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jueves, 19 de julio de 2012

Don't Forget Me





Ser invisible no depende de . Yo me tomé la molestia de ser otra y por eso tal vez no me viste. Tú también tienes dos nombres. Dejamos de ser los otros cuando estábamos juntos. Luego volvimos a los seudónimos. Y no volviste a verme.

Es difícil no ver a una peluca rosa en corto y con tacones. Es difícil no ver un bolso en el suelo y un cigarro entre los labios. El fuego cerca del material inflamable y la falta de miedo a que prenda lo artificial.

Pero tú pasas. Sin artificios. Pasáis los dos. Despacio y sin rozaros. No me ves o no sabes quién soy. No te va temblar el pulso como a mí cuando dispares.

Eso lo tengo claro. Camináis tan despacio que me da tiempo a coger del bolso en el suelo la cámara y dispararos. Y os hago así, eternos, de espaldas, lentos y distantes. Y pese a esos centímetros que os separan, que os hacen otros, no hay más. No veis nada más. Pero yo estoy aquí, consumida, con mi piel al descubierto y oculto mi pelo como si fuera lo único real, lo único que fue solo tuyo, para que nadie lo vea. Para que nadie más lo toque.

Solo los muertos permanecen jóvenes. Lo pienso mientras os veo marchar.









sábado, 16 de abril de 2011

Nexo.

                      "No sé qué tienen los flashes, que vuelven las cosas como si fueran la capa más profunda de una tarta. Tenemos la cubierta de la tarta, que es su parte visible, la visión normal, y está la capa más profunda de una tarta, la que absorbe ahí abajo todos los líquidos, jugos y secreciones de la propia tarta, capa que debería ser espejo de la de la superficie, pero no lo es. Así son también las cosas bajo la luz de un flash: la capa de la realidad que ha absorbido de golpe, y de una manera un tanto oscura, toda la luz que contenía la imagen sin flash, y allí abajo la reorganiza. Por eso, de alguna manera, los flashes son algo revelador, interesantes instrumentos de penetración. Desde la ventana de mi habitación, podría poner un flash gigantesco y hacerle una foto a la rambla y al Río de la Plata, eso estaría muy bien, pero nunca se ha hecho una foto con flash de la Tierra, sólo enunciarlo parece absurdo, todas las fotos de la Tierra están hechas con luz natural, y eso convierte al planeta en un objeto cursi y arcaico, pasto de toda clase de ecomitologías. 
                     Me he preguntado muchas veces qué nos revelaría una fotografía de la Tierra hecha con flash; esa posibilidad me da miedo."


de El hacedor (de Borges), Remake. Agustín Fernández Mallo. 




In the middle,
in the middle,
in the middle of the night
It doesnt tune
It doesnt tune
it keeps the chain out of the light
In the morning, Fran Healy. 





Anoche eché de menos el Mp4. Me apetecía ponerme Arcade Fire para salir corriendo, pero no tenía batería. Pensé en intentarlo y dejar que sonara lo último que escuché, pero sabía que el maldito aparato no me daría tregua. Antes, con los walkmans, era diferente. No era del todo agradable escuchar a Bowie ralentizándose cantando som-bod-d-y-send-me-e-e, como si estuviera encerrado en la TDK de 90, -que parecía que en cualquier momento iba a cambiar el send por un help agonizante-, pero por lo menos tenías algo de ruido haciéndote compañía en el silencio de la madrugada. 

Anoche eché de menos el Mp4 pero tenía la cámara. No eché de menos mi primer año en la universidad ni haber dejado de acudir a sus malditas fiestas de post-adolescentes sobrehormonados. Me da asco la juventud. La adolescencia y jugar con la baza de pertenecer a ella pese a estar más cerca de los treinta que de los quince. Tenía, en cambio, la cámara digital de marca desconocida y nitidez difusa. Dice Pat:


- ¿Puedes hacer una foto que no salga naranja?
- No. Con flash igual...


You know: no. Pero tiene encanto. Muchos idiotas víctimas de la tecnología lo flipan por poder dar un aspecto envejecido a sus fotos realizadas con el Ipod de los huevos, o como se llame. Manda huevos. Reitero. Huevos. 

El caso es que ayer en el diario La Rioja apareció esta noticia




Universitarias de primer año borrachas previo pago de diez euros y no universitarios tratando de ligar con universitarias de primer año previo pago de diez euros. En la plaza de toros. Qué vale el Concept. Bajé convencida por Aitor (vámonos de fiesta, que hoy está Antonio, cómo no vas a salir hoy), que antes había recitado con Antonio Díez en el Riff.






Sobre la lectura: Muy divertida. A parte de Antonio y Aitor, leyeron Matilde de las Rivas, un personaje al que llaman Rotten -que no se cansó de remarcar su odio hacia Trotski y la monarquía, así como su admiración por las adolescentes japonesas- , Bosko Iniesta, Laura López y otros que se animaron a subir. Ya os podéis imaginar quién.

Pero después de la lectura, tocaba salir de fiesta, y en un pueblo como Logroño, si hay una fiesta universitaria en una plaza de toros, dificilmente habrá ambiente en cualquier bar de la Mayor. Así que tocaba Barras o a casa. En un primer momento opté por lo primero, luego cambié de idea, después Aitor me convenció, bajamos y, en el trayecto, mantuvimos una conversación que por un tris no se convirtió en discusión sobre Internet, las editoriales, las subvenciones y las antologías. Qué rollo. Qué pesados nos ponemos. Os podéis imaginar: me puse muy digna. Que si yo no cobro por recitar, pero tampoco pago por aparecer en una antología. Que no me gusta el tema de las subvenciones del Ayuntamiento (de Logroño) y las editoriales que chupan del bote. Y tan digna me puse. Tan tan digna. Que cuando me dijo que le diera diez euros para pagar la entrada de Barras grité que yo no daba un duro a la Universidad de La Rioja y me piré.



Al pasar por el Ayuntamiento, me recordé con dieciséis años, actuando con Elena y Marta en una obra de teatro de fantasía durante las fiestas de San Bernabé. Hacíamos de hadas. No, perdón, de náyades. Pero ahora Elena está a punto de salir de cuentas y Marta tiene una niña. Así que me quedo mirando la luna a través de las hojas de los árboles del puto  Ayuntamiento y le saco una foto sin flash.




Mis zapatillas de saldo, una de cada color, la melancolía y la absenta aún rezumando en mi cabeza...




El paseo de Dax sin flash.

El paseo de Dax con flash. Marta sin zapatos en la fiesta de la Primavera de 2005.

Pongo el flash esperando encontrarme con la Escuela donde estudié yo. Pero sólo consigo ver con mayor claridad que ya no queda nada de aquello.


Marta y yo en el primer recreo. Anaïs habla de las proezas de los de Jackass. Algún alumno se queja de Julio Hontana y Marta le llama ignorante. Porque ignoras, porque ignoras...


El escaparate de la zapatería en cuyo espejo siempre me miraba al volver a casa. Los pantalones manchados de pintura. La enorme carpeta con dibujos. El pelo suelto y rizado, las botas planas. No queda nada de mí en el reflejo que me devuelve esta noche.


El flash desvela. NEXO.

viernes, 2 de abril de 2010

Uno. Carne Cutre -> Carne Cruda

Brindemos por el 2010, que nos está yendo así de bien.

Saco de lo cotidiano lo más decadente. Es decir, que no todo es así según lo cuento, ni lo siento así, etcétera. Para ahorrarnos disgustos, y esas cosas. :)


Sus besos saben a... ternura porno. A por qué no. Está buena y yo sigo sin saberlo. Saben a no me hablé con tu ex durante mucho tiempo. Saben a éstos no saben que te estoy metiendo mano. Y a seguir haciéndolo sin saberlo. Saben a sé que no piensas en mí porque los mantienes cerrados. Yo, como siempre, sé que ansías arrebatármelos. Saben a no sé qué estoy haciendo. Saben a de qué me hablas. Lori Meyers. Logroño makes me pop. Mal de Amores. Saben a van cerrando antros y abriendo bares. Vamos al Stereo. Saben a todas con novio y yo contigo. Saben a estoy enamorada pero, ya sabes, siempre lo mismo. Saben a con lo buena que estás y... Saben a yo sé cocinar y ¿yo? Sólo hago pasta. No me gusta cocinar y siempre hay precocinados. Saben a ¿y tus complejos? Saben a, ya sabes, los he superado. Y una mierda. Saben a mmmmmmm, tus caderas. Saben a ya sé, son enormes. Saben a nos sirven. Saben a no tengo pasta. Saben a ¿sabes? te invito a Concept. Con consumición ¿no? claro. Saben a vamos cerca de los baños, siempre hay menos gente. Saben a quiero besarte. Sabes a besos de ternura porno.Saben a te echaría un polvo decadente en los baños. Mientras otras se retocan las pestañas con rímel barato. Saben a ¿sabes? Sé. Saben a sé que no sé nada. Saben a te follaría en cualquier sitio menos en mi cama. Saben a vamos a mi casa. Saben a polvos de pega. Saben a saber que tengo que enseñarte. Saben a esforzarme. Saben a tu semen de borracho en mi garganta. Saben a cuatro gin tonics y algún vodka con lima. Saben a dejarte exhausto en alguna mamada. Saben a tener que volverme sola a casa. Sin orgasmo. Saben a una noche de copas sin más con un (casi) desconocido. Saben a many shades of black. Saben a volver y quedarme  y estar enamorada. No de ti, más quisieras. Saben a querer algo estable, fíjate, así, sin saberlo. ¿Sabes? Saben a estar escribiendo esto mientras alguien al otro lado del Estrecho podría estar disfrutando de mí y llevarme el premio. Pero aquí estoy, sola, ya sabes, y él... sin saberlo.


Antes del Uno viene el Cero

domingo, 14 de marzo de 2010

Old Enough



Salgo del Concept.  Una noche más, en Logroño, he terminado con Elena. Somos las que no envejeceremos nunca. Y ella se parece a Lilly Allen. Más hoy, con su minivestido blanco y negro y esas medias de red que cubren la mitad de sus estrechísimas piernas. Ella se encuentra con su nuevo rollo. Ingeniero esta vez y más guapo que los que le precedieron. Le he dado el visto bueno. Ella siempre espera mi beneplácito en estos casos.
Me veo sola y desubicada (qué raro). Salgo. Lo intento. De camino al guarda ropa, peor que nadar contra corriente como hiciera con Marta y Vecino aquel día. En Donosti. Marea de cuerpos y de fondo música insoportable. In-bailable. In. Impresentable.
Nunca me tocarán más las tetas ni empaparán de tal manera mis caderas.
En el mostrador. Suena una de Shania de Twain. Hacía tiempo. Hace tiempo me encantaba. Mi padre me regaló Come on Over en casette. Una de la veces que me trajo a casa. En un bar de carretera donde él bebió café y yo mosto.
Allí hay un madurito canoso que acaba de entrar. Mientras él entrega y yo recojo me mira. Canto con Shania. Hay que ver. No hay nada más que hacer aunque quisiera.
Al salir. Boina, chaqueta cruzada larga negra de punto. Camisa. Cazadora de cuero negra. Boina. Me pongo los cascos. Suena Fables de los Dodos y un chico grita a su chica que no la perdonará. Que no le ralle, que se va. No quiere saber más de ella. Esto suena a infidelidad (jaja). Compungida, se disculpa, pero no se pone de rodillas y él se va.
Voy.  Camino la calle Vara de Rey, desértica, me ampara a todo volumen Old Enough de los Raconteurs y cruzo en rojo todos los semáforos porque soy tan feliz que no me importaría morir a los veintidós.
En casa mi gato.
Ahora, mientras escribo, duerme acurrucado entre mis piernas. Suena mi preferida. Many Shades in Black. Pienso que sólo quiero estar contigo pero no ahora. Mejor cuando vuelva. Si consigo volver y seguir siendo la misma pero mejor, como te mereces.
Ya sabes. Es difícil competir con tu ex.


domingo, 14 de febrero de 2010

decepción, autocomplacencia, desorden... II*

- ¿He parecido muy borde?
- No, parecías decepcionada, que es lo que estabas. Y que les den. - Me dice Marta.


El jueves por la noche pude no haberme chupado seis horas y media de autobús por unas carreteras nevadísimas. Pude haberme buscado la vida para quedarme en Madrid hasta esta mañana y así anoche hubiera podido ver a Ada, Voltios, Gsús Bonilla y Javier Belinchón entre otros, en los Diablos Azules. En lugar de eso, me vine a este puto pueblo, a Logroño, para leer con Aitor en un bar. 

Logroño me tiene hasta las pelotas. Si no fuera por mi gato, mi madre, Marta, Elena y Leticia, iba a venir aquí el Kiko. EL KIKO IBA A VOLVER A ESTE PUTO PUEBLO.


Me comenta Aitor que el día 13, dígase ayer, a las diez de la noche, leemos en el bar de una amiga suya, el bar De.Vicio, un pequeño y cuco bar al que recomiendo ir, -  porque además suelen poner a los Red Hot y eso siempre se agradece - ubicado en Duquesa de la Victoria. Justo en frente del colegio del mismo nombre. No De.Vicio, Duquesa de la Victoria. No sé el número, pero es cuestión de pillar el Concept e ir bajando hasta encontrarte con un colegio. En Logroño está todo cerca, no os estreseis. 

Total, que yo me veo el percal. Aitor no ha hecho eventos ni en Tuenti ni en Facebook, lo cual me parece un poco raro. Faltan dos días para la lectura, y no sé ni la hora de la misma. Es un bar en el barrio de Aitor, a cargo de unas amigas de Aitor, y en el cual se reúnen los amigos de Aitor. Aitor escribe una poesía que nada tiene que ver con lo que escribo yo. Versifica, rima, mide, critica y satiriza y, aunque últimamente haya prestado mucha atención al amor y el desamor, su poesía siempre está ligada a sus ideas políticas. Evidentemente, quien le lee y quien le escucha espera encontrarse con poemas como Todos A Cien, sus versos de amor a José Mari, y otras perlas anticlericales o que evidencien su pasión hacia las ideas marxistas y leninistas. 
Mi opinión política, sobre el comunismo, el capitalismo, los de un bando, otro, etc. cada vez la tengo menos clara. En mi tierno corazoncito siempre he sido anarquista, simplemente porque, si os digo la verdad, me importa tres cojones la política y si soy algo, soy individualista (¿solitaria, single, independiente, antisocial, huyo de la gente?). La época de Amar en Tiempos Revueltos ya pasó, y si quiero ayudar a Palestina, salir de la crisis o luchar contra las injusticias sociales, no necesito una bandera tricolor, ni una hoz y un martillo, ni una esvástica, ni una A de Anarquía, ni la gaviota del PP ni su puta madre.

Y mucho menos necesito simbología, ni ideología cuando lo que voy a hacer es leer poemas o relatos.
Llegados a este punto, situémonos en el día de ayer:


A media tarde vinieron mis tíos con mi primo de seis años al que quiero una jarta y media, a verme. Salimos a tomar un café (mi tercer café solo de la tarde) y mi primo me regaló una cadena de los Rolling. Qué majo mi primo. Hablando de etiquetas, para él soy una heavy. Cosas de mi tía, supongo, que no entiende por qué no visto como una maniquí de Mango. Pero ese rollo se lo llevó todo mi prima Beatriz que, por cierto, ha resultado Miss Rioja y su próximo destino será el certamen de Miss España. Yo puedo estar más o menos en contra (en contra, sí, acertasteis), de esa clase de certámenes, sobre todo teniendo en cuenta lo que ha supuesto siempre para mí el físico y los problemas más o menos importantes que he tenido cuando se trataba de comer lo más mínimo (naranjas) temiendo que mis caderas llegaran a tener su propia órbita. Pero bueno, me alegro por mi prima, porque es lo que quiere y lo está consiguiendo, así que ale, a tope y enhorabuena Beatriz.

Total, que me tuve que tomar el café a todo correr y despedirme de mis tíos y mi primo, porque eran casi las nueve y me quería arreglar para la lectura, y esperar a Marta, claro, que iba a venir conmigo pese a tener un bombo de seis meses. Y Leticia, que me llamó desde el coche, que venía a paso burro desde Vitoria, donde estudia, por la nieve.

Aitor me comentó que a las diez menos cuarto estarían cenando en el bar porque les invitaba Elena, la encargada del bar, su amiga. Yo pasaba, porque a mediodía me había comido un kebab con el que había suplido todas mis carencias calóricas de los próximos diez años, y porque después de tres cafés solos, el hambre se va a años luz y un poco más allá. Así que nos encaminamos hacia el bar a eso de las diez para estar allí sobre las diez y cuarto, suponiendo que la lectura comenzaría a y media. 

Un consejo: nunca supongais, porque siempre va a ocurrir lo contrario a vuestras hipótesis.

El bar estaba lleno de humo. Primera incomodidad para Marta. Aitor iba disfrazado del Che. Su amigo, Gallego, de otro revolucionario que desconozco. El resto de la gente, lo que me esperaba. El entorno de Aitor, y chicos que me sonaban de aquella época punk en la que me ponía como el kiko a vodkas y tequilas en el Galicia.  Al poco rato, aparece Leticia. Elena no viene porque ha quedado con las chicas de su chamizo para disfrazarse de Eduardo Manostijeras. Tampoco va a venir nadie del piso del Parlamento, como tampoco vinieran a la última lectura en La Gota de Leche. No espero a nadie conocido. Ni siquiera contaba con Marta o Leticia, que tampoco vinieron a La Gota de Leche.  

Son ya las once. Marta está hasta las pelotas, Leticia está tirando de chistes malos, la gente ya está demasiado borracha y Aitor y Gallego me piden que les saque fotos:
Al entrar, la encargada del bar, que está guapísima disfrazada de Morticia, se acerca a nosotros y nos dice que la lectura es mañana (hoy), que habrá micrófonos y más gente. Que hoy (ayer) leamos un poema cada uno y animemos a la gente a venir mañana (hoy). Que no entiende por qué han tenido que juntar Carnaval con San Valentín, porque han jodido a la hostelería y Aitor me repite pero no te chines, no te chines, no te chines. No me chino, no me chino, no me chino. 

Sólo me molesta que podría haberme ido a cenar con mis tíos y mi primo, a los que no veía desde hace un mes, y después haber quedado con Leticia y Marta en cualquier cafetería tranquilamente donde a parte de poder hablar, Marta hubiera estado cómoda con su niña dándole patadas, y Leticia y yo, con nuestras manos en su barriga, gritando como pavas ¡¡lo he notado!!


A las doce, un par de chavales más borrachos que el Kiko  (ver la foto que hay sobre estas líneas) que no se sabían ni nuestros nombres, nos presentaron al resto del bar. Salió Aitor, leyó Todos a Cien, Leti me dijo: Coño, Adri, como el Chivi, qué no.

Para Leti y para mí, el Chivi es un personaje muy importante porque la primera conversación que tuvimos fue sobre él.

Fue a finales de 2003. Nosotras íbamos juntas a clase, en el Duques de Nájera, aunque no habíamos hablado nunca. El profesor de matemáticas me sacó a la pizarra a hacer un ejercicio. La pesadilla antropófaga de la otra noche no es nada comparada con lo que suponía para mí salir a evidenciar mi nula capacidad para con los números  en el instituto.  Al volver al sitio, Leti, que se sentaba detrás de mí, me dio en la espalda y me dijo: ¡¡Se te ve un cacho de braga así - separa las manos veinte cm - de graaaaaaaaaaaaaaande!! A lo que Marta, que se sentaba a su lado le respondió con un codazo seguido de ¡Pero no le digas eso! ¿No ves que es muy cortada? Elena, que se sentaba a mi lado, se volvió y añadió algo así como Marta, no digas eso, que se va a poner roja. Y para salir del embrollo, me fijé en la carpeta de Leti, que tenía cosas escritas como "y qué le voy a hacer si el abuelo es gay", "se la meten gorda y la sacan blanda", "chochos con pelo, chochos que saben a caramelo" y, en grande, EL CHIVI. ¿El chivi? pregunté, y Leti emocionada respondió  ¡¡¡Siiiiiii!!! ¿también te gusta?

Al día siguiente Leti apareció con discos del Chivi para dejarme y a partir de entonces convertimos las horas de matemáticas en las tertulias de la mañana. En junio, ni sumando nuestras notas alcanzábamos un cinco, pero siete años después podemos presumir de ser tan amiguísimas pese a lo mucho que hemos cambiado. 


Yo viendo lo que me espera.

 Marta, Leti y yo


Después de Aitor, a quien aplaudieron con fervor, me levanté y traté de leer pese a que los dos chicos que nos presentaron hablaban y reían tirados en el suelo. Si os callais igual puedo leer. Me sale la vena borde... uf... Leo Redención, un poema que para mí significa mucho, como todo lo que escribo, - porque cuando escribo me desnudo y vomito las cosas tal cual las siento - con la sensación de que me estoy humillando mostrándome de esa manera a gente a la que le importan tres cojones mis poemas y los de San Pedro. Así que decepcionada y triste me pongo el abrigo, Aitor me da un abrazo y me pide perdón, y me dice que mañana (hoy) a las ocho es la lectura, y que si quiero salir por la Mayor a emborracharme le llame, que tiene pensado quedarse hasta las ocho de la mañana como mínimo. Y que no me chine.

No me chino, Aitor. No me chino.


  

Marta, Leti y yo nos vamos al Beso, una cafetería muy cuca que hay en la Plaza del Mercado, y, antes de entrar, nos fijamos con tristeza en La Musa, que está cerrada esperando que derriben el edificio. Ellas café, que no es café porque es descafeinado de sobre y con leche, y yo una caña  porque si me tomo otro café me explota la aorta. Nos despachamos a gusto, nos lo pasamos como enananas marujeando y tocando la barriga de Marta. Echaba de menos estar así. Las echaba de menos.




Marta y yo en nuestra línea, dando el cante en el Biribay

De allí al Biribay. Canciones de Linda Mirada, fotos estúpidas, Los Ramones (hey little girl, I wanna be your boyfriend....) muchos chicos y todos con pareja, Álvaro, el novio de Marta, disfrazado de Carod Rovira con una lanza...






Así que eso, chicos, esta tarde a las 20,00h, lectura de poemas con Aitor en el De.Vicio.
Si no va a venir nadie interesado mínimamente en lo que escribo, desde aquí lo digo, no voy.

 



* Otra entrada sobre decepciones y desorden aquí.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Samaritana

"Salvaje es el que se Salva"
Leonardo Da Vinci



Ella camina unos pasos por detrás de él, y él ni siquiera parece darse cuenta. Como quien se olvida del complemento.
Y yo, ahora, después de tanto tiempo, vuelvo a pillar con los dientes el piercing por dentro.



Mirando ciega la espalda del salvaje, sigue caminando al retortero y siempre atenta, como un salvavidas, pendiente de la próxima caída, que está al caer, y llega, y aunque se sienta capaz no se ve con fuerzas, ni podrá salvarle esta vez, ni las sucesivas, sólo acompañarle a la sombra, sonreír y autoengañarse cuando hable del amor y la felicidad, a los amigos de plastilina que se encuentren esta noche, con la boca llena y los dientes pútridos, en algún rincón de La Laurel.

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