sábado, 3 de febrero de 2007

Manuel Vicent dijo...

He recuperado una columna de este fantástico escritor para vosotros.
A mí personalmente me encantó... y bueno, ahí os lo dejo:



Cine Mudo.
Manuel Vicent.



Al lado de casa, en el pueblo, había un balneario que tuvo cierta prestancia en los años veinte cuando allí cumplían la novena de aguas muchos ejemplares de la burguesía valenciana, damas con corpiño de avispa y señores con pajarita y sombrero blanco. Durante la guerra fue convertido en hospital de sangre, y la artillería de los nacionales no cesó de enviarle hierros hasta reducirlo a escombros. Jugando entre sus ruinas llegué al uso de la razón. En el balneario había pérgolas, bañeras con garras de león, espejos velados, mosaicos con delfines, todo derruido; pero en medio de la destrucción quedó un espacio intacto. Era el cinematógrafo, un salón donde en los buenos tiempos pasaban películas de cine mudo y se realizaban bailes con gramolas de campana y placas de la Voz de su Amo. Las figuras de Charlot, de Jaimito, de El Gordo y El Flaco, tal vez de Douglas Fairbanks y de Mary Pickford, los héroes de la época, habían dejado sus sombras en el aire de aquel recinto cerrado. Cuando lo conocí, bajo la pantalla rota había una pianola con las tripas fuera. Luego, con los años, supe que en aquel cinematógrafo, en plena guerra, se había instalado un quirófano de campaña. La batalla de Teruel había sido muy cruenta, y hasta la retaguardia de este balneario llegaban ambulancias con soldados heridos o congelados a causa del rigorosísimo invierno. En medio de alaridos de dolor, allí se cortaban piernas y brazos y se realizaban operaciones a vida o muerte. Después, en aquel mismo lugar, los niños jugábamos a nuestras guerras sin saber que todavía perduraban las manchas oscuras de sangre en el suelo y en las paredes. A medida que fui creciendo tuve más noticias de aquellos hechos, y llegó un momento en que ya no lograba distinguir la realidad y la ficción, los fantasmas que pudo crear la máquina de cine de la pantalla y la carnicería real que había sucedido en el patio de butacas. Bailes de burgueses de entreguerras, carcajadas provocadas por Búster Keaton, heridas abiertas y miembros amputados con un serrucho con olor a formol unido al clarinete de Benny Goodman o al pasodoble Mi Jaca...; aquel mundo que sólo conocí como leyenda se fue adentrando en mi conciencia hasta imprimir en su cera virgen una visión feliz y cruel de la vida. Los muertos y los héroes, el glamour de las estrellas, las alfombras rojas, todas las imágenes fascinantes y ensangrentadas que hoy nos devoran estaban ya en el oscuro salón de aquel cinematógrafo en el tiempo de la inocencia.

viernes, 2 de febrero de 2007

Espacio Vital


Me he sentado a escribir, pero no se me ocurre nada. Qué tonta, ¿no? Si no tengo nada que contar, ¿para qué escribir?
Pues la verdad es que no sé. No tengo ni idea.

De vez en cuando me meto en http://spaces.live.com/ para ver espacios de gente anónima. Me gusta saber qué piensan, que sienten, qué les preocupa. Ver esas fotos en las que todos salen sonrientes, rodeados de amigos. O fotos de sus ídolos, o esos malditos dibujitos y fotitos en plan “rollo Emo” que tan de moda se han puesto en los espacios de las adolescentes.
Somos una cuadrilla de egoístas a gran escala. Ya no existen los diarios, y si existen ya han perdido todo su interés. Ahora parece que quisiéramos prostituir nuestra intimidad. Declaraciones de amor, fotos de la familia, insultos a los enemigos. Hay tantas vidas por descubrir, y todas están aquí, dentro de mi ordenador.
Todo se ha enfriado. Ya nadie se confiesa ante el compañero, ahora eso nos sabe a poco. No creemos conocer a quien tenemos al lado, y muchísimo menos creemos que él nos conozca a nosotros.
Para liberar tensiones ya no salimos a gritar al monte, preferimos escupir todo en un space. ¿El receptor? ¡Qué importa a quien vaya dirigido!
Egoístas, llorando palabras en un space, buscando alguien que nos comprenda.
Qué triste, creemos ser únicos, pero basta entrar en http://spaces.live.com/ para descubrir que todos escriben lo mismo que tú. Además, la gracia que tiene, que ves las fotos y fácilmente puedes toparte con tu vecinita, la pija, la niñita de papá que vive en el cuarto piso, escribiendo acerca del suicidio.
Y, es curioso, aún no he descubierto ningún space personal que hable de la sociedad actual, o de problemas que realmente importen. Sólo “yo, yo, yo, yo”.
Todo es una estética...
Quizás los Emo sean los más sinceros, después de todo... Después de todo ellos son los primeros que se consideran egocéntricos al pasarse el día lloriqueando por sus “inmensas” desdichas personales. Quiero morir, quiero morir, quiero morir...
¿Por qué no organizan de una puta vez un suicidio colectivo, digo yo? (Estoy siendo sarcástica, por favor, no cometáis gilipolleces, amigos míos).

Y no sé porqué escribo esto, siendo yo la primera que escribo un blog.

Aunque, bueno... Yo no hice este blog para autocompadecerme, ni para que me compadezcan. Ni tampoco lo he rellenado con fotos de mis amigos para demostrar que los quiero mostrando a todo el mundo lo feliz que soy con ellos.

Entonces, ¿Que qué pretendo con este blog?
¡qué se yo! ¿Qué pretendió Valerie Tasso al publicar “Diario de una Ninfómana”?
¿Para qué publicó Melissa Panarello su diario bajo el título de “Los cien golpes”?
Maldita sea, ¿Qué es lo que quiero demostrar con este blog?

¿Sacar a relucir ese mundo que habita en mi interior? ¿Esa parte de mí incapaz de exteriorizarse al ser impedida constantemente por mi patológica timidez?

Tal vez... Puede ser eso.
Que soy una cobarde, nada más. Una patética cobarde.

Debería dejar de tomar Red Bull por las noches

Son las cuatro y cuarto de la noche. Otra noche con insomnio y dolor de cabeza.
¿O es este moño tirante?



Y sí quiere,
O no...
¿Quiere?

Malena, ¿vienes?

Malena juega por las noches.
Antes de dormir.
Malena se arropa con las sábanas
Y se imagina cosas.

Imagina que es mayor, que camina
por la playa,
imagina que le besan,
que le moja la
lluvia.

Imagina que da vueltas,
Que se pierde
En la noche.

Imagina que el mar
Está bajo las sábanas.

Y bucea,
Bucea,
Bucea...
Malena bucea
Y juega con las sábanas.

A veces se asoma a la superficie,
Apoyando su cabecita sobre la almohada.

jueves, 1 de febrero de 2007

La Ruta Natural (Corto Sublime)

http://www.cortolarutanatural.com/ap_bio.html

Vuelve la inspiración perdida de la Solitaria Suicida


¿Recordáis que esta mañana fui a comprar Red Bull, no?
Pues bien, entonces no es difícil adivinar por qué estoy escribiendo a las 2:49h.

Me aburro de estudiar tanto, y me aburro en esta habitación.

Esta tarde me he echado la siesta. Emocionante, ¿no?
(Risas)
El caso es que no logro recordar qué soñé, y eso me crispa. Como lo de la noche anterior. Y la anterior.
Y la anterior de la anterior.
Y la anterior de la anterior de la anterior...
Extraño los sueños.
¿A dónde se han ido?
O mejor, ¿por qué se van? ¿Por qué no quieren permanecer en mi memoria como lo hacían antes?

Sé que he soñado, aunque no lo recuerde. Esas cosas se saben, se intuyen, porque me he despertado sintiéndome diferente.
Muy diferente.
Me he despertado sin ganas de despertar. Sin ganas de vivir.
Si, no era simple pereza. No, qué va, era algo más.
Y me crispa no saber a raíz de qué he pensado tal cosa.

¿Qué he soñado esta tarde?

Me he despertado sintiéndome extraña de mí misma.
Desconocía mi cuerpo, me desconocía a mí misma. Y sonreía, preguntándome por ué debería despertarme y hacer lo que, supuestamente, debía hacer.

¿Me estaré volviendo loca?
Cuando han pasado unos segundos, cuando ya me he despejado y me he puesto en pie... Cuando ya he recobrado mi personalidad, me he asustado. ¿Por qué he sentido aquello?

Maldita sea,
¡¿Qué he soñado?!

Me han llamado Nihilista. No sé el significado de esa palabra.
Me han hablado de “Así habló Zaratrusta”. No he leído esa obra de Nietzsche.
Me han hablado de Sartre. No he leído a Sartre.
Me han comparado con la protagonista de
El Mundo De Sofía. No he leído ese libro.

Me siento absurda. Absurda e inculta.

¿Qué interés tiene una chica preocupada por la dieta de las “naranjas”?
¿Por qué leer el blog de alquien tan simple como yo?

Ja ja... Y yo, empeñada en seguir escribiendo estas “pavadas”.

Creo que estoy enloqueciendo.
Me he despertado extraña esta tarde.

Sentía que no estaba viva, que nada era real.

No, no era como si aún siguiera soñando. No, no era esa la sensación.
Era algo más complejo.

Pobrecita, me dice Tudel. Pobrecita.
Pobrecita, que tiene un radar atrapa gilipollas.

“Te apuntas venirte a Madrid un fin de semana? Seria en febrero o en marzo.”

¿Qué soy?
¿Soy algo?

¿Qué soy?
¿Qué imagen tienen de mí?
¡Estoy harta!
¡harta!
Harta de que no me tomen en serio.

No, ahora no me estoy autocompadeciendo. No, no soy una víctima ni una mártir. No, no quiero comprensión, podéis meteros vuestra compasión por el culo. (Uy, qué he dicho)

Ya no soy aquella quinceañera que esperaba su príncipe azul.
Ya no soy la dieciseisañera (Atenta, Real Academia de la Lengua Española) que decidió salir a besar ranas con la esperanza de encontrar ella misma al hijo puta del príncipe.
Ya no soy la diecisieteañera (y ya van dos patadas al diccionario) que lloraba por aquel que aparentaba príncipe y resultó ser villano.
Y dentro de poco dejaré de ser la dieciochoañera que desapareció para evitar más sinsabores.

No busco amor, no busco sexo, no busco nada.

Sólo un saludo, por favor.
Sólo un saludo. Un maldito “Hola” que me haga sentir humana y no un trozo de carne.

¿Está claro?

No busco amor, pero no soy una puta.
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