martes 30 de junio de 2009

Lobotomía



Quiero que me lo hagas, y que me lo hagas bien. No cometas estupideces, sé muy bien que el instinto asesino te tentará, pero has de ser fuerte. Tampoco tergiverses las cosas: procura extirpar sólo lo que haga falta. Lo demás déjalo en su sitio, no quiero borrar todos los recuerdos.


Si no te ves capaz, no me hagas perder el tiempo y vete.



No quiero volver a experimentar el sentimiento de culpa cada vez que alguien se aleje de mí. No quiero volver a pasear sola como si fuera un fantasma y tener que ocultarme para llorar con ganas. No quiero seguir así otros tres meses, así que apunta bien o vete por donde has venido.



Pásame la ginebra. Coge el pica-hielo. No te preocupes, en serio, estoy dispuesta a correr el riesgo.


No me mires así, no quiero darte pena. Sólo haz lo que te digo; si no te ves capaz, en serio: vete por esa puerta y no vuelvas por el morbo que entraña poder encontrarme muerta.


¿Te vas, cobarde?


Recojo el pica-hielo del suelo, y observo durante un par de segundos el rastro que tus pasos de cobarde han dejado sobre el parquet. Tu silencio y tus estúpidas lágrimas no van a detenerme. Tu compasión no sirve de nada si cuando peor me siento huyes sin decirme nada.


Me miro frente al espejo. Es la última vez que voy a verme así. Después de esto seré tan feliz que volveré a quererme como antes, y ellos volverán a desearme hasta el final, y yo volveré a disfrutar de los amores breves.


El sentimiento de culpa se irá. Volveré a tener corazón. Dejaré de ser tan falsa, se irán mis mentiras como la sangre por el desagüe. Correrán con el agua purificados todos mis errores y los recuerdos, y las suposiciones, y el cariño que a pesar de todo te sigo teniendo.



Se irán contigo y todo lo que significaste en mi vida, y sólo serás un ciudadano más con quien cruzar una mirada en algún paso de cebra.



Sitúo el pica-hielo sobre el conducto lacrimal de mi ojo izquierdo y me miro fijamente a los ojos mientras sostengo con la otra mano un pequeño mazo de madera. Verme me duele. Me recuerdo a ti, como todas las cosas que te gustaban, y no puedo evitar desperdiciar otras pocas lágrimas.



Cierro los ojos y grito con todas mis fuerzas al tiempo que golpeo, y entra, y enredo, y me pierdo, ya no sé qué estoy haciendo, pero todo se está yendo. Lo noto. Noto que todo se está yendo, ya apenas te recuerdo, todo se va desvaneciendo, y sólo queda un intenso dolor de cabeza, y ceguera, y el olor a sangre. Sangre que se escapa y empapa mi rostro y se diluye con el sudor y el miedo, pero también con la tranquilidad que supone no volver a recordarte, y se va todo… se va…


Las fotos son obra de Cirenaica Moreira.

15 críticos cítricos:

Preste Juan dijo...

Un relato y unas fotos impresionantes. Tienes la odiosa habilidad de ser tan eficaz con la profundidad de relatos muy breves, como con los de mayor extensión.¡Creo que te lobotomizaría yo mismo!

pepe pereza dijo...

Una vez más me dejas con la boca abierta, y con la de moscas que hay...
Por cierto, un puntazo lo de amores breves.
abrazo

Belén dijo...

JO, si fuera así de fácil...

Besicos

Angus dijo...

Un estallido brutal de genialidad.

awixumayita dijo...

Madre Santísima! ¡Si lo colgué esta madrugada!
Muchísimas gracias a los cuatro, sois unos soletes.
Me alegro mucho de que os haya gustado, aunque la verdad es que con las fotos de Cirenaica Morera, cualquier texto hubiera parecido bueno. :)

George Fournier dijo...

¡Olé! Y yo sin enterarme.

Jesús Carrasco Gómez dijo...

Tan sólo leerlo duele. Muy bueno.

La hija de Freud dijo...

...y si te deja no lo pienses mas
buscate otro mas bueno
vuelvete a enamorar...

pepe pereza dijo...

Se me olvidaba. Iré a escucharte el jueves. Esmérate, je jeje.

Adolfo González dijo...

Acabo de leer tu e-mail. Este post aún no, y no me da tiempo, así que lo leeré mañana o el próximo día.

KAT dijo...

Supongo que sería posible hacer algo parecido... hasta que, claro, volviese de nuevo a nuestra cabeza sin previo aviso. El pez siempre se acaba mordiendo la cola.

porque lo digo yo dijo...

uff, menuda entrada. oido el silencio, que la gente se vaya sin decir nada, que simplemente lo haga. menudas fotos.. y aunque no es mi estilo (ya sabes q yo soy mas pastelosa) me ha gustado esta entrada tuyamucho porque podia sentirse el dolor.

Adolfo González dijo...

Escribes bien, Adriana, tienes cualidades, apuntas muy buenas maneras. Cuando yo tenía 21 años, no hace tanto, estaba de borrachera tres o cuatro días a la semana. Sin embargo, tú estás aprovechando el tiempo como es debido, como toda una escritora de futuro. Te animo a que sigas así. Es verdad que en el blog tienes material bastante para publicar...Pero yo que tú esperaba un poquitín, pues estoy seguro de que aún no has explotado todo tu potencial. No es un consejo, eh, que yo no soy consejero de nadie. Es una opinión sincera. Un abrazo.

Chinaski P. dijo...

Duele el relato...

y produce una descarga electrica en la espina dorsal.

Supongo que es porque llega, y eso no es facil.


Me gusta, y tambien tu poesias, que, por cierto, no aparecen demasiado...


Besos, y disculpa por las tildes, es este maldito teclado.

Acol Kobernein dijo...

"me recuerdo a ti"...
Que desgarrador, y te lo dice alguien desgarrado, a mucho tiempo, pero ahora con pedazos de un corazón dulce.

Saludos, ¡nunca mueras! ¡A mi me gustas, así carente eres hermosa! ^^
Un abraso fuerte.