jueves, 29 de mayo de 2008

Quince Mordiscos #1

Las notas del piano repiquetearon contra la ventana del salón. Vega, sentada sobre el radiador, fumando un cigarrillo con tranquilidad, vio cómo el hombrecillo verde del semáforo se movía al ritmo lento y tenso de la canción, cómo el viento susurraba su melodía a los árboles, que respondían con sugerentes movimientos de hojas, y cómo las gotas de lluvia morían contra el cristal atraídas por el melancólico sonido de aquel instrumento.
Cuando terminé la interpretación y el muñeco del semáforo se tornó rojo y estático, Vega apagó su cigarrillo, suspiró abatidamente y dijo “Dejémoslo”.
- Tus canciones me recuerdan cosas que no quiero recordar. Me estás quitando la
vida con tanta tristeza.
Más vale que la beses o te vayas, me dijo la conciencia. Pero ni la besé ni me fui, así que ella cogió sus cosas, su pequeño bolso de Louis Vuitton, y cerró la puerta desde fuera.
Como si la muerte fuera una molestia para quienes están alrededor, como si al morir se convirtiera en un estorbo, mi perrita decidió quitarse de en medio, irse de mi casa aquella tarde de principios de abril. Desde entonces no puedo evitar preguntarme en qué lugar decidió dejar su cuerpecito de color canela.
He caminado por las calles de esta ciudad muchas veces, de incógnito, como un insignificante individuo más, mordiéndome los labios para evitar llorar frente a un escaparate. He caminado en equilibrio sobre el borde de la acera y he mirado a los ojos de los hombres que observan a los niños en los parques. He tropezado con baldosas rencorosas, he fotografiado cosas que me parecieron bonitas en la fugaz memoria de mi retina y he apretado los puños dentro de los bolsillos del abrigo cuando me he visto con ganas de gritar. Pero no he encontrado a mi canela. Quizá nunca estuvo conmigo.

****
acabo de recibir la siguiente noticia: Debido a la gran expectación que ha despertado la pizarra de Daniel Tudelilla, los responsables del proyecto han decidido dejarla expuesta una semana ma´s. Parece que no soy la única que no quiere borrarla... O, al menos, no tan pronto. Ya la podrían dejar permanentemente...

6 comentarios:

  1. Llora!!! Gtita!!! Haz lo que creas necesario. No te reprimas. Y quizás ha llegado el momento de dejar de buscar a Canela; no sé... especialmente si no ha existido. Buen post y magnífica foto. Un beso.

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  2. ...afrodisíaca canela que te abandona sin dejar rastro...vagando por las calles de tu ser te encuentras...infinitos besos de bolsillo...

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  3. Y qué gran frustración cuando se recoge en celuloide aquello que pareció bello a la mirada y trasladado a papel apenas es un burdo reflejo de la emoción que causó...
    Casi se puede escuchar el piano...y la lluvia, tu lluvia.

    Besos con canela.

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  4. Tus palabras ambientan el momento, lo vislumbramos, lo sentimos, nos mordemos los labios (no para evitar llorar, pero porque nos hemos acostumbrado a llevarlos heridos), y consideramos si nos iría mejor con un gato...

    ;-)

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  5. Muy bien escrito, y bonito relato.
    Besos

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