Tal día como hoy, hace dos años, viniste a buscarme con un traje negro, que nunca más te volviste a poner, y una corbata naranja. Era domingo y no había nadie más por la calle, sólo un turista que nos preguntó por una calle, pero no nos entendía, y yo estaba demasiado cortada a tu lado como para ponerme a hablar en inglés.
Recuerdo que nunca antes y nunca más me he vuelto a sentir tan enamorada, pese a no decir una palabra, mientras cruzábamos el puente de hierro y tú no dejabas de hablar, de contarme tantas cosas. Nunca antes y nunca más me he vuelto a sentir tan querida.
Las pelusas de los chopos, el Ebro, las ganas de besarnos y el temor a meter la pata. Mis tonterías, mis silencios, las ganas de querer empezar algo y el miedo a no ser capaz de saber llevarlo.
Tal día como hoy, hace dos años, me prometí no perderte y no opusiste resistencia.
Y ahora, como diría Zahara,
me dueles tanto
que no quiero volverte a ver.