viernes, 27 de febrero de 2009

Claustrofobia

Empezó a auto convencerse de que confiaba en los desconocidos,

aunque precisamente era ese miedo y esa incómoda desconfianza lo que le hacía sentir viva.



No le gusta el olor.


Ni el dulce,


ni el natural,


ni el artificial.


Sólo le gusta el tacto de la


inexistencia.


No le gusta


Lo que a él


Ni a nadie


Sólo le atrae


Llegar a la


Anestesia existencial.



No quiere sentirse protegida, (o igual la que no lo quiere soy yo) por ella ni por nadie. No quiere ser echada de menos, sólo dejar un rastro semitransparente sobre la piel de todo aquel que la toque (o sobre la mía).


Disfrutaba de su independencia durmiendo al borde de la carretera, por debajo de la acera, en un colchón de los caros, de los altos, de los anchos, decorado con manchas de lodo y aceite irisado en la parte inferior. Disfrutaba de su condición original, siendo la única mujer completa que habitaba en el planeta, y, por tanto, la única incompleta.


De vez en cuando la venía a visitar una bonita rubia hermafrodita, como todos los demás, y disfrutaban sin reparo de la no intimidad. El humo de los coches y el estrepitoso ruido urbano marcaban el ritmo de un romance que sesgaba las conciencias de los más puritanos, y los más conservadores, que no podían admitir la existencia de aquel fallo de Dios. O aquella creación de Demonio.


Pero me secuestraron (eso lo recuerdo como mío, aunque seguía siendo ella), engañándome como a una idiota (que, a fin de cuentas, es lo que soy) en el momento en que decidí alejarme del colchón, porque ahora, por fin, lo había visto tal y como era: repugnante. O puede que… tal vez, me lo dijera ella.


Millones de llaves, brechas de cada lugar donde vivió alguna vez, y ninguna es del coche.


Pero cuesta tanto admitir una ausencia que prefiere probar con las demás.


Va a ser difícil escapar de aquí si a través de la ventanilla del coche sólo hay puntas, escaleras y precipicios.


Va a ser difícil escapar de este mundo si nos han tapado el cielo con hormigón y ahora todo es una nave industrial, tan fría, tan gris, tan amplia… pero tan cerrada.

2 comentarios:

  1. Un relato delicioso, un vacío completamente lleno, una sensación de desconcierto llena de coherencia... Besos y buen fin de semana,
    V.

    ResponderEliminar
  2. Te secuestré, y terminé secuestrado. Buen realato adri, Un beso y felicidades.

    PD: Propongo ser quien ponga el aire. (a tu claustrofobia):
    http://www.youtube.com/watch?v=z7eJThnGczU

    ResponderEliminar

¿Quieres estar al tanto de cada nueva publicación? ¡Suscríbete!

Entradas y Comentarios