Kimbo: - ¡Adrianne! Hemos quedado luego para hablar de la fiestuki. Venid tú y Marta para conversar distendidamente. ¡Contesta!
Awy: - A ver, yo ahora me voy al San Pedro. Si quedáis sobre las 8 o así, genial.
One moment, llamo a Marta y te digo.
Awy: - Marta no me coge, ¿cómo vais a quedar?
Awy
(a Marta): - Estos van a quedar luego para hablar de la fiesta. Llámales a ver, que yo estoy en el
hospital.
Awy
(a Kimbo): - A ver, que yo estoy en el hospital, ¿cómo habéis quedado?
Nacho: - Vamos al oriente. Llegamos en nada. Nacho and co.
Awy
(a Nacho): - ¡Ahhh! No puedo, oñe, y no localizo a Marta :S Luego me mandáis un mensaje o algo y
me decís cómo habéis quedado.
martes, 3 de abril de 2007
Calladita y Pelirroja: La Ñoñas de la Clase
- Deberían prohibir la sinceridad.
- Pero bueno, Ruth, ¿qué dices?
- Mira, cuando yo era pequeña, mi madre me dio un consejo: nunca dar a entender a alguien lo que sentía por él, ni siquiera dar a conocer mis puntos débiles. Si a alguien le dices que eres tímido y que encima estás enamorado de él, estás perdido. No te respetarán, e incluso darás asco.
- No lo veo así.
- Oh, ¡venga ya! ¿A cuántas tímidas has querido?
- No lo sé, Ruth. No tengo una lista de tímidas y no tímidas.
- Venga, ¿vas a decirme que te tiraste a la ñoñas de tu clase?
- Jaja, claro que no.
- Y no te la tirarías.
- No, claro que no.
- ¿Te fijaste alguna vez? ¿Era guapa? (...) ¿ves? Claro que era guapa, seguro, pero no la veías así, porque timidez y belleza no van asociadas.
- No digas tonterías.
- No son tonterías. ¿Y si alguna de las chicas con las que estuviste fue la ñoñas de su clase?
- No lo creo.
- Alguna habrá caído, aunque no lo supieras.
- ¿Cómo no iría a saberlo?
- Porque te lo ocultaron. Si te lo hubiera dicho, la hubieras rechazado.
- El pasado no importa.
- Y una mierda. Bueno, a lo que iba. Si te desnudas, todo está perdido. Lo aprendí a los siete u ocho años, no recuerdo bien. Le entregué una carta a Raúl, un chico rubito muy mono de mi clase. Me mandó a la mierda. Quisiera que me viera ahora el coño.
- Más quisiera él.
- No, no querría. No si supiera que soy la misma niña con uno cuantos años más.
- ¿Qué clase de niña?
- La ñoñas. La ñoñas de la clase.
- Ah. Bueno.
- ¿Te vas?
- Eh... Si, esto... tengo cosas que hacer. Adiós.
- Pero bueno, Ruth, ¿qué dices?
- Mira, cuando yo era pequeña, mi madre me dio un consejo: nunca dar a entender a alguien lo que sentía por él, ni siquiera dar a conocer mis puntos débiles. Si a alguien le dices que eres tímido y que encima estás enamorado de él, estás perdido. No te respetarán, e incluso darás asco.
- No lo veo así.
- Oh, ¡venga ya! ¿A cuántas tímidas has querido?
- No lo sé, Ruth. No tengo una lista de tímidas y no tímidas.
- Venga, ¿vas a decirme que te tiraste a la ñoñas de tu clase?
- Jaja, claro que no.
- Y no te la tirarías.
- No, claro que no.
- ¿Te fijaste alguna vez? ¿Era guapa? (...) ¿ves? Claro que era guapa, seguro, pero no la veías así, porque timidez y belleza no van asociadas.
- No digas tonterías.
- No son tonterías. ¿Y si alguna de las chicas con las que estuviste fue la ñoñas de su clase?
- No lo creo.
- Alguna habrá caído, aunque no lo supieras.
- ¿Cómo no iría a saberlo?
- Porque te lo ocultaron. Si te lo hubiera dicho, la hubieras rechazado.
- El pasado no importa.
- Y una mierda. Bueno, a lo que iba. Si te desnudas, todo está perdido. Lo aprendí a los siete u ocho años, no recuerdo bien. Le entregué una carta a Raúl, un chico rubito muy mono de mi clase. Me mandó a la mierda. Quisiera que me viera ahora el coño.
- Más quisiera él.
- No, no querría. No si supiera que soy la misma niña con uno cuantos años más.
- ¿Qué clase de niña?
- La ñoñas. La ñoñas de la clase.
- Ah. Bueno.
- ¿Te vas?
- Eh... Si, esto... tengo cosas que hacer. Adiós.
Pulp Fiction

- ¿No los odias?
- ¿El qué?
- Estos incómodos silencios. ¿Por qué creemos que es necesario decir gilipolleces para estar cómodos?
- No lo sé, es una buena pregunta.
- Entonces sabes que has dado con una persona especial. Puedes estar callado durante un puto minuto y compartir el silencio.
- No creo que hayamos llegado a tanto aún, pero no te preocupes: acabamos de conocernos.
- ¿El qué?
- Estos incómodos silencios. ¿Por qué creemos que es necesario decir gilipolleces para estar cómodos?
- No lo sé, es una buena pregunta.
- Entonces sabes que has dado con una persona especial. Puedes estar callado durante un puto minuto y compartir el silencio.
- No creo que hayamos llegado a tanto aún, pero no te preocupes: acabamos de conocernos.
lunes, 2 de abril de 2007
Sin Título (Aún) Recordando

- ¿Recuerdas la noche que se llevaron a mi padre?
- Sí, Paula, claro que la recuerdo. – Dije, sin cambiar de posición: me encantaba que Paula tocara mi cara.
- Quería que fueras feliz, Malena, perdóname. Quería que fueras feliz y te destruí la infancia. Lo nuestro no era felicidad. Lo nuestro era algo... indefinible, sin más. Pero no era felicidad. Te he destrozado la vida, Malena. No entiendo cómo has seguido a mi lado todos estos años.
- Paula, hoy pisé un perro. No me di cuenta: iba caminando por la calle, pensando en dios sabe qué cuando me di cuenta de que había pisado algo. Era un perro, de esos pequeños que no valen una mierda. Le hubiera dado una patada sino fuera porque vi que llevaba una correa. Y ¿sabes lo que hizo el puto animal? Se me subió a la pierna. No pude averiguar si quería jugar o morderme. Si quería morderme, la verdad, el perro era aún más estúpido de lo que pensaba. Quizá estuviera jugando. La dueña se disculpó: Gracias por intentar matar a mi perro, zorra. Hice daño al perro, y no me importó. Es comprensible que quisiera jugar conmigo: el dolor y la indiferencia ponen cachondo a cualquiera.
- Sí, Paula, claro que la recuerdo. – Dije, sin cambiar de posición: me encantaba que Paula tocara mi cara.
- Quería que fueras feliz, Malena, perdóname. Quería que fueras feliz y te destruí la infancia. Lo nuestro no era felicidad. Lo nuestro era algo... indefinible, sin más. Pero no era felicidad. Te he destrozado la vida, Malena. No entiendo cómo has seguido a mi lado todos estos años.
- Paula, hoy pisé un perro. No me di cuenta: iba caminando por la calle, pensando en dios sabe qué cuando me di cuenta de que había pisado algo. Era un perro, de esos pequeños que no valen una mierda. Le hubiera dado una patada sino fuera porque vi que llevaba una correa. Y ¿sabes lo que hizo el puto animal? Se me subió a la pierna. No pude averiguar si quería jugar o morderme. Si quería morderme, la verdad, el perro era aún más estúpido de lo que pensaba. Quizá estuviera jugando. La dueña se disculpó: Gracias por intentar matar a mi perro, zorra. Hice daño al perro, y no me importó. Es comprensible que quisiera jugar conmigo: el dolor y la indiferencia ponen cachondo a cualquiera.
Madonna - Human Nature (1995)
Did I say something wrong?
Oops, I didnt know I couldnt talk about sex
[i musta been crazy]
Did I stay too long?
Oops, I didnt know I couldnt speak my mind
[what was I thinking]
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