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sábado, 27 de junio de 2009

serie b (hard to be soft, tough to be tender)



Caníbal, de J. Jesús Fez Jiménez




Con las uñas rotas busco bajo la ropa la piel que se presenta tersa y a la defensiva, pero caliente. Me gusta arañarla y llenarme de tus escamas, me gusta impregnar de tu sangre mis dedos, observar tu sonrisa estúpida, como si pudieras darme lo que necesito, pero ni siquiera lo que quiero me lo sabes dar.


Desato con cuidado el nudo de tu ombligo y me adentro con mis manos en la humedad de tu vientre. El olor tibio me transporta a la infancia, casi al segundo previo a mi nacimiento, y cierro los ojos en un gesto que oscila entre la melancolía y el placer.


Acerco mi rostro a tu abdomen, y olisqueo como una perra hambrienta, antes de introducir mi lengua en tu interior y relamer mis dedos con una sensualidad tan perturbadora como ardiente.


Aparto con suma ternura los intestinos, introduzco más aún el brazo y a su paso toco el hígado suavemente hasta llegar a la vesícula biliar. Y, mirándote a los ojos, aprieto y me deleito con el sonido de sus piedras. Como una niña sonrío y tú sufres, pero no dices nada, aunque puedo ver en cada lágrima el dolor que derraman, que sientes, que surca tu estúpido rostro, que alimenta mi ego y me calma, que grita desde tus entrañas:

Estúpida, mira lo que has hecho: sólo yo estaría dispuesto a morir por ti.



viernes, 29 de mayo de 2009

de noche

Me apetecía compensar las burradas que he escrito sobre relaciones paterno-filiales con una movida ultra cursi, tierna y ñoña que se me ha ocurrido en el momento justo en que debería estar haciendo cosas útiles como estudiar o hacer trabajos, y tal. Pero bah. Otros se dedican a decir que cuando se banaliza el sexo, se disocia de la procreación y se desvincula del matrimonio, deja de tener sentido la consideración de la violación como delito penal, así que por qué no iba yo a colgar una ñoñería a las tres y pico de la mañana.




Sé que no vas a subir porque desde el momento en que nos hemos visto ya nos hemos despedido.

Las miradas, las palabras entrecortadas, las copas a las que no sabes si invitarme y los acercamientos tímidos, las estupideces que te puedo llegar a contar y tu manera de mirarme los labios no hacen más que acentuar el carácter efímero del momento y la irremediable caída hacia la amnesia.


Como la vez que alguien me sacó del portal para darme el beso que no me había dado en meses. O aquel otro que salió corriendo del bar para despedirse antes de dejar de vernos para siempre.


Sólo repito patrones, aunque trate de no caer en ellos. Y de la misma manera que puedo eternizar un segundo… los minutos, aunque pasen despacio, se desvanecen en poco tiempo, condensados en un beso, o dos, o tres,

y luego todo se va, en un día, muy, lento, de resaca y pérdidas de tiempo.



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