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martes, 25 de noviembre de 2008

Mundo Dulce

You're the feeling of hurting
More is what
I'm asking for
Little lies cross overboard

Wait for the crying

Love to aim at besides

Lever pulled
Go where you are little pond
Never be seen by your saw

We'll work it out

Now the feelings are right where you saw

Forever is right where we were

Never be clean
Lever pulled
Be where you are


Lever Pulled. John Frusciante.
(Si la quieres escuchar, pincha aquí)

Me piden el regaliz

más negro,

El chocolate más puro.

Yo les mando al final de la tienda y sólo encuentran

Kit kat de chocolate negro. Si no hay otra cosa…

El eye linner corrido bajo sus ojos, el flequillo a un lado,

sus chapas de Tokio Hotel y las zapatillas Conversse.

Son mis hijos, mis herederos, los padres de mis nietos,

El futuro incierto. Lo dicen sus chapas de The Clash.

De fondo suena una canción de John Frusciante,

O alguna de la Joplin.

El disco que mi jefe siempre cambia por los Cuarenta Principales.

Esos niños, adolescentes antes de tiempo, intentando aparentar tener una cultura que no tienen.

Porque mientras canta Frusciante, ellos tararean lo último de Nena Daconte.

Porque aunque luego se pongan ciegos en un bar, ahora están en una tienda de dulces.

Todos somos llamados a nuestro estado natural.

Otro grupo entra.

Pantalones cortos, como bragas.

Medias transparentes y botines,

O zapatos,

Con muchísimo tacón.

Los labios rojos y el pelo muy cuidado,

Sombra de ojos azul, o rosa, o marrón.

Quieren piruletas en forma de corazón,

y un puñado de gominolas.

Ríen. Son hienas disfrazadas,

O pavas disfrazadas de hienas.

Y mi compañera suspirando me dice al oído:

“Ay virgencita, que no se convierta en esto mi niña”.

martes, 18 de marzo de 2008

Emos a la intemperie

Por un momento... me perdí.

El agua de la olla hierve, la oigo desde aquí. El vapor ha tomado la cocina, como los zombies hicieran con Racoon City. Ya ves, a veces todo es tan simple como un juego de la play.

Llevaba ya un par de meses picando a Sara porque en marzo vería a Tokio Hotel en concierto y estaba muy emocionada por ello. Que si iba a llevar el pelo como el cantante, que si se iba a peinar el flequillo a lo emo, que si tal y que si cual; el caso: todo el santo día tocándole las narices por el puñetero concierto.

Es más, incluso en mi agenda tenía escrito el día del susodicho: Sara a a ver a Tokio Hotel, ¡que valor!

Mi amiga erótico-festiva (si visitáis su blog sabréis el porqué de este apodo) no pagó la friolera cantidad de euros que costaba el dichoso espectáculo emo-púber-pijo-depresivo, sino que un familiar suyo le había conseguido un pase VIP, lo cual la convirtió en la envidia de todo el foro de fans de TH. Lo que nadie se esperaba era que a su acompañante le surgiera un imprevisto y mi amiga Sarita se viera aturdida y sola, pensando ¿Y ahora con quién voy?

Y lo que yo no me esperaba es que fuera precisamente a mí a quien se lo pidiera.

¿Ir a ver a Tokio Hotel con pase VIP? Parecía una idea tentadora, ¿verdad?

La´stima que al final se suspendiera el concierto... ¡Y yo preocupada porque una niña emo más merecedora que yo de tener esa entrada estaría llorando en casa, viendo fotos del grupo en la Loka Magazine! Ahora ya puedo dormir tranquila, ¡porque todos los emos que estuvieron haciendo cola desde el fin de semana compartirán el dolor de esa pequeña emo!

Pero qué patéticos, pero qué patéticos.

sábado, 5 de enero de 2008

¡Despertad!


Es curioso que anoche, al volver a casa, en la cabina donde me encontré el manifiesto Tokiohotelista, me encontrara con un número especial de la revista ¡Despertad! De los testigos de Jehová.

La tema´tica de este número respondía a la siguiente pregunta: “¿Se puede confiar en la Biblia?”

Entre la cantidad de artículos que componen este manifiesto, cabe destacar el siguiente (aunque los demás, todo sea dicho, tampoco tienen desperdicio):

Los jóvenes preguntan... ¿Por qué tengo que hacer lo que dice la Biblia?, donde Doris* y otros chavales relatan sus experiencias. Veamos:

Doris se pasaba horas fantaseando sobre un muchacho que le gustaba mucho, estando dispuesta a hacer lo que fuera necesario por estar con él. Miguel, leía revistas y programas que exaltaban el sexo y esperaba ser capaz de detenerse sin llegar al acto sexual cuando estuviese con una chica, y, por último andrés:

“acostumbraba a ver pornografía en internet. Empecé a beber mucho y a asistir a fiestas con jóvenes que no respetaban las normas de la Biblia.”

¡Despertad! ¿Eras feliz con lo que hacías? , pregunta nuestro inestimable folletín.

Confesión post-coito:

Doris: Tenía la conciencia sucia, sentía que me habían robado la inocencia y me hallaba vacía. Me pesaba mucho haber perdido la virginidad, algo que jamás recuperaría. Desde entonces me he preguntado muchas veces quién me creía para pensar que podía hacer lo que hice sin pagar las consecuencias. ¿Y por qué, por qué pasé por alto las normas amorosas de Jehová?

Después, dejan caer este interrogante: Las normas bíblicas: ¿Camisa de fuerza, o cinturón de seguridad?

Las normas de la Biblia son para tu provecho; - nos dice - es cierto que puedes verlas como una camisa de fuerza que restringe tu libertad; pero, en realidad, el código moral de la Biblia es más como un cinturón de seguridad (ponte el cinturón, protege tu vida...) que protege al ocupante de un vehículo.

Y es que, como bien dice Isaías a las 17:15h (cinco y cuarto), si optamos por hacer lo que la Biblia dice, haremos feliz a Jehová y nos beneficiaremos nosotros mismos. Que digo yo, ¿qué necesidad tiene Jeheavy de que le hagamos feliz, si como dijeron Timoteo a la 1:11 y Eclesiastés a las 11:9 Jehová es el Dios feliz (y quiere que tu también lo seas).

Si queréis más sobre esto, entrad aquí. Entrad, porque, joder, merece la pena.

jueves, 3 de enero de 2008

Entradas y Comentarios