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jueves, 11 de octubre de 2007

ama al hombre

Cuánto te necesito.


Ven, nena. Déjame que te coja. Cuando estás cerca como ahora, me siento tan bien... Ojalá todos los hombres supieran cómo es ser amado por ti. Ojalá todas las mujeres, en todas partes, tuvieran un hombre que las quisiera como yo a ti. Dios, que placer tenerte tan cerca. En momentos como éstos sé que soy un hombre afortunado. Estoy tocando a una mujer que me quiere y que me necesita. Es sólo por ti que puedo seguir.



Sport (Harvey Keitel) a Iris (Jodie Foster).


Taxi Driver.


M. Scorsese






Hace poco recibí un correo de estos que suelo borrar sin leerlos.


El caso es que esta vez, la amiguita de turno que lo envió escribió en “asunto” una frase – que no recuerdo – que me incitó a abrirlo.


Evidentemente estoy hablando de una de esas cadenas (odiosas, por cierto) que incluyen un PowerPoint (odioso) con moraleja (terrible).


Esta vez el PowerPoint no tenía desperdicio. Lo supe desde el momento en que leí el título: AMA AL HOMBRE QUE TE AME.



No sé quién sería el responsable de tal aberración / atentado mediático, pero estoy realmente segura de que no tiene ni pajolera idea de


a) Hacer PowerPoints


b) El significado de la palabra “amar”.



En la susodicha presentación, se enuncia lo siguiente:



- Ama al hombre que te llame “bonita” en lugar de “sexy”.


En primer lugar, ser Bonita no es lo mismo que ser Sexy. No sé vosotras, pero a mí me gusta sentirme deseada de vez en cuando. “Que bonita estás”, no sé... no me motiva mucho. Que me digan que soy sexy me gusta. No sé, ser atractiva más que guapa, o ser muy mona. Ser una tía que “llama la atención”. Joder, ¿por qué tengo que amar a un hombre que me llame “bonita”?


Ser sexy, o que te consideren sexy, no es nada malo. Si te llamaran “puta”, pues hombre, no sé qué decirte... Pero sexy, jope, a mí me mola.



- Al que te llame aun cuando tú le colgaste el teléfono.


En mi pueblo a ese se le llama acosador o pelma. Si le colgué el teléfono, obviamente fue PORQUE NO QUERÍA HABLAR CON ÉL.



- Al que se quede despierto sólo para verte dormir.


Bueno, vale... Eso sí que me gusta...



- Al que bese tu frente.


Esto, personalmente, no lo entiendo. Parece sacado de Happiness, ¿recordáis? Ese grupo que popularizó el “amo a Laura”. “Al que bese tu frente”... No, sigo sin pillarlo.



- Al que quiera enseñarte al mundo cuando estés desarreglada.


Atención, que pone “al”, no “el”. O sea, tú imagínate: despeinada, con el rímel corrido (o sin él), con ese chándal espantoso que te pones para estar en casa. Visualízate así, o con esa pinza rosa tan horrible con la que te recoges el pelo para estudiar. Nunca en la vida saldrías así a la calle... ¿y él quiere presentarte de esa guisa en sociedad?


Como esa clase de novios obsesivos y ultra celosos que no permiten a sus churris que se pongan minifalda porque “provocan” al resto del ganado masculino. Joder, que te quieran sacar a la calle sin arreglar...



- Al que no le importe si engordaste o adelgazaste con el transcurrir de los años.


Axiomáticamente, si te ama y esas cosas, no tiene por qué importarle si engordas o adelgazas... Pero, qué quieres que te diga, si ve que me estoy poniendo rolliza me gustaría que me lo dijera y ayudara a ponerme en mi sitio.





- Al que te diga “Qué quieres comer hoy, que yo cocino”.


Por supuesto, hemos de amar a éste, como también al que diga: “Ya te he barrido el salón, cari.” Hay que amar a ese hombre a quien, pese a darle hernias cada vez que oye las palabras barrer, fregar, cocinar o tender, de vez en cuando hacen una tortilla.



- Al que tome tu mano frente a sus amigos...


Puntos suspensivos incluidos.


Llegados a este punto vemos que el prototipo de hombre amable es aquel: casto, cariñoso y posesivo. Pero ante todo casto. También queda claro que, quien escribió este mail, vive en una aldea donde predominan aquellos chuloputas que quieren hembra pa follar y cocinar. Aquellos cavernícolas que se comportan como unos auténticos capullos con la novia cuando está presente el resto del rebaño.



- Espera al que te diga constantemente cuánto le importas y lo suertudo que es por tenerte.


Que no somos tontas, recoño. No es cuestión de irse a vivir con un cretino, pero tampoco hemos de estar sentaditas frente a la ventana esperando que el príncipe azul venga a buscarnos en su caballo blanco.


Ahora es cuando voy yo y digo: “a mí mi novio si que me dice que le importo y que se siente muy afortunado de tenerme”. Ahí queda eso. :p



- Y que cuando te presente a sus amigos diga: “Es ella...”


Tengo nombre, ¿sabes?



Y ya, para finalizar con los mandamientos de la ley del Señor:



Ámalo pues él te ama y difícilmente dejaría de hacerlo.



Él no lo haría, que dice la Sociedad Protectora de a Animales.






Después de todo esto, aparece un fondo espectacular:


El espacio, las nubes, el planeta Tierra y JESUCRISTO, acompañado de los fin­ales típicos de esta clase de cadenas:


“Si abriste esto tienes que reenviarlo pues tiene
un hechizo...!!”



blah, blah, blah...



Y cuando ya piensas que no queda nada más ... pinchas para salir y...


¡sorpresa!


Unas letras amarillas al tamaño máximo que dicen:





Dios te Bendiga








miércoles, 2 de mayo de 2007

Informar no es comunicar

Mundialización: Referido a las técnicas comunicativas que crearon la sensación de aldea global.
Globalización: Se refiere a un campo económico, al ideal “capitalista libérrimo de 6500 millones de consumidores”.
Universalismo: Remite al ideal de comunidad internacional (simbolizado por la ONU), defendiendo el principio de igualdad de los hombres. Al contrario de los otros dos términos, el universalismo no suprime las fronteras, poniendo por delante el respeto.

Diversidad y convivencia cultural competen a la problemática política de la universalidad.


1. Informar no es comunicar.

El mundo social de nuestros días puede compararse con el actual modo de la vida en pareja. A pesar de que el índice anual de bodas es bastante alto, lo que cada vez se estila más es el “yo en mi casa y tú en la tuya”. Aquello de pensar en pareja, el “nosotros queremos, nosotros pensamos que”, poco a poco se va extinguiendo. Pareja sí, pero cada uno en su espacio, en su vida.
En la sociedad actual, también ocurre algo similar: querer la libertad individual sin dejar de ser social. Como Wolton dice: “Sociedad individualista de masas”. Y es que no porque más gente haya más gente más relación existe. Precisamente parece ocurrir lo contrario. Ahora que estamos conviviendo con diversidad de culturas y somos conscientes de lo que nos diferencia del resto, la clave para relacionarnos está en el respeto y en el continuo intento por entender el modo de vida del “otro”. Y la clave para entender esto, se resolvería abandonando las falsas evidencias y conceptos trampa. Es cierto que vivimos en la era planetaria, donde los medios de comunicación en sus muchas vertientes nos llena de información, pero aunque veamos más el mundo, no tenemos comunicación. Tenemos más información, sí, pero ello nos aporta contradicciones sobre el mundo y sobre nosotros mismos.
Vivimos en la era de la información, donde lo que más difícil nos resulta es precisamente comunicarnos.
Pero acercarse no resulta tan fácil. Entre la identidad del uno y la del otro hay un muro que no se quiere quebrar.
Esto me recuerda al comienzo de la película “Crash”, de Paul Haggins, cuando uno de los protagonistas dice:
“It's the sense of touch. In any real city, you walk, you know? You brush past people, people bump into you. In L.A., nobody touches you. We're always behind this metal and glass..”
“Es la sensación de contacto. En cualquier ciudad, por donde caminas, pasas muy cerca de la gente, y ésta choca contigo. En Los Ángeles nadie se toca. Estamos tras este metal y cristal.”
En la siguiente escena, dos hombres negros caminan por un barrio blanco y elitista, y se percatan de que una mujer blanca, al verlos, se aferra a su marido.
Es sólo una película, pero lo cierto es que no es difícil sentirse así, tal y como dice Graham (Don Cheadle) en los primeros segundos del film, ni presenciar escenas como la que acabo de mencionar. Pasear por cualquier ciudad y cambiarse de acera si a punto se está de cruzar con un grupo de marroquíes, por ejemplo. Como si lo único que moviese el mundo en nuestros días fuese el prejuicio y la hostilidad.
¿Es la era planetaria la era del dolor? ¿La diversidad de culturas ha generado la diversidad de individuos?
El concepto de igualdad se ha perdido (si es que alguna vez llegó a existir), siendo incluso la tolerancia como un acto de superioridad, tratando al otro de una manera más patética que respetuosa al verle como un ser inferior. Tolerancia debería ser el hecho de dar la capacidad al otro de reconocerse tan individuo como es el uno. Respetar su conducta aunque no se comparta. Comprender aunque no se esté de acuerdo. Siendo el fin del diálogo no imponerse al otro, independientemente de llegar o no a un acuerdo. Reconocer entonces el subjetivismo de cada uno, fundamentando las bases del pluralismo. Lamentablemente, no estamos en igualdad de condiciones y eso es un hecho más que palpable, llegando incluso al extremo de informar en la superioridad. Y si el emisor se comporta como un ser superior y se encierra en sí mismo, la comunicación, indudablemente, es imposible.
Pero parece que aún no nos hemos dado cuenta de que la comunicación sólo es posible a partir de la diversidad, del intercambio de información. ¿Acaso es este un mundo de megalómanos, donde las críticas y el debate nos hieren el orgullo propio como a niños que les aterra lo desconocido?
¿Nos negamos a aceptar que dependemos del otro para fundamentar nuestra identidad? ¿Somos tan individualistas, tan egoístas (o egocéntricos) que nos negamos a aceptar que somos incapaces de vernos a nosotros mismos? Que necesitamos al otro más que un espejo, pues es a partir de la visión que los demás tienen de ti desde donde podemos hacer autocrítica. Nos “obliga” a ello.
Aquello de que los polos opuestos se atraen parece haberse quedado sólo en el mundo de los imanes, pues en esta era no dejamos de repudiarnos. En este mundo que habitamos, la soledad se ha convertido en un modo de vida.
Quizás la solución a este enfriamiento esté en unas lógicas que se pudieran complementar y contrariar.
Quizá el problema esté en que cuando logramos conocer al otro, más que interaccionar con él, pretendemos “domesticarlo”, llevarlo a nuestro terreno. De ahí que el mundo islámico no deje de reivindicarnos (de formas no siempre adecuadas) dignidad y reconocimiento. Porque en una sociedad multicultural nadie ha de asimilarse a los otros, porque no hay un mejor grupo, religión, etc al que los otros deban aspirar.
Muchas veces los medios de comunicación informan bajo un punto de vista poco o nada relativista, pretendiendo más una homogeneidad o universalidad, en lugar de reconocer al otro. Pero en un mundo donde uno ya no es capaz de reconocerse a sí mismo, ¿cómo podría ser capaz de comprender al otro?
Eso sí, una cosa es el reconocimiento y otra la ética del respeto; y no creo que fuera muy difícil deducir que si uno es capaz de respetarse a sí mismo, también lo es de respetar al otro, fundamentando entonces la base de la convivencia.
Wolton parece referirse al 11 de Septiembre como el día en que Occidente despertó, al ver cómo hay países que no comparten un mismo ideal de cultura democrática, y que cuanto más integrados estos países de Oriente Medio en el mercado mundial de las telecomunicaciones, se reafirman las diferencias y, según Wolton, su hostilidad hacia Occidente. Pero no creo que se trate sólo de hostilidad. Los atentados del 11 de septiembre fueron la resulta de otros sucesos más o menos terribles que anteriormente acontecieron. Pero eso ya es harina de otro costal. Volviendo al tema de la comunicación, el caso es que aquel día todos los medios de comunicación se olvidaron de comunicar y bombardearon al mundo con una cantidad desmesurada de información que, al fin y al cabo, no sirvió de nada, ya que hasta pasados unos días no se logró despejar ciertas dudas y comunicar la noticia de forma coherente.
Sin embargo, toda noticia que recibimos fue enfocada desde un punto de vista occidental, algo que cambiaría con la aparición del canal televisivo Al Jazeera.
Episodios como la Guerra del Golfo en 1991, el 11 de Septiembre de 2001 o la Guerra de Afganistán, convertidos por la CNN en noticias caricaturescas bajo un punto de vista descaradamente estadounidense, contrarrestados ahora con ese nuevo canal: Al Jazeera.
Pero el monopolio de las telecomunicaciones aún lo tiene Estados Unidos.
Tras el 11 de Septiembre, el canal de televisión Al Jazeera, - fundado en 1996 por el gobierno de Qatar, aunque actualmente afirma ser el único canal de televisión políticamente independiente en Cercano Oriente – obtuvo fama mundial al convertirse en el difusor de los mensajes de Osama Bin Laden y otros miembros de Al Qaeda; cosa que la CNN no tardó en desaprovechar, ofreciendo a Al Jazeera un contrato de exclusividad en Occidente. Contrato que cayó meses más tarde tras una disputa. Y, repito, el monopolio de las comunicaciones sigue estando en Estados Unidos, ya que tras la guerra de Iraq de 2003, el gobierno local, sostenido por Estados Unidos, ha censurado a Al Jazeera en varias ocasiones.

domingo, 14 de enero de 2007

Medea

Eurípedes es uno de los mejores poetas trágicos de la Grecia Clásica. Es difícil, como ocurre frecuentemente al situarnos esa época, establecer una precisa línea temporal que englobe sus años de vida, aunque se da por hecho que nació en Salamina en el año 480 a.C y murió en Pella en el 406 a.C. Parece ser que su aparición en el teatro data del año 455 a.C.
A Eurípides le caracteriza un modo de escribir “reivindicativo”, pues, pese a no participar jamás en la vida política, manifiesta su preocupación social en sus obras – de las que se cree fueron más de noventa, aunque a nuestros días sólo hayan llegado diecisiete – entre las que destacan “Medea”, “Electra”, “Hipólito” y “Las troyanas”. Tragedias caracterizadas por los siguientes factores comunes: la desilusión del héroe, (presentada mediante recursos psicológicos y naturalistas, alterando la mitología de obras anteriores), se centra también en la vida cotidiana y la gente común, por lo que muchos han definido su estilo como precursor del drama burgués.


Medea, obra en la que me centraré a partir de ahora, se presentó en concurso en compañía de Filóctetes y el drama satírico “Los segadores”, en Las Grandes Dionisas en el año 431 a.C, unos meses antes de que el inesperado ataque tebano a Platea desencadenara el conflicto conocido como Guerra del Peloponeso. Es evidente que, siendo posterior a la realización de la obra, este hecho no es trascendente en relación a Medea, pero sí aquellos que lo precedieron: las negociaciones que en el invierno de ese año tuvieron lugar en Atenas entre su Asamblea y diversas embajadas espartanas enviadas para evitar que estallara la guerra. El conflicto de Corcira-Epidamno-Corinto, la promulgación del Derecho Megárico, y otros hechos que fomentaron un peligroso tira y afloja de poder entre Atenas y Corinto.
Corinto, que veía peligrar sus intereses en zonas de gran importancia para su economía y, en consecuencia, disminuir su prestigio como segundo estado dentro de la liga del Peloponeso, maniobró tanto en Esparta, cabeza de la liga, como junto a los restantes estados peloponesos para conseguir que Atenas fuera considerada culpable de haber roto el Tratado de los treinta años y declararle la guerra.
Este ambiente pre-bélico y las tensiones políticas que pudieron generar las negociaciones espartanas con Atenas, ha quedado reflejado en Medea: la acción se desarrolla en Corinto, en donde gobierna Creonte: un tirano. Además el Coro alaba a Atenas, y esto no sólo es una estrategia de Eurípedes para agradar al público, a las autoridades o al corego que financió la obra; es una contestación a la propaganda peloponésica de Atenas. Pero, lo que realmente quería era ahondar en un tema: los juramentos violados.
Ha sido el matrimonio de Jasón con la hija del rey de Corinto el hecho que altera la vida de todos los personajes de la obra, y a hacerla objeto de representación trágica. Dicha boda se produce antes de comience la obra y su desarrollo mostrará las consecuencias.
Jasón viola los juramentos dados en el triple contexto familiar, social y religioso. Su acto es impío y conlleva a la desmembración de la familia, sin la cual no hay hijos que puedan ser considerados ciudadanos ni guerreros. La importancia del tema de los juramentos violados, la traición de Jasón a la palabra dada, es, por tanto, fundamental en el desarrollo de la acción dramática. Es el hecho que la ha puesto en movimiento, su gravedad no deja de ser señalada a lo largo de la obra y es el delito que se castigará a través de la venganza de Medea, sublimándose de este modo en un contexto superior al del objetivo personal de la protagonista.
El objetivo principal de Medea es castigar a Jasón, aunque a Medea se la conozca más por haber asesinado a sus hijos. Ese hecho sólo es un instrumento para vengarse de Jasón. El infanticidio sólo es el tercero de los crímenes que perpetra, después de haber asesinado a Crente y su hija; dos crímenes que no le producen ningún conflicto emocional, puesto que con ellos no le une ningún afecto positivo. Pero con sus hijos no ocurre así; ellos son el único medio que tiene para introducir en el palacio de Corinto los regalos envenenados. Esos regalos que terminan con la vida de Creonte y su hija. Hecho esto, los niños se convierten en parte inexcusable de la venganza. Con ellos se inicia y con ellos se acaba. Su objetivo no podría cumplirse con el simple asesinato de Jasón o llevándose a sus hijos; no, no podría ser así porque no se trata de una venganza pura y simple de carácter emocional, sino de marcar al culpable de algún modo, de estigmatizarle como abandono a su recuerdo, errante, para sí mismo y ejemplo viviente para los demás.
Por otro lado, y aunque los actos que comete Medea requieren de una frialdad y una fuerza emocional increíble, Eurípedes llama la atención con gran insistencia sobre la debilidad de Medea. Una debilidad que nada tiene que ver con que sea mujer (afortunadamente Eurípides no cae en el tópica de mujer-sensible), sino con el resultado de las circunstancias que la rodean en Corinto: extranjera y fugitiva.

Yace sin comer, entregando su cuerpo a los dolores, consume todo su tiempo entre lágrimas, una vez ha sabido que es ultrajada por su marido, y no alza la mirada ni aparta el rostro del suelo.

Medea aparece situada de este modo, en un escalón muy bajo de la sociedad a pesar de su origen real, ya que al traicionar a su familia a favor de Jasón le supuso renunciar a los privilegios de que gozaba en su país para venir a menos. En Grecia sabrán que es sabia, y habrá ganado buena fama, pero no deja de ser una extranjera fugitiva, lo cual no juega precisamente a su favor. En el contraste entre la heroína así presentada y la posición que ostenta Creonte, tirano de Corinto, y de la que por su nueva boda también goza ahora Jasón, queda completamente al descubierto la violencia que se ejerece sobre ella, de la que la irrevocable orden de destierro es su manifestación más extrema.
El tema principal de la obra no es que Jasón haya abandonado a Medea por otra mujer y los celos que se apoderan de la protagonista. El problema que plantea Eurípides es más grave: Jasón ha roto los sagrados juramento del matrimonio por una opción más ventajosa, ha traicionado a los suyos por egoísmo y codicia, y ha llevado a la práctica la ley del más fuerte, al igual que Creonte, representante y cabeza del poder del Estado, no dudando ninguno de los dos en apartar, con la fuerza de su posición social, al débil que puede estorbar la consecución de sus planes. Ninguno ha buscado un término medio, ni una solución de compromiso, ni recurrido a la persuasión, ni tampoco han mostrado la más mínima compasión por la huésped, la esposa, la madre o los hijos, sino que sin más contemplaciones decretan el destierro para la una y los otros, sabiendo muy bien que Medea no tiene a dónde ir, que expulsarla supone abandonarla a un destino cruel y adverso, donde puede caer en manos de los parientes de sus víctimas y a la que ninguna ciudad querrá acoger debido a su fama. Es decir, ha habido un abuso de poder, pues éste se ha ejercido en beneficio propio, despreciando el respeto debido a las normas de convivencia.
Resulta pues tan hipócrita Jasón cuando se presenta ante Medea e intenta convencerla de que se casó con la hija de Creonte por el bien de todos y que pidió a Creonte que no les desterraran:

Yo, queriendo que aquí te quedases, sus iras
por apaciguar siempre me esforcé; pero tú
no cejabas en esa necedad e insultábasles
mil veces hasta que del país te arrojaron.
Mas, aun así, aquí estoy, soy fiel a mis amigos
y por ti me preocupo, mujer, para que no
te vayas con tus hijos en la indigencia estando
o en la necesidad; pues son muchos los males
que al exilio acompañan. Y, aunque tú me detestes,
no sentiré jamás aversión hacia ti.

Tu espíritu es sutil, pero odioso resúltate
el tener que contar cómo Eros te obligó
con invencibles dardos a salvar mi persona.
Mas no aquilataré demasiado este punto:
de aquel modo o del otro me salvaste y en paz.
Pero en tal salvación fue más lo que tomaste
que lo que recibí, como demostraré.
Habitas ante todo tierra helena y no bárbara,
conoces la justicia y el vivir según ley
y no bajo el imperio tan sólo de la fuerza.
No hay heleno ninguno que ignore que eres sabia
y así tienes prestigio; si siguieras viviendo
en el fin de la tierra, nadie de ti hablaría.
Y a mí ni oro en mi casa me des ni el cantar himnos
más hermosos que Orfeo si ello no va a traerme
el gozar de una fama que distinga mis dotes.
Eso es lo que tenía que decir de mi viaje,
y ello porque tú fuiste la que inició el litigio.
Y en cuanto a la real boda que tú me echas en cara,
en eso mostraré que ante todo soy hábil
y también moderado y además gran amigo
de ti y de nuestros hijos;
Ante los gestos indignados de Medea.
mas manténte tranquila.
Una vez que aquí estoy, venido de la tierra
yolcia y tras mí trayendo problemas insolubles,
¿qué golpe de fortuna pude encontrar mejor
que unirme, un desterrado, con la hija del monarca?
Y no, si ello te escuece, porque odiara tu lecho
o me hiriera el deseo de tener nueva esposa
o de rivalizar con padres de más hijos
—bastan ya los que tengo, no me apetecen otros—,
sino, cosa importante, para que bien viviéramos
sin carecer de nada, sabiendo que a los pobres
les huyen los amigos, todos de ellos se apartan;
para que en forma digna de esta casa se criasen
mis hijos, a los cuales yo les daría hermanos
que, habitando con ellos en un linaje unido,
nos hicieran felices. ¿A qué más descendientes?
A mí sólo me importa que los nacidos hoy
gocen de otros futuros. ¿Es malo esto? Tú misma
lo aceptaras si no te irritase el pensar
en la cama. Que a un grado tal llegáis las mujeres
como para creer que todo lo tenéis
si ello va bien; y, en cambio, cuando no, en enemigas
os tornáis de lo que es más conveniente y justo.
Deberían los hombres buscar otra manera
de engendrar a la prole sin sexo femenino,
y así no sufriría mal alguno el varón.

Sí, es gracioso. Medea asesinó por Jasón, arriesgó su vida y abandonó a su familia por él. A cambio ha conseguido ser una solitaria en tierra extraña mientras él disfruta de su nueva vida con la princesa de Corinto. Ha sido abandonada con sus dos hijos, humillada y, ahora, desterrada. Y él parece no tener mayor disculpa que decir no ser culpable de que el amor que Medea por él sentía la llevó a cometer tales acciones.
Pobre Jasón, de todas las mujeres que hay en el mundo tuvo que ser precisamente ésta la que de él se enamorara. Pobre Jasón, que es tan bueno que incluso a Corinto pide no desterrar a Medea y sus hijos. Pobre Jasón, tan bueno es, que abandonó a su mujer por otra más ventajosa y menos problemática. Pobre Jasón, que ahora parece tener que sentirse culpable por el estado en que Medea se encuentra.
Medea es la víctima, y todos lo saben: Desde el momento en que anuncia su intención de castigar el ultraje sufrido, jamás es acusada de obrar injustamente, sino todo lo contrario (salvo cuando decide asesinar a sus hijos y el Coro le pide encarecidamente que no recurra al parricidio, aunque cuando éste se produce, a pesar de sugerirlo, no acude nadie en ayuda de los niños). Es más, en los últimos versos y en su última conversación con Jasón, se muestran sus actos como ejecutados con el consentimiento de la divinidad. Medea ha invocado una y otra vez a Zeus, guardián de los juramentos, y a Temis, y cuando al final de la obra, ya victoriosa en lo alto de la escena, sobre el carro alado de su abuelo Helios y con los cadáveres de sus dos hijos, Jasón invoca a los dioses y a Zeus reprochándoles su inactividad ante el crimen de Medea, ninguno le responde. No ya porque Eurípides creyera o no en los dioses, o porque presentara al ser humano librado a su propio destino, sino porque Jasón fue el primero que les ofendió, rompiendo los juramentos hechos en nombre de Zeus por beneficio propio.
Incluso Egeo, rey de Atenas, desaprueba totalmente las acciones de Jasón, y es uno de los motivos por los que concede a la heroína el refugio seguro de su hogar en Atenas. La otra razón por la que esto le concede, es porque ella le ha prometido poner fin a su esterilidad.
Una vez cometidos los asesinatos de Creonte y su hija, Medea sabe que no puede dejar a sus hijos en Corinto, porque ello supone la muerte de los niños a manos de los familiares del difunto rey. Los puede llevar con ella. Sí, es posible o no conservarlos o no consigo, pero también es cierto que hacer eso es continuar ligada a Jasón a través de los hijos comunes: que él, al conocer la desgracia acaecida en el palacio, vendrá a reclamárselos, como así sucede, y si hay algo que Medea no quiere es que sus hijos le sean arrebatados después de todo el dolor que le ha supuesto criarlos. Además, para que su castigo sea completo, debe despojar a Jasón de todo lo que le permita una mínima recuperación futura de su vida.

Resultan verdaderamente estremecedoras las palabras que pronuncia Medea antes de perpetrar ese terrible crimen. :


¡Hijos, hijos, vosotros tenéis ciudad y casa
en que viviréis siempre, lejos de vuestra madre,
dejando a esta infeliz padecer infortunios!
Yo, en cambio, desterrada saldré para otra tierra
sin gozar de vosotros ni ver vuestras venturas
ni procuraros bodas en que el lecho nupcial
yo pudiera adornar o llevar las antorchas.
¡Ay, pobre desgraciada, qué presunción la mía!
En vano yo os crié por lo visto, mis hijos,
en vano soporté dolor desgarrador
en los crueles trances de vuestros nacimientos.
Mas muchas esperanzas abrigaba esta mísera
de que mi ancianidad cuidarais y a mi muerte
piadosa sepultura me dierais, envidiable
suerte para un mortal; pero ahora ya esfumóse
tan dulce pensamiento; de vosotros privada
llevaré una existencia de pesar y amargura.
Y ya el rostro materno no verán vuestros ojos,
porque será distinta la vida que tengáis.
¡Ay, ay! ¿Por qué volvéis la mirada hacia mí
dedicándome esa última sonrisa, niños míos?
¡Ay! ¿Qué voy a hacer yo? Me desfallece el alma,
mujeres, cuando veo sus semblantes alegres.
¡No puedo! ¡Adiós, proyectos! ¿Por qué doblar mis [penas
sólo por un afán de hacer sufrir al padre
con las desdichas de ellos? ¡No puedo, de verdad!
¡Adiós los planes míos! Mas ¿qué es lo que me pasa?
¿Me resignaré a ser objeto de ludibrio
permitiendo que impunes mis enemigos queden?
Hay que osar lo que intento. ¡Vaya con mi blandura!
¡Que tan mansas ideas admita mi alma! En casa
entrad, niños.
Si lícito no es a alguien asistir
a este mi sacrificio, suya la decisión
sea; pero mi mano no desfallecerá.
¡Oh, oh!
¡No, alma mía, no lo hagas! ¡Infeliz, no cometas
tal crimen! ¡Déjales, a tus hijos perdona!
Viviendo allí conmigo me darán alegrías.
¡No, por los vengadores soterraños del Hades,
yo no voy a entregar mis hijos a que sean
ultrajados en manos de nuestros enemigos!
Ello está decidido; no es posible evitarlo.
Y además la princesa ya habrá muerto ataviada
con su peplo y diadema, bien segura estoy de ello.
En fin, pues a tomar voy un triste camino
y a éstos a encaminarles por otro peor aún,
me despediré de ellos.
Dadme, hijos, vuestra mano
derecha, que la pueda vuestra madre estrechar.
¡Queridísima mano, queridísima boca,
figura y noble faz de mis hijos! Felices
seáis los dos, pero allá, porque de lo de aquí
vuestro padre os privó. ¡Dulce abrazo, piel suave,
oh, dulcísimo aliento de estos niños! Marchaos,
idos ya, que capaz no soy de dirigir
la mirada a mis hijos, pues el dolor me vence.
Yo comprendo qué crimen tan grande voy a osar,
pero en mis decisiones impera la pasión,
que es la mayor culpable de los males humanos.

Aquí aparece la Medea más humana. La que quiere luchar contra sus instintos, pero no puede contra su pasión. Antes que sentirse de nuevo humillada, prefiere acabar con la vida de sus hijos, terminar el castigo, la venganza contra Jasón.

El sacrificio de los niños es de gran importancia porque el mismo marca el fin de la vida en común de la pareja protagonista y el inicio de la nueva vida que cada uno de ellos ha de seguir por separado. Con este acto Medea pone fin a su relación con Jasón y a todo lo que esta conllevó, pero también es la renuncia a sus hijos. Su acto final, el que marca su victoria, es también la pérdida de una importante parte de su vida y de sí misma. Es ahora cuando ya nada tiene remedio y todos sus proyectos se han venido abajo, cuando Jasón se preocupa por los hijos cuyo destierro no le produjo ningún dolor.

Medea mató a sus hijos para causar dolor a Jasón, y así queda él: convertido en un apartida sin futuro, sin lugar a dónde ir. El mismo destino que había proyectado para su esposa es el que ahora él padecerá de por vida. Ha perdido el poder, la fama, la gloria... los ideales que más valoraba y ansiaba, porque utilizó un medio erróneo para su consecución. En cambio Medea, siendo víctima, se ha convertido en verdugo, de la opresión ha pasado a la libertad. Montada en su carro alado, ubicado en el lugar reservado en la escena a los dioses, y ya desvinculada de su pasado, sabe, al contrario que Jasón, muy bien a dónde ir: a “Atenas, la ciudad que se le ofrece como remedio a la ceguera, como patria de gentes lúcidas, que respetan todos los derechos y ofrecen su compasión a los maltratados por la fortuna.”

Atenas aparece como la polis donde reina la paz, la justicia, la sabiduría, resultado de un ideal democrático que garantiza libertad y bienestar social e intelectual y que, llegado el momento, ha de ser defendida de los enemigos que quieran destruirla, de aquellos que por ambición rompen los pactos sagrados.

Si una mujer extranjera, alejada de su patria y sin parientes masculinos que la protejan o defiendan, ha sido capaz, en situación tan desventajosa, de invertir la relación de fuerzas y castigar la injusticia que contra ella se quería cometer, manteniendo su decisión, en el marco del comportamiento heroico, hasta sus últimas consecuencias, qué no deberán hacer los atenienses para conservar sus creencias y modo de vida, para que su tierra permanezca libre. Pero esta decisión, seguida a toda costa, supone tener que llegar a sacrificar, si la ocasión lo requiere, lo más querido; en el caso de Medea, sus hijos; en el caso de Atenas, implica exactamente lo mismo: debe enviar a sus hijos a la muerte para defender lo que es justo.

“Terribles son las decisiones de los soberanos, acostumbrados a obedecer poco y a mandar mucho, difícilmente cambian los impulsos de su carácter”.



Opinión personal

Medea sólo fue un mito. ¿Medea sólo es una historia de tantas..? Está claro que no todas llegaríamos al extremo de matar, por amor, a lo que, supuestamente más queremos...No todas somos así. Otras optan por suicidarse.Cuando lo que más queremos, o lo que nos hace amar, nos traiciona, somos capaces de aniquilar a lo que amamos.

Medea quería a Jasón y con él tuvo dos hijos. ¿Amaba a sus hijos porque eran parte de su ser, o sólo por que eran parte de Jasón...? Igual que a una mujer enamoradase la ve más segura de sí misma. ¿Se ama a sí misma más porque se siente amada? ¿Deseada? ¿A quién se quiere más, al querido o a lo que él nos hace querer?¿Por qué mató Medea a sus hijos? ¿Por qué hay quien se suicida por amor? ¿Por qué hay quienes se dejan matar por quienes aman?Igual que cuando se elimina la copia pero se guarda el original. Borrar algo físico pero mantenerlo intacto en la memoria. El amor como un suicidio, el amor como un acto de entrega... Ser parte del otro, una pequeña parte porque, supuestamente, cuando se ama lo más grande es el ser amado.
¿Amar para ser poquita cosa o ser poquita cosa porque
se está sola?

viernes, 5 de enero de 2007

Animales

Adriana Bañares Camacho

ANTROPOLOGÍA



¿Tienen conciencia los animales?
Marc Bekoff



¿Tienen conciencia los animales?
Hombre-Animal
¿Sólo nos separa la “conciencia”?

En primer lugar, para responder a esta pregunta, en su artículo, Marc Bakoff comienza dividiéndola en dos: la conciencia perceptiva y la autoconciencia. Entendiendo la primera como capacidad de darse del espacio que nos rodea, y la segunda como la capacidad de ser consciente del lugar que en el ocupamos: Quién soy.
Un animal doméstico, tal como el perro o el gato, sabe dónde vive y regresa a casa si se pierde, pero no es posible averiguar si el animalillo en cuestión es consciente de qué lugar ocupa en ese hábitat. Sabe que ahí tiene comida y cama aseguradas, y que tiene diversos "premios" de acuerdo a su comportamiento pero es muy poco probable que sepa que es querido, o que sienta cariño hacia sus dueños.
Después de todo, cada cual es lo que es de acuerdo a lo que ha ido aprendiendo a lo largo de su vida. Y en esto somos comunes todos los animales, todos somos "buenos salvajes" que nos forjamos, desviándonos por caminos y atajos (la línea de la vida). Somos "educados" desde el mismo momento en que nacemos para sobrevivir.
Instinto. Los animales se mueven por el instinto. Seres movidos por el interés:
- Si vuelvo a casa, tendré comida.
- Si no vuelvo a casa, no tendré comida.
Obviamente, esto sería en el caso de que el animal en cuestión fuera doméstico, ya que un animal que desde cría ha vivido en una casa, protegido por humanos, en la calle se siente perdido. Actúa de acuerdo al esquema casa-comida.
¿Entonces, por qué el gato se acerca a ti si te ve compungido? Porque si nota tu desgana, teme que a media tarde te olvides de ponerle el pienso en el plato. Así, si haces sonar una campanilla en el momento en que al gato (o a al perro) estás alimentando, llegará un momento en que al oír una campanilla el animal comenzará a salivar.

Sin embargo no podemos caer en la equivocación de confundir pensamiento e inteligencia. Debemos tener claro que la inteligencia es la facultad que permite desvelar la estructura de la realidad a partir de los datos proporcionados por los sentidos y, con ello, dar una respuesta a la realidad. La inteligencia tiene la capacidad de establecer relaciones entre lo que está presente a la percepción y lo que estuvo presente pero ya no está. Esto es porque lo que estuvo presente ha sido resumido y sustituido por un símbolo. La inteligencia humana es capacidad de simbolizar y comprender la realidad a través de su manipulación simbólica: La inteligencia humana es lingüística. Desde aquí llegamos entonces a la tesis Sapir-Whorf, la cual afirma que el conocimiento es fruto del lenguaje y que por eso el hombre es un ser inteligente: porque tiene la capacidad de pensar mediante un sistema de signos.
Tanto Freud como Saussure coinciden en enfatizar el hombre como un ser construido por las palabras, no como herrero del lenguaje sino como una obra surgida de éste y, parafraseando a Heidegger, actuando dentro del lenguaje por ser la morada de Ser. El lenguaje, a contrario de lo que diría Wittgenstein (1889-1951), no sería un mero instrumento sino la tela misma de la que está hecha la materia humana, incluida la de sus sueños.

Ahora ya podemos entonces descartar que los animales sean inteligencia, pues no hay en este mundo, salvo el ser humano, otro ser dotado de lenguaje simbólico.
Los animales piensan. Los animales sienten.


Animales sintientes
¿Los animales se ponen en el lugar del otro?
Compasión: ¿Algo propio del ser humano?

Hablamos de la empatía como una virtud. Una virtud que parecen tener muy pocos… Sin embargo, quien ha tenido un animal en casa, seguramente habrá podido comprobar cómo su ánimo decae cuando el amo está irascible, etcétera. Pero vuelvo al principio: ¿lo hace porque siente o sólo porque su apetito se ve amenazado?
Marc Bekoff pone como ejemplo el caso del chimpancé Flint, una joven cría que, al morir su madre, decidió alejarse del grupo y dejar de comer hasta morir. Y el comportamiento de las leonas marinas, que se lamentan de la pérdida de sus crías. ¿A los animales les unen lazos familiares? ¿Son capaces de morir por “amor”? ¿Son capaces de decidir?
¿Acaso no es el hombre aquel con una capacidad única que le separa del mundo animal: la capacidad de pensar, de decidir y, en definitiva, la voluntad?
Porque si del instinto principalmente su objetivo es la supervivencia… ¿Cómo es posible que existan casos de animales suicidas? Flint dejó de comer: eso ya es una decisión.

Emociones versus Inteligencia

Bien, ya sabemos que los animales pueden sentir (y sienten más allá de lo que físico) y sus emociones y estados de ánimo son delatados por sus diversos comportamientos. Por lo tanto piensan. El sentimiento como algo mental, algo no guiado por el instinto.
¿Son, pues auto conscientes?
Como esos elefantes que al haber visto morir a sus madres, son incapaces de dormir tranquilos. Se despiertan entre gritos… ¿Sueñan?
Anteriormente he hablado del lenguaje, algo que nos permite a los humanos ser seres inteligentes. El lenguaje como la tela misma de la que está hecha la materia humana, incluida la de sus sueños. Si los elefantes sueñan, si los elefantes sufren, si les traumatiza la imagen mortal de sus madres; si los elefantes sueñan… Si los sueños están constituidos, como la mente humana, a base de símbolos, ¿significa pues, que aunque no sean capaces de “hablar” comparten nuestra estructura? ¿El hecho de soñar les hace ser inteligentes?

Cuando dos no hablan el mismo idioma, la comunicación es prácticamente imposible. Si alguien no habla, es difícil conococerle. Así que, tristemente, comprender a los animales será una ardua tarea… El estudio de las emociones de los animales se ralentiza, mientras la ciencia “progresa” con sus experimentos, apartándolos hacia el campo de la biología. Pero, como dice Bakoff, hay que tener unas miras muy estrechas para pensar que los humanos son los únicos animales que han evolucionado lo suficiente como para desarrollar emociones profundas… Sobre todo teniendo cuenta que el gato ronronea antes de exhalar el último suspiro de vida, sabiendo que él, un animal, es capaz de sentir el placer de la muerte.
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