Resulta patético llorar mientras escucho Heart in a cage, de los Strokes. Me veo caer bajo al beber el último trago de café, que se ha quedado frío, y a veces me sobresalta el ruido de la nevera o el crujir de estas viejas paredes. En realidad, lo que realmente me asusta es el gemido. Ese gemir que no cesa, ese sollozo agónico que se escucha cada noche desde mi habitación, que me obliga a levantarme de la cama para encontrarme después con la imagen de un bebé al que se lo engullen dos ancianos. Están los tres en el salón, en el hueco que hay entre el sofá y el piano. No distingo los colores, sólo veo el dolor, sólo escucho ese gemido chirriante y helador. ¿Soy yo acaso ese bebé? Es ese el reflejo de mi impotencia, de mi insignificancia.

Me siento tan mayor. Mi rostro ya no tiene expresión, no veo un mañana. Hace tiempo que olvidé lo que es la felicidad. Hace tiempo que camino en círculos... y aún sigo perdiéndome.. Morí hace un año, cuando Vega huyó de mí. He ido muriendo, mejor dicho, apuñalándome cada vez que me preguntaba por qué se había ido. Qué hice para que me dejara así. Si no soy capaz de cuidar lo que quiero, ¿qué me queda?
Canción: Heart in a cage
Intérprete: The Strokes
álbum: First impressions of earth. 2006
Quizá sean la misma persona.
