Llega un momento de frikismo total en el vídeo que me saca bastante de quicio, pero es escuchar esta canción, y el disco en general, de Rumble Strips, y entrarme unas ganas locas de subirme a la mesa y ponerme a cantar. Bueno, de hecho lo he hecho.
Espero que a vosotros también os invada de buenrollismo.
domingo, 7 de junio de 2009
Not The Only Person
viernes, 5 de junio de 2009
BardeBlás
No he ganado, pero sí he quedado finalista, así que mi texto esta´ incluido en el libro que han publicado.

El libro se puede conseguir en el bar BardeBlás (C/ La Puebla, Nº 29, Bajo, Burgos)
Orla

Todos iguales, como piezas de un puzle en blanco, encajados zafiamente en la puerta de algún sitio del cual saldrán sin fuerzas.
Todos iguales, creyéndose importantes. Serios, patéticos, vergonzantes, con la triste intención de mostrar en sus rostros el orgullo que sólo tendrán sus madres.
Todos iguales, como los cromos repetidos guardados en un cajón aparte.
Y yo casi desnuda, despeinada y de resaca, los observo tras mis gafas de sol y sólo siento repugnancia.
Pensar en ellos como objetos sexuales ni siquiera me vale, porque sólo imaginármelos sudando en mi cama me produce arcadas. Sus miembros finos, pequeños, bailando tristemente dentro de mi cuerpo. Sus torpes lenguas, sus estúpidos mordiscos, sus palabras desafortunadas y fuera de sitio, y sus estúpidas versiones al día siguiente en el patio de recreo.
Ya me conozco el juego de hacerse valer, como si eso alguna vez sirviera para algo. Ya me conozco el juego de morderse la lengua antes de llamarles gilipollas. Y el de romperse las medias, perder el zapato, restregar las ganas por su cuerpo, apurar el vaso mientras miran con descaro al ganado reaggetonero que sí está a su nivel.
Todos iguales, cerrando la boca a última hora, en el segundo exacto en que salta el flash.
jueves, 4 de junio de 2009
A. G
el 29 de mayo a las 17:08
Adriana, te puedes creer que acabo de leer ahora tu mensaje? Jajaja yo también me lio con esto. Pues por Logroño todo va muy bien. El año que viene me voy a Italia de Erasmus (después de tantos años en la escuela, está bien un descanso) y de momento parece que la vida me sonríe, cosa que no pensaba el año pasado. Y a ti qué tal te va?
besitos gordos!
el 30 de mayo a las 3:06
Hola guapa! don't worry, que yo esto del Facebook tampoco lo domino. Qué bien que te vaya todo genial. Me alegro de que te vayas de Erasmus; yo no puedo porque tengo todavía una pendiente de 1º y no tengo ganas de intentar aprobarla todavía, pero espero encontrar curro para tener unos ahorrillos e irme de España un tiempo sin tener que recurrir a la prostitución. Últimamente estoy genial: vuelvo a estar soltera y me veo estupenda. Me he teñido el pelo de negro, sigo escribiendo, ando estresada como todo dios por estas fechas, voy a un gimnasio, intento no pensar en lo rápido que se olvidó D. de los dos años y se fue con una tía que según M. da mucho asco (aunque sé que seguramente sólo me miente para hacerme sentir mejor), pero me alegro de no correr el riesgo de ser expuesta desnuda delante de toda la Escuela de arte mientras yo estoy estudiando como una condenada en Valladolid. Nah, en realidad no, pero que les jodan a los dos. Y a todo Logroño entero, por qué no, y a toda esa mierda de jurados que se han empeñado en darle premios mientras yo estaba llorando. :)
Así que nada, eso, que últimamente Valladolid está muy bonita con el sol y el calor, soy feliz, sigo escribiendo estupideces, mi libro va por la tercera edición, cosa que aún no termino de entender, no he encontrado curro en lo que va de año y... no sé, creo que nunca he estado mejor.
Un beso enorme
miércoles, 3 de junio de 2009
Efluvios de Vergüenza
Se termina el primero de los tres cigarrillos que le quedan con los ojos húmedos a punto de desbordarse, mientras pasa, apenas sin mirar, fotos del Facebook de alguna desconocida, amiga de amigo, más guapa que ella, temiendo que ahora Gorka esté con una así. También ve, en su paseo por Facebooks ajenos, el mar. Pelos encrespados por la humedad, sonrisas y mar. Y es entonces cuando se desborda en mil lágrimas, pensando en todo lo que no podrá volver a vivir pero sí vivirá Gorka con su nueva novia.
Mira por la ventana, a través de su vieja cortina naranja empapada en tabaco, las luces difuminadas de una ciudad de noche, preguntándose cómo puede todo estar en calma si ella es incapaz de dormir desde que hace un mes todo se acabara de repente.
Porque el futuro, ahora, se oculta inaccesible tras una abrupta capa negra.
Pero no hay tiempo ya para gritar que todo es injusto. Ahora sólo le queda afrontarlo.
El cuerpo de Jugaitz se va consumiendo por culpa del alquitrán que antes le sirviera de placebo para afrontar cualquier situación que se le escapara de las manos. Lo mismo que con el alcohol. Su afición por el vodka, y en especial por los rusos blancos, está terminando con su existencia. Beber en compañía ya no le apetece, porque el mero hecho de pensar que pudiera encontrarse a Gorka con su nueva novia, le ha obligado a mantenerse en casa, recreándose en su tristeza, llorando y bebiendo hasta quedarse casi inconsciente sobre la cama.
Nerea perdió su trabajo en diciembre, antes de Navidad. Trabajaba en una tienda de ropa en un centro comercial de Vitoria, pero las cosas empezaron a flojear y con ella se fueron a la calle otras cuatro dependientas. Sin explicaciones. La crisis, decían. Desde entonces ya han pasado siete meses y aún no ha encontrado otro trabajo.
Nerea camina durante horas con una carpeta en la mano, parando en cada establecimiento del que cuelgue un Se Necesita Personal escrito con Edding negro. Y vuelve a caminar, con sus gafas de sol y el mp3 colgando, con canciones de The Sounds y Ting Tings porque el resto de grupos sólo consiguen entristecerla. Y eso es lo de menos, porque, aun así, caminar sola no le ayuda.
Jugaitz borra todos los rastros con la falsa esperanza de borrar también los recuerdos, como si Gorka sólo fuera un conjunto de retales: una dirección de Messenger, un perfil de Facebook, canciones, libros y otros regalos que le hiciera, como aquella rosa tratada que se negaba a morir dentro de un jarrón de flores.
- Jugaitz, si quieres te acompaño yo.
Nerea vacila un momento y sonríe. Hace meses que nadie me reclama, piensa.
- Nada mejor que esto, Jugaitz.
Nerea nunca antes ha ido al ginecólogo, pese a tener veintiún años recién cumplidos y haber perdido la virginidad a los dieciséis. También recién cumplidos.
Jugaitz está nerviosa, sus pulsaciones pueden notarse desde el otro extremo de la sala de espera, aunque sabe perfectamente lo que le van a decir. Nerea observaba al resto de pacientes: una mujer de unos cincuenta años, sola, con su camisa larga marrón y unos pantalones negros incapaces de disimular su gordura y el paso de los años recorridos en sus piernas; una mujer rubia teñida, cuarentona, en chándal y junto a ella su pareja, otro hombre que también aparentaba ser padre de un amante del Tuning de dieciocho años, y una mujer de treinta y muchos, sola, atractiva y, aparentemente, segura de sí misma.
Discuten, mientras Jugaitz está dentro, ya en la consulta, porque les han dado cita para las cinco, las cinco y dos y las cinco y tres minutos respectivamente. Mientras tanto, Nerea ya lleva esperando a Jugaitz desde hace veinte minutos.
Las otras mujeres, discutiendo, sobre cosas que ella aún no ha experimentado ni quiere experimentar. Imaginándose en una máquina de tortura, abierta de piernas a la espera de ser violada por un instrumento frío y doloroso.
Jugaitz sale llorando de la consulta, pero no quiere hablar. Nerea no quiere insistir.
Aquí la cuestión es muy simple: Jugaitz está muy enferma. Realmente, ahora, y sólo ahora, Jugaitz se está pudriendo por dentro. Su sexo, sus pulmones, su útero maltrecho. Todo su interior está haciéndose trizas y, para colmo, no le queda confianza, ni en sí misma ni en nadie, como para poder gritar lo que le está ocurriendo. Se aleja de los demás y se siente sola, y se siente tan sola que no es capaz de unirse al resto. Ahora sí, por fin, lo ha conseguido: notar cómo su vida se desvanece efervescente entre el dolor más agónico y porque sí, porque ahora, si no es mañana, dentro de unos meses, va a morir.
Nada en la nevera. Nerea descubrió anoche que no le quedaba dinero en la cuenta. Sólo diez euros que debía proteger mejor que si fueran sus propios hijos. Hubiera querido darse cabezazos contra la pantalla del cajero, pero aunque sí estaba bastante borracha como para poder hacerlo, optó por enviar un mensaje de socorro a su padre. Antes de volver al bar e intentar que alguien le invitara a otra copa.

El lunes seguía sin tener noticias de su padre, al menos no noticias buenas. Sólo recibió una llamada por su parte de la cual sólo sacó en claro que su padre no le pensaba ingresar ni un euro.
Nerea cuelga sin responder, y vuelve al vaso de licor de café que tiene sobre la mesa. Vuelve, de nuevo, como tantas veces a lo largo de cada día, a revisar su correo y las ofertas de Infojobs, Laboris, Infoempleo y otras tantas páginas de empleo en internet. En sus menús privados, en más de la mitad de las ofertas en las que se ha inscrito pone en rojo: Descartado.
Y en su correo un sólo mensaje nuevo, de un tal Gorka que responde a un anuncio que colgó hace meses en alguna web, a la desesperada, con el asunto: Necesito trabajar. Gorka no le ofrece un puesto de dependienta a jornada completa por menos de mil euros al mes. No le ofrece un puesto de comercial sin sueldo fijo. No le ofrece estar sentada durante horas con unos auriculares repitiendo la misma cantinela a un micrófono para vender ADSL. Gorka le pide lo que ya le pidiera hace meses, cuando aún salía con Jugaitz, y ella se negó. Pero esta vez no sólo pide, ahora ofrece cuatrocientos euros. Y Nerea ya está demasiado hundida como para pensar en los principios.
Escuchar a Adriana Calcanhoto no va a lograr calmarla, ni expurgarla. Pero ahora tiene un puñado de euros y unas lágrimas que más que a sal saben a efluvios de vergüenza.
Las náuseas y el dolor continuo, la tos, la debilidad y el desamparo cada día están más presentes en la vida de Jugaitz. Dentro de su útero algo pretende hacer perdurar la especie al tiempo que sus pulmones agarrotados en nicotina se niegan a dejarla respirar.
Tiene claro que no va a sobrevivir desde el momento en que se negó a seguir el tratamiento. Lo que no tiene tan claro es si va a ser capaz de aguantar seis meses más. Tiene claro que no quiere abortar, aunque tampoco sabe si va a servir de mucho esa decisión. Lo único que tiene claro es que no quiere hacer absolutamente nada.
Nada.
Nada.
Y la única persona que tiene en el mundo es Nerea, la única que, en caso de que sobreviva, podrá hacerse cargo de él. Hacerse cargo de unas cenizas que cada vez parecen más mojadas e incapaces de resurgir.
Y no quedará nada.
No quedará nada, salvo cenizas.
Las cenizas de un fénix que no logrará levantar el vuelo.
La de la foto es Gisele Bundchen en su mejor momento.

la niña de las naranjas by Adriana Bañares is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.