martes, 23 de diciembre de 2008

La hija de Dalila


Luisa nació un catorce de diciembre, entre nieve y niebla, y desde entonces siempre ha estado fría. Fría como la habitación de aquel albergue, fría como el modo en que fue concebida. Sin luz eléctrica, por impago, sin ser buscada. Desde entonces siempre está perdida.
Dalila, su madre, era toda una artista de variedades. Bailaba en un bar donde no había hombres, sino clientes, y las copas, a ella, siempre le salían gratis. Lo que pagaba eran otras cosas mucho más fuertes, capaz de darle vitalidad, que no vida, a cambio de esperma esparcido por su barbilla.
Era de esperar que aquel ambiente fuera su jardín de infancia, la ludoteca de Luisa, la bastarda dividida.
Dividida en dos mitades que rodaban como ovillos de lana de un lado a otro de la barra. Mitades que convergían en intervalos de quince días.

7 comentarios:

  1. El personaje de Luisa promete, Awy... Espero que haya una continuación. Besos,
    V.

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  2. me gusta como escribes. Xen tenía razón:talento no te falta.
    un abrazo

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  3. Por cierto, no pude asistir a la fiesta presentación de Jamais vu.
    Estaba en frente, currando en el teatro Bretón. ¡Una lastima!

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  5. me gustan las letras que se derraman por el blog, las imagenes que logras colgar en las paredes desnudas de tus lectores!

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