viernes, 30 de marzo de 2007

Pequeñas escenas de la Vida Moderna

Mozart, la luz del sol, el salón bien iluminado. Paredes de color beige, estantería de pino donde guardas los compact discs. Una tele, un sillón. La alfombra que te negaste a abandonar cuando murió tu madre. Tú, sentada sobre el sillón, aburrida, pero tranquila y feliz. Serena. Disfrutando.
Los pequeños placeres de la vida se esfuman de repente. De su efímera existencia radica su adoración.
Estás sentada en tu sillón, aburrida pero tranquila. Feliz. Serena
.

- Tengo el espíritu maternal donde yo te diga. – Acabo de conocer a Carla. Se ha
sentado junto a mí en el bar, interrumpiendo mi caña de la mañana. Aún no le he dirigido la palabra, pero ella sigue hablando. – En serio. No lo tengo, por eso estoy sola. Maldita sea, las tías se enrollan con tipos que les recuerdan a su padre. ¡A su padre! Si, es así, aunque parezca extraño. Y seguramente los hombres también se quieren follar a tías que les recuerdan a sus madres. Y dime, si no tengo espíritu maternal, ¿quién querrá follarme?
- Hay hijos de madres sin espíritu maternal.- Me está aburriendo. No habla de nada interesante, sólo estupideces encadenadas queriendo parecer una estructura interesante y coherente. Pero no lo consique. Y me está amargando la caña, así que me levanto, pero antes de irme objeto: – Y, por favor, ¿de veras crees que quiero tirarme a mi madre?

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