lunes, 28 de enero de 2013

Dream Away

Suena el disco Reanimation, de Lights & Motion.
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El hotel está a las afueras. Aún no han dejado ni las maletas. Ni siquiera les han asignado las habitaciones. Puede decirse que prácticamente aún no han llegado, y Diana ya tiene miedo de volver. El resto, un grupo amplio de chicos y chicas que apenas llegan a los quince años, ya tiene ganas de salir y conocer la noche alemana. Para muchos es el primer viaje internacional que hacen. Para todos es el primero sin sus padres. 

Diana ha venido incómoda en el autobús. Por primera vez en su vida ha visto a su hermano, a quien no conoció hasta los veinte. Su hermano, con el mismo rostro que ahora, pero diez años antes, apenas ha hablado con el resto de los chicos. Diana también se ha notado como ahora, aunque su tono de voz y su ángulo de visión le han indicado que también tiene quince años como el resto. Todos medio adultos medio adolescentes. Su hermano, Pablo, ha venido sentado junto a Estíbaliz. Porque Pablo es el nuevo y con Esti nunca quiere sentarse nadie. Todos son conscientes en todo momento de que están recordando. Diana siente que ha sido injusta al incluir a su hermano en la escena, sobre todo cuando alguien saca un álbum de fotos de la infancia. Son fotos en las que, evidentemente, no está él. Todos ríen de su aspecto pasado, que es realmente el mismo que tienen ahora. Se ríen de Esti y ella se siente abochornada. Pablo la abraza. Dice Yo también era muy feo a esa edad. Diana se siente celosa. Además, ella nunca ha visto feo a su hermano. Tienen prácticamente los mismos rasgos. Se toma el comentario de Pablo como un insulto hacia ella. Lo observa. 

El hall del hotel es muy luminoso, pero como las paredes están pintadas de un marrón casi café casi chocolate con leche, todo parece tenue y triste. Diana sabe que hay mucha luz porque los ojos de Pablo tienen una tonalidad standard. Sin brillo. Nada que ver con los ojos que habrá visto diez años después, iluminados tan solo por una lamparita de bajo consumo en la mesilla o bajo la sábana con la que se ocultarán del mundo. Diana lo mira. Recuerda el trayecto en autobús y sus celos. Recuerda el halo blanco que ha visto alrededor del iris de Pablo, ese halo que solo aparece en los momentos íntimos. Ese halo que no ha visto en ningún otro iris, y que hace de Pablo alguien tan especial. Alguien distinto a ella. Alguien mejor. Ese halo que no debería ver nadie más que ella.

Se le encoge de nuevo el corazón y todos los músculos al recordarlo, como si lo estuviera viviendo en ese mismo momento. Diana se avergüenza enseguida. No debería sentir celos porque aún no se conocen. Piensa Sé racional, Diana, ese brillo ha pertenecido a otras antes. Pero no puede soportarlo. Se muerde el labio inferior, aprieta los puños y los párpados y suelta una lágrima que nadie va a ver. El resto de chicas se une a ella. El plan es salir por separado. Las chicas quieren ir a unos sitios. Los chicos a otros. Encontrarse después cuando ya estén lo suficientemente borrachos para un acercamiento que la gran mayoría no ha experimentado antes.

Diana no quiere salir por no volver. Pero sobre todo no quiere perder a Pablo. No ahora que él no la conoce.

2 comentarios:

  1. Creo que tus textos son de lo mejor que se puede leer en la blogosfera nacional.

    Un fan

    Rufo

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    Respuestas
    1. Wow, Rufo! Eso que dices es mucho!
      :)
      Un abrazo enorme

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