martes, 1 de mayo de 2007

Abril llegó a su fin. Y ha vuelto a mi memoria...

Abril llegó a su fin.
Y las gotas de lluvia corretean por este cristal, en esta ventana, en este tren.
Abril, mi temido (y querido) abril, murió anoche, mientras yo bailaba en el Splas con Elena, Sasu y Marta.
Abril terminó anoche, entre un par de chupitos y algún que otro cubata de vodka con lima, pero sin pasarme, que luego no soy responsable de mis actos.

“Eres un esnifador de mierda. Sí, Awy, eso le dije: Que te metes todas las noches, que ninguna chavala quiere estar contigo. A mi novio le cae bien, que si supieras cómo se enfadó aquel día por lo que le dije... pero bueno, a él le caerá bien, pero a mí me suda todo el potorro.”
Yo no paraba de reír, y no porque creyera que él se mereciera aquello, sino porque ya había pasado demasiado tiempo desde entonces y recordarlo con rencor no era sino dar más vueltas a la mierda.
Me reí porque Marta también le mencionó aquella noche. Bueno, Marta siempre le tiene que mencionar. Ya sea para bien, o ya sea para mal, pero siempre me lo trae a la memoria. Me reí porque siempre me preguntan por él, aunque no llegué a estar con él, como si no hubiera tenido mayor desgracia en la vida que perderle.
“awy, que tú eres muy maja, que te veía por la Escuela y decía: -mira que chica más maja-. Lo único que no hablabas mucho. Y me dice el otro: - es que no congini... cogen... congeniábamos- ¡ese no sabía lo que tenía, Awy! Y ya se lo dije yo, que estas cosas le pasaban porque es un esnifador de mierda.”
¿Pero cuándo fue eso?
Justo hará un año ahora.
Entonces fue un año después de haber “estado” con él.
El mensaje, mi vena histérica en el paseo de Dax, y el abrazo que me dio después Óscar, y el qué has hecho, loca de Lucía, que su padre es médico, haber aprovechado.
Mis días tristes, los recuerdos de algo que fue raro, pero bonito. Algo que no iba hacia ningún lado, pero que me hacía feliz.
Yo no me puedo enamorar. No es que no lo haga, es que por mi bien no debería hacerlo. Los piscis nos entregamos a los sentimientos de una manera casi enfermiza.
Cuando me enamoro me hago daño y se lo hago a los dema´s. El amor me destruye, y yo destruyo todo lo dema´s. Al menos yo. Desconfío, no me creo absolutamente nada, porque me miro al espejo y veo cómo soy, siendo consciente de que nadie podría enamorarse de una muñeca pepona.
Con estos rizos y el pelo naranja, cada día me recuerdo más al actor secundario Bob.
Me vino muy bien el reencuentro con aquella antigua compañera de la Escuela, con la cual no tuve más relación que alguna que otra borrachera en el San Miguel.
“El mejor año, Awy, el primero de la Escuela. Esos botellones todos los de primer año en el San Miguel. Que me acuerdo que me dijiste ''¿me saludvra´s cuando me veas por los pasillos de la Escuela?'' ¡pues claro! Que yo no soy superior a nadie, Awy, si yo me siento inferior a todo el mundo.”
Mujer, tampoco es eso.

Le dije que me saludara porque si no me saludan, no saludo. Debido a mi psicosis de que caigo mal a todo el mundo, nunca saludo primero, creyendo que la otra persona me odia, o qué sé yo. No saludo por no querer hacer perder tiempo a alguien a quien puedo no caer bien.
Por eso y porque la miopía me impide distinguir rostros a una distancia mayor de tres metros.

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