facultad de filosofía y letras de Alicante. 10.12.10
Da igual que el cadáver siga ahí. A veces lleva incluso semanas.
Todos tenemos una tendencia –casi- obscena a mantenernos con vida. Muchos se ocultan bajo las plantas de plástico. Tendrá algo de digno morir bajo el agua y no a flote. No lo sé. A veces se ocultan tan bien.
Los entierros no son fáciles de aceptar. El grito de las viudas,
Los entierros no son fáciles de aceptar. El grito de las viudas,
los desmayos de las madres,
el llanto helador de todos
los que lo hacen en silencio. Todo ese carácter de irreversibilidad, de realidad, en el primer sonido de la tierra
contra el ataúd.
Ese llanto que ahora se aferra a ti frente al cristal de nuestra cárcel.
A veces el cadáver se mantiene durante semanas. Da igual que siga ahí, siempre habrá uno encargado de limpiar con sus labios la suciedad del fondo. Nadie notará su ausencia. Para ti
todos somos iguales.
Ese llanto que ahora se aferra a nosotros desde ti contra el cristal.
Para mí durante tres segundos perdurará la sensación de permanencia.
Para otros esta característica estúpida les parecerá una metáfora
de libertad.