sábado, 28 de julio de 2012

Frontier




Ha entrado a matar este año la primavera. Los colores han inundado todo el paseo de la celda al mercado. Me dicen
que hemos sobrevivido al invierno. Yo también. Me incluyen en su afirmación: hemos sobrevivido al invierno.
Y yo extraño tanto ese frío anestésico y el calor de la celda y el bloqueo en las piernas. No saber caminar, ni querer aprender a hacerlo.
Tan sencillo todo en la minusvalía y el vencimiento. No me voy a levantar.
Pero ahora llega el sol y se van horas de noche. El insomnio parece más corto. Menudo engañabobos. Amanece.
Y ya se oye el murmullo de la gente en la calle, como no se oía antes. Los ancianos y los niños salen a los parques como perros. Les pasean al sol, sólo ahora que hace bueno. Es denigrante.
Y yo sólo camino pesada con el cuerpo que me trae el sol y me quitó el invierno
paseo en busca de un banco aislado donde acurrucarme bajo unas hojas en blanco y escribir
que ya es abril [inevitable] como cada año y que ni estando aquí
a dos mil kilómetros [bajo tierra] de mis recuerdos
consigo sentirme lejos.


10.04.12

4 comentarios:

  1. Muy bueno adri, aunque me quedo un poco con ganas de más, pero en eso está parte de su belleza.

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    Respuestas
    1. Gracias Óscar! Me alegro mucho de que te guste. Lo tenía aparcado en el ordenador desde abril y al volverlo a leer me gustó. Es curioso cómo cambian los textos con distancia.
      un beso

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  2. Yo también echo de menos el invierno.

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  3. Si lo llegas a publicar cuando lo escribiste, habría llorado entre las líneas.
    Ya ni me acuerdo del último abril feliz.

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