viernes, 20 de marzo de 2009

el sinsabor de lo inagotable


Te he descubierto pintada de rojo en una habitación ultravioleta, pretendiendo aparentar ser lo que no puedes: querida por todos los que quieres.


Pretendiendo hacerte a la idea de lo que es perderle, fingiendo haber sido una santa cuando nunca dejaste de ser puta. Alimentado tu arrogancia de lágrimas enlatadas de dolor. El dolor más real que jamás hayas podido experimentar. Porque ahora estás sola. Porque ahora sí que has perdido y no,


no te hiciste a la idea… de lo que esto iba a suponer.


Porque ahora se han ido todos y te duelen las manos de tocar el vacío, de comerte el aire, de exprimir sin éxito las palabras que aún muerdes como si fuesen te quieros.


Porque ya no queda nada salvo el sinsabor de lo inagotable. El dolor.


Te he descubierto pintada de negro en una habitación anaranjada, tiñendo con tus uñas la melancolía de las paredes. Te he descubierto tendida, rendida, después de haber perdido la poca dignidad que te quedaba y de la cual tanto alardeaste en algún tiempo pasado, cuando se supone eras mejor.


Cuando eras mejor persona, más humana, cuando eras capaz de ser mortal en una sonrisa. Cuando bebías del jugo de la seguridad.


Porque se han ido todos y no han parado a despedirse. Porque ya nadie desea tu compañía y tu mera presencia ni siquiera les incomoda porque no saben que estás ahí.


Porque te han suplantado por alguna mediocre de la cual no merece la pena ni recordar su nombre. Porque sólo es una de tantas, porque desde la Virgen han habido millones.


Te he descubierto. Encerrada en ti misma, cubierta de humo y cera, pero ya no ardes, sólo te consumes.


Consumida. Eclipsada por una mierda sin talento ni razón de ser, sólo una mediocre con cara de quinceañera que ni siquiera sabrá chuparla sin atragantarse con el esperma.


Te he descubierto llorando, porque te sientes sola. Porque ya no sangras, aunque quisieras levantarte la piel para que realmente te vieran desnuda


por primera vez.


Porque ya no lates, sólo duras; no vives, sólo te apagas. Y lloras. Y te sientes despreciable, cuando en realidad vales más que esa de tantas. Te derrumbas, cuando a punto están de dar las seis y te apagas, te apagas, te apagas, con la tercera vela y el sabor del último cigarrillo calando en tus entrañas.

La foto es de Roy Stuart.

7 comentarios:

  1. Ánimo Adriana. Algunos sí sabemos que estás ahí, incluso a estas horas.

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  2. Uno cambia de piel tantas veces en la vida. Hasta que un día te das cuenta que esa, era tu última muda, y eso , es lo que eres. A veces ya has aprendido algo de la vida y te ajustas ese vestido de pellejo hasta que te queda bien, y otras, cortas por aquí y por allá, hasta que te queda una mierda, algo que te queda mal, grande o pequeño.
    Siempre, puedes ir desnud@.

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  3. En algunas partes sentí que era una carta anónima para mi. Me has hecho recordar un perfil de tristeza y vacio que hacía mucho no sentía!


    gracias!

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  4. Te he descubierto una pintada en rojo en el portal. Decía que no estabas sola Adri. Un abrazo, animate.

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  5. (...) cuando en realidad vales más que esa de tantas (...)

    o incluso:
    cuando en realidad vales más que tantas...

    un beso

    pd. ves, ya te he comentado :-D muahahaha

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  6. Ese sabor del sinsabor puede también ser el preludio de un resurgimiento. Qué bello escrito, ánimo amiga... Siente mi aliento y mi cariño. Un beso,
    V.

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