lunes, 3 de noviembre de 2008

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Boomp3.com
Tengo miedo a que todo se destruya. Un terrible pánico a la efervescencia. Miedo a un final abstracto. No, no temo a lo físico, a lo material. No temo al dolor tanto como al pensamiento. No quiero que termine. Nada. No quiero la nada.


Me desplazo sin rozar el suelo, a través de paredes, fundiéndome en las cortinas (anaranjadas) de mi habitación, y como el rastro de rocío que deja la noche sobre mis hojas, me quedo quieta, esperando evaporarme.

No sé a dónde quiero ir a parar. No sé si quiero parar.

No por el momento.

Y tal vez me he vuelto inmune. A todo. Inmune. Estática y maleable a la vez, como plastilina, como sangre seca bajo las uñas.

Una mueca extraña, un rostro conocido vencido por el desconcierto que provoca un cambio brusco de temperatura. Ahora que llueve todo es contrario a lo que fue. Ahora que el frío vuelve a dejarme un tono violáceo en las manos y agua salada bajo mis pestañas, todo es volátil, silencioso; agua. Ahora es todo tan claro que tengo miedo a que se evapore y, sin embargo, quiero evaporarme yo.

Quiero saltar por la ventana y soplar. Soplar. Quiero volar hasta evaporarme.

2 comentarios:

  1. El frío del invierno moldea y agrieta los pensamientos con vientos que arañan la piel, pero tu esencia es imposible de evaporar. Podrás ir a cualquier parte, pero allá donde vayas tu poso quedará.

    Besos en las pestañas

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  2. Un beso guapa, no te diluyas que sin tus escritos no se que hacer...

    Y que bueno Portishead

    Besicos

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