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martes, 28 de julio de 2009

El Juego Favorito. Leonard Cohen


<< ... Es hacer excitante aquello que está permitido. El amante debe familiarizarse totalmente con su amada. Tiene que conocer cada uno de sus movimientos: el vaivén de sus nalgas cuando camina, la dirección de cada diminuto terremoto cuando su pecho exhala un suspiro, la manera en que sus muslos se expanden como lava cuando se sienta. Debe conocer la súbita contracción de su estómago justo antes del comienzo del clímax, cada vergel de cabello, rubio o negro, la ruta de los poros de la nariz, la red de vasos de los ojos. La debe conocer tan completamente que, de hecho, ella se convierta en su propia creación. Que sea él quien haya proyectado la forma de sus piernas, quien haya destilado su perfume. Este es el único tipo positivo de amor sexual: el amor del creador por su creación. En otras palabras, el amor del creador por sí mismo. Este amor no puede nunca cambiar. >>

A medida que hablaba, su voz se iba haciendo cada vez más tensa. Las últimas palabras las formuló en una especie de trance. Yo había dejado de acariciarla. Su vocabulario clínico me ponía malo.

<< ¿Qué pasa?>>, preguntó. << ¿Por qué me sueltas?>>

<< ¿Por qué haces siempre lo mismo? Acabo de hacerte el amor. ¿No es bastante? ¿Tienes que iniciar una operación, una autopsia? ¡Sexual, destilar, íntimos… Dios! ¡Prefiero no sabérmelo todo de memoria! Prefiero ser sorprendido de vez en cuando. ¿Dónde vas?>>

Se irguió ante mí. La luz del candelabro dibujaba su boca con un duro gesto de rabia.

<< ¡Sorprendido! Eres idiota. Como la docena de hombres con los que he estado. Que querían hacer el amor en la oscuridad, en silencio, con los ojos cerrados, con los oídos tapados. Hombres que se cansaron de mí y yo de ellos. Y tú te subes a la parra, porque quiero algo diferente para nosotros. No conoces la diferencia entre creación y masturbación. Y hay diferencia. No has comprendido una palabra de lo que he dicho. >>






martes, 24 de marzo de 2009

La Cámara De Niebla




… yo no quise esta lucha a muerte conmigo mismo… recogiendo miradas vacías en los retrovisores que doblan los espejismos de la artificial conciencia…


Yo no quise la sangre que mana entre las piernas decoradas de esta ciudad que se retira…. Ya no busco las estaciones de los espejos a donde peregrináis para veros desaparecer… Nadie sabe cuán grande es la distancia que separa la carne del decorado, el de tus labios de pega sobre mi sexo que te huye… No… no me busques cuando te miras a los ojos, es tu huida, ya no figuro en ninguno de tus cruces de caminos… ni decoro la tristeza del sepulcro blanqueado de tu gesto, esquiva esfinge, que se mutila ante el espejo… Tienes todo el derecho a llorar tus lágrimas, te asiste la virtualidad del amanecer entre sombras, las mismas que me acompañan cuando tu alma se calienta y recojo del asfalto, entre mi semen perdido, tus lágrimas de sal y silicona con la que sello la cerradura de tu recuerdo…


Extraído de La Cámara de Niebla.


Alfonso Xen Rabanal.

Xen, eres la polla.

sábado, 14 de junio de 2008

Magnífica Nin


La semana pasada, en mi última visita a Logroño, me compré INCESTO, de la gran Anaïs Nin.


El conocimiento y la inteligencia no son peligrosos si una tiene suficiente emotividad y suficiente sexualidad para mantenerse en movimiento.


Magnífica Nin.
El viaje de regreso a Valladolid fue fantástico gracias a ella.
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