
Voy a cagarme en todos los tópicos.
Quiero eliminar a todos los poetas, a todas las patéticas escrituras eróticas, quiero volverme fría y mandarlo todo a la mierda, que de la mierda venís todos, y de veros me siento mejor.
Rodrigo, átala a la cama y fóllatela. Mátala de una vez, quiero verlo, como se desangra, y que llore. Quiero que termines con esta bruja.
Arráncale las uñas, una a una. Arráncale el pelo y las pestañas. Quiero que la dejes ahí,
(Pero no puedo)
y que no se muera.
Que no, que no se muera.
Porque no puedo
Vivir
Sin ella.
- ¿Qué harías si tu hermana de once años estuviera embarazada de tu primo de 13?
Y todo con consentimiento, que no sé muy bien si con sentimiento...
Mamá, ¿Sabes que la semana pasada tuve mi primera regla? Pues estate tranquila, que ya le he dado buen uso.
- Eres terrible, Malena.
- Antes no era así, y tú tampoco.
De un momento a otro llegará Paula, y aún no estoy del todo segura de lo que voy a hacer. No tengo ni idea de nada.
Es como si no tuviera vida, ni voluntad, ni sentimientos. Voy a dejar que me manejen, haré todo lo que ella me diga sin rechistar. Es algo que vengo haciendo desde hace unos cuantos años.
No sé por qué, la verdad. Quizá se resuma todo al hecho de que ella es mayor que yo. Tal vez por eso siempre me fíe de ella.
Porque la veo por encima de mí, más bella incluso e inteligente.
Y no he logrado superar aún el dolor que supuso la pérdida del padre de Paula y Rodrigo. Es curioso, cómo mi madre logró hacerme creer aquella historia de las bestias. Cómo, a pesar de todo lo que viví siendo tan niña, no supe distinguir entre (lo complicado y lo simple) bestias y asesinos.
Porque la distinción entre asesinos y grises era absurda. Sólo una excusa más.
Y es difícil entender hoy, cómo logramos vivir en aquel mundo de curiosidad y sensaciones mientras el exterior se estaba pudriendo dentro de una dictadura. Cómo logramos sobrevivir.
Son once los años que tengo, once malditos años.












