casa de la pradera esto, claro, pero. Bueno, es que la nostalgia es muy traicionera, claro. Todo se ve mejor a distancia. Cualquier tiempo pasado. Ya sabes.  

Me hace gracia pensar en mi dos mil nueve porque si escribiera una autobiografía, cosa que no quiero, pero que Pat y Dre me sugirieron la semana pasada. Da igual lo que cuentes, son tus paréntesis, me decían. Mis paréntesis. El caso, que si escribiera una autobiografía tendría que centrarla en mi dos mil nueve, porque fue cuando hice clic y todo eso. Me dijo mi psicóloga el año pasado. No es que vaya a terapia ahora, es que fui un mes, el año pasado, entre la ruptura y la librería. Yo le dije que estaba harta de estar arriba y venirme abajo de repente. Parece que voy alternando las semanas: una a tope, otra a morir. Y ella me dijo: "perdona que te lo diga así, pero es que llevas mucho tiempo mal". Y buena suerte y hasta la próxima. 

¿Sabes qué pasa? Pasa que tengo miedo. Que antes me refugiaba aquí, contaba mi puta vida. Daba igual todo. Pero ahora ya me estoy arrepintiendo de haber mencionado que visitara a una psicóloga durante una breve, brevísima, temporada. Me da vergüenza mi vida, me da vergüenza todo. 

Busca trabajo, Adriana, eres una inútil. Quién te va a querer con este pelo. Quién te va a querer con este rictus de tristeza constante e inmerecida. Hay gente peor que tú. Gente que realmente lo pasa mal. Quién eres, Adriana, y qué has venido a buscar aquí. Si no lo tienes es porque no quieres y si lo tienes es porque quieres. Etc. 

Si volviera atrás, qué cambiaría. 

No escribiría poesía. No conocería a los poetas. Me quedaría oculta en un seudónimo y una ilustración cualquiera por foto de perfil, y punto. Escribiría sin ninguna pretensión de nada. No, nunca, jamás, leería mis poemas en público. ¿He dicho poemas? Quiero decir textos. No leería en público. No me haría un perfil de Facebook.

No me haría un perfil de Facebook.

Sería anónima. Joder, cuánto me gustaría ser anónima. 

Anoche soñé, te vas a reír, anoche soñé que abrazaba a un conocido poeta y me echaba a llorar. Le preguntaba "¿cuándo va a acabar toda esta tristeza?" y él me separaba y me decía: "venga, vete a casa". Cuando me he despertado solo me apetecía abrazar algo y preguntar cuándo va a terminar toda esta tristeza. 

Y luego vi Valladolid, y pensé, joder, yo he sido feliz aquí. Yo he sido feliz aquí, ya me vale, a quién intentas engañar. Yo no he estado bien en ningún sitio. La única diferencia es que aquí la infelicidad fue solo mía, porque la infelicidad no se comparte con nadie. A esa se la disfruta y se la quiere y se la usa con fines creativos. Como al insomnio.





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