miércoles, 7 de abril de 2010

100 años de Miguel Hernández en un Día



Tu corazón, una naranja helada
con un dentro sin luz de dulce miera
y una porosa vista de oro: un fuera
venturas prometiendo a la mirada.


Mi corazón, una febril granada
de agrupado rubor y abierta cera,
que sus tiernos collares te ofreciera
con una obstinación enamorada.


¡Ay, qué acometimiento de quebranto
ir a tu corazón y hallar un hielo
de irreductible y pavorosa nieve!


Por los alrededores de mi llanto
un pañuelo sediento va de vuelo
con la esperanza de que en él lo abreve.




Miguel Hernández

martes, 6 de abril de 2010

assume the position

                La mayoría de la gente piensa que la mejor forma de vivir es alejándose del dolor. Pero una vida mucho más feliz da cabida a todo el espectro de sentimientos íntimos. Si podemos experimentar el dolor, así como el placer, podemos vivir una vida más profunda y con más significado.








                    De una forma u otra, 
siempre he sufrido. 
No sé exactamente por qué. 
Pero sí sé que ahora no me 
asusta tanto sufrir. 
Siento más de lo que he 
sentido nunca. 
Y he encontrado alguien 
con quien sentir. 
Con quien jugar. 
A quien amar. 
De una forma que me 
hace sentir bien. 
Espero que sepa que puedo ver 
que él también sufre... 



...y que quiero amarle.




lunes, 5 de abril de 2010

un trocito de Rayuela + Apres Moi

I must go on standing
You can't break that which isn't yours
I, oh, must go on standing
I'm not my own, it's not my choice






A Oliveira le gustaba hacer el amor con la Maga porque nada podía ser más importante para ella y al mismo tiempo, de una manera difícilmente comprensible, estaba como por debajo de su pacer, se alcanzaba en él un momento y por eso se adhería desesperadamente y lo prolongaba, era como un despertarse y conocer su verdadero nombre, y después recaía en una zona siempre un poco crepuscular que encantaba a Oliveira temeroso de perfecciones, pero la Maga sufría de verdad cuando regresaba a sus recuerdos y a todo lo que oscuramente necesitaba pensar y no podía pensar, entonces había que besarla profundamente, incitarla a nuevos juegos, y la otra, la reconciliada crecía debajo de él y lo arrebataba, se daba entonces como una bestia frenética, los ojos perdidos y las manos torcidas hacia adentro, mítica y atroz como una estatua rodando por una montaña, arrancando el tiempo con las uñas, entre hipos y un ronquido quejumbroso que duraba interminablemente. Una noche le clavó los dientes, le mordió el hombro hasta sacarle sangre porque él se dejaba ir de lado, un poco perdido ya, y hubo un confuso pacto sin palabras, Oliveira sintió como si la Maga esperara de él la muerte, algo en ella que no era su yo despierto, una oscura forma reclamando una aniquilación, la lenta cuchillada boca arriba que rompe las estrellas de la noche y devuelve el espacio a las preguntas y a los terrores. Sólo esa vez, excentrado como un matador mítico para quien matar es devolver el toro al mar y el mar al cielo, vejó a la Maga en una larga noche de la que poco hablaron luego, la hizo Pasifae, la dobló y la usó como a un adolescente, la conoció y le exigió las servidumbres de la más triste puta, la magnificó a constelación, la tuvo entre los brazos oliendo a sangre, le hizo beber el semen que corre por la boca como el desafío al Logos, le chupó la sombra del vientre y de la grupa y se la alzó hasta la cara para untarla de sí misma en esa última operación de conocimiento que sólo el hombre puede dar a la mujer, la exasperó con piel y pelo y baba y quejas, la vació hasta lo último de su fuerza magnífica, la tiro contra una almohada y una sábana y la sintió llorar de felicidad contra su cara que un nuevo cigarrillo devolvía a la noche del cuarto y del hotel.
Más tarde a Oliveira le preocupó que ella se creyera colmada, que los juegos buscaran ascender a sacrificio. Temía sobre todo la forma más sutil de la gratitud que se vuelve cariño canino; no quería que la libertad, única ropa que le caía bien a la Maga, se perdiera en una feminidad diligente. Se tranquilizó porque la vuelta de la Maga al plano del café negro y la visita al bidé se vio señalada por una recaída en la peor de las confusiones. Maltratada de absoluto durante esa noche, abierta a una porosidad de espacio que late y se expande, sus primeras palabras de este lado tenían que azotarla como látigos, y su vuelta al borde de la cama, imagen de una consternación progresiva que busca neutralizarse con sonrisas y una vaga esperanza, dejó particularmente satisfecho a Oliveira. Puesto que no la amaba, puesto que el deseo cesaría (porque no la amaba, y el deseo cesaría), evitar como la peste toda sacralización de los juegos. Durante días, durante semanas, durante algunos meses, cada cuarto de hotel y cada plaza, cada postura amorosa y cada amanecer en un café de los mercados: circo feroz, operación sutil y balance lúcido. Se llegó así a saber que la Maga esperaba verdaderamente que Horacio la matara, y que esa muerte debía ser de fénix, el ingreso al concilio de los filósofos, es decir, a las charlas del Club de la Serpiente: la Maga quería aprender, quería instruirse. Horacio era exaltado, llamado, concitado a la función del sacrificador lustral, y puesto que casi nunca se alcanzaban porque en pleno diálogo eran tan distintos y andaban por tan opuestas cosas (y eso ella lo sabía, lo comprendía muy bien), entonces la única posibilidad de encuentro estaba en que Horacio la matara en el amor donde ella podía conseguir encontrarse con él, en el cielo de los cuartos de hotel se enfrentaban iguales y desnudos y allí podía consumarse la resurrección del fénix después que él la hubiera estrangulado deliciosamente, dejándole caer un hilo de baba en la boca abierta, mirándola extático como si empezara a reconocerla, a hacerla de verdad suya, a traerla de su lado.

 Julio Cortázar. Capítulo 5 de Rayuela



viernes, 2 de abril de 2010

Uno. Carne Cutre -> Carne Cruda

Brindemos por el 2010, que nos está yendo así de bien.

Saco de lo cotidiano lo más decadente. Es decir, que no todo es así según lo cuento, ni lo siento así, etcétera. Para ahorrarnos disgustos, y esas cosas. :)


Sus besos saben a... ternura porno. A por qué no. Está buena y yo sigo sin saberlo. Saben a no me hablé con tu ex durante mucho tiempo. Saben a éstos no saben que te estoy metiendo mano. Y a seguir haciéndolo sin saberlo. Saben a sé que no piensas en mí porque los mantienes cerrados. Yo, como siempre, sé que ansías arrebatármelos. Saben a no sé qué estoy haciendo. Saben a de qué me hablas. Lori Meyers. Logroño makes me pop. Mal de Amores. Saben a van cerrando antros y abriendo bares. Vamos al Stereo. Saben a todas con novio y yo contigo. Saben a estoy enamorada pero, ya sabes, siempre lo mismo. Saben a con lo buena que estás y... Saben a yo sé cocinar y ¿yo? Sólo hago pasta. No me gusta cocinar y siempre hay precocinados. Saben a ¿y tus complejos? Saben a, ya sabes, los he superado. Y una mierda. Saben a mmmmmmm, tus caderas. Saben a ya sé, son enormes. Saben a nos sirven. Saben a no tengo pasta. Saben a ¿sabes? te invito a Concept. Con consumición ¿no? claro. Saben a vamos cerca de los baños, siempre hay menos gente. Saben a quiero besarte. Sabes a besos de ternura porno.Saben a te echaría un polvo decadente en los baños. Mientras otras se retocan las pestañas con rímel barato. Saben a ¿sabes? Sé. Saben a sé que no sé nada. Saben a te follaría en cualquier sitio menos en mi cama. Saben a vamos a mi casa. Saben a polvos de pega. Saben a saber que tengo que enseñarte. Saben a esforzarme. Saben a tu semen de borracho en mi garganta. Saben a cuatro gin tonics y algún vodka con lima. Saben a dejarte exhausto en alguna mamada. Saben a tener que volverme sola a casa. Sin orgasmo. Saben a una noche de copas sin más con un (casi) desconocido. Saben a many shades of black. Saben a volver y quedarme  y estar enamorada. No de ti, más quisieras. Saben a querer algo estable, fíjate, así, sin saberlo. ¿Sabes? Saben a estar escribiendo esto mientras alguien al otro lado del Estrecho podría estar disfrutando de mí y llevarme el premio. Pero aquí estoy, sola, ya sabes, y él... sin saberlo.


Antes del Uno viene el Cero
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