Perdóname la soledad.
Perdóname el miedo.
Perdóname la miseria.
Perdóname la falta de conciencia.
Perdóname este odio.
Perdóname esta inapetencia
y la pereza continua
perpetua vagancia consentida.
Perpetra a pedradas tu carácter lapidario.
Persígueme con hielo de lujuria televisada.
Permanecen congeladas las ganas.
Pernocta siempre en nuestra cama el desapego.
Perdura
perece
persiste tu empeño en conservar el apetito que permite
la prematura muerte de una matriz fértil
convertida en perrera que alimenta y cobija
imperativos habitantes.
Amanece.
Amamanto con sangre el deseo de amar.
Amenázame y quítame la vida
y hasta el agua corriente
emancípate y líbrame del amor presidiario
predefinido
preliminar inexperto
marital solitario.
Perdóname el miedo.
Perdóname el carácter salvaje
hereje e infame
del abandono.