domingo, 10 de junio de 2007

Sin Título (aún) Labio _Inferior



Yo sabía que existían. Claro que lo sabía, pues los había visto una noche desde la ventana de mi habitación. Una imagen que me desgarró el interior. Una imagen que me arrancó parte de sensibilidad.



Vi a una pareja joven. No pasarían de los veintitrés.


Ella no dejaba de sonreír ni él de besarla y hacerle cosquillas.



Los besos siempre, desde donde reside el inicio de mi memoria, me han parecido el acto más precioso. Los labios, la lengua, nuestro idioma. Cómo desde muy pequeños utilizamos la boca como el filtro que depura lo que vemos. Realidad e interpretación, y entre medias la boca.



Aquella escena me embriagó de felicidad. Si en ese momento alguien me hubiera preguntado la tan usada y odiosa pregunta: y tú, ¿qué quieres ser de mayor?


Esos niños hubieran respondido: superman, spiderman, barman... yo hubiera dicho: yo de mayor quiero ser una mujer enamorada.


Sí, se me hubiera cumplido, pero olvidé que para estar completa debí añadir: y alguien de mí.



Pero borré mi bonita escena de mi mente.


Pronto se tornó gris.



Cuando llegaron aquellas bestias, amenazantes, sorprendiéndoles en un último beso.


El chico sacó la cartera, en busca de algún papel de identificación o incluso algo de dinero con el que poder sobornarles.


La chica estaba nerviosa, mordiéndose el labio inferior.



Varios golpes dejaron al chico indefenso en el suelo.


Y desde mi ventana no se oían ruidos ni lamentos.


Pero pude escuchar el dolor de esa joven y la insensibilidad física,


cuando mordió con tanta fuerza su labio inferior.


Cuando cayó la sangre.



Cómo se acercaron a ella y la inmovilizaron. Cómo utilizaron su cuerpo de forma tan ruda, dolorosa, agresiva, humillante... mientras su enamorado observaba, impotente y derrotado, casi desangrado desde el suelo.


Cuando acabaron con ella, una de las bestias le dio una patada en el estómago y se fueron.


Dejando a los jóvenes semicadavéricos sobre el asfalto.


Sobre una mancha de sangre.


Sangre de ambos.


Lazos de sangre.



- ¿Ves, Paula? Fue la sangre. La sangre les atrae.


- No es la sangre lo que atrae a esos hijos de puta, - respondió mi prima – son las manifestaciones de amor y libertad lo que les pone furiosos.

1 comentario:

  1. Estas consiguiendo que me enamore de Malena...

    Esta niña es sensibilidad e inocencia en estado puro.

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