La foto es de aquí.
Voy vestida como la golfa que soy y me he vuelto a quedar sola en el bar, bailando sola como la golfa que soy, porque he venido a poner cachondos a los punkarras. Haciendo mi papel de perra en celo, mascando chicle, porque aún no fumo, y bebiendo vodkas con limón porque aún no he descubierto la lima. Pero el resultado sigue siendo el mismo.
Suena una canción de Kaos Etíliko y nos miramos, como en los últimos fines de semana, sabiendo que hemos salido expresamente para vernos. Y eso que ni siquiera nos conocemos.
Te miro a través de mis casi cuatro capas de rímel, del cual más de la mitad baja ya por las ojeras, y el eyeliner ultra negro mancillando mi mirada. El pelo largúisimo, castaño claro, o igual más oscuro, y un minivestido negro de palabra de honor con unas medias moradas destrozadas por otro.
He perdido la cartera, las llaves, el móvil y el bolso entero, y me llevas a tu casa, y me dices que estás fumando porque como tú no me besas… Y me va a dar igual perderte el rastro después de esta noche. Si no desapareces tú, lo haré yo. Después de un tiempo preguntarás por mí, pero yo tendré otro nombre, y tú otra chica, más auténtica, y yo tendré la edad que tienes tú ahora, y habré perdido mi encanto, con la cartera, las llaves, el móvil...
y los dieciséis años...